Reflexiones de Manuel Tato. Del “Precio justo” a “La isla de las tentaciones”

Ayer después de asistir a la presentación del libro escrito por el “Viajero sin fronteras”, Roberto L. Moskowich, donde relata con todo lujo de detalles y fotografías su último viaje, regresé caminando a casa. Estaba cómodamente sentado al lado de Pucho, mi fiel amigo, cené y puse la televisión, haciendo zapping me encontré con un programa llamado “Isla  de las tentaciones”, tres minutos de programa para estar a punto de sufrir un infarto. No cambié de canal, apagué el televisor y me puse a jugar con mi amigo el perro, un animal con mas sensibilidad que millones de personas.
Del “Precio justo” o “Que apostamos”, programas de mi generación, hemos pasado a competir quién tiene menos sentido común o moral. Lo que antes era vergonzoso o escandaloso, hoy es un éxito de audiencia.
Recuerdo escuchar lo que decían personas en mi época juvenil en la transición democrática:  Nos acostamos viendo “Marcelino pan y vino” y despertamos con “El último tango en París”, o sea, del clásico estudias o trabajas”, ahora ….” Eres de Gran hermano o Tentaciones”
Con el paso de los años hemos pasado de la libertad al libertinaje, saltando el Stop de la educación y moral,  sin respetar incluso el ceda de la libertad de expresión. A este paso, el canal más interesante seguirá siendo National Geographic, en donde los animales tienen más cultura y respeto que la mayoría de los llamados  seres humanos.

Me sorprendió el otro día una noticia, buses gratis para los menores de 21 años y me pregunto, ¿son estas ayudas para ir a trabajar, estudiar o para ir de paseo?
Aplaudo las ayudas a estudiantes si son justificadas con notas que demuestren que hacen bien su trabajo.  A mayoría de los jubilados, matemáticos casi todos por la cantidad de números que deben hacer para llegar a fin de mes, después de haber cotizado años y años. Las ayudas a quienes las necesitan de verdad, los que cumplen los parámetros establecidos,  pero no a vagos y maleantes.

Nos estamos convirtiendo en un país de subvencionados, es cierto que escasea el trabajo, pero muchos prefieren la economía sumergida, seguir trabajando a hurtadillas sin cotizar y cobrar subvenciones. Sé que mi reflexión podrá ser molesta, solo plasmo la triste realidad de una juventud que va a la deriva. Para los políticos es mas fácil contentar a la parroquia con subvenciones, que incentivar la creación de empresas que produzcan empleo.

La juventud de mi ” época” trabajaba o estudiaba.  Nos hacía ilusión nuestro primer sueldo, siempre teníamos mil pesetas en el bolsillo, hoy se desprecian los sueldos pequeños pero se aceptan las ayudas que aunque son menores, el caso es no trabajar.
Se mantienen los vicios de vagos, esos que no les vale cualquier trabajo, lo desprecian porque ellos no trabajan por el socorrido “sueldo miserable” pero sí reclamar, ayudas que sí estoy de acuerdo que reciban familias con hijos menores de edad y escasos recursos.
las personas de mi generación tenemos otro  concepto de la vida, luchar por lo que crees, por una ilusión y un objetivo.

El mundo real se nos va de las manos, mejor Sálvame, Gran Hermano, Isla de las tentaciones, etc.

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