El hombre de la trompeta de oro

John Aigi Hurn, virtuoso y solista de la Sinfónica de Galicia, regala a sus vecinos de Pla y Cancela en A Coruña una ‘masterclass’ diaria con clásicos del cine, la obras de grandes compositores y la canción popular, en lo que él considera un compromiso ineludible de la relación del músico con su público

¿A qué suena A Coruña? La relación de la ciudad herculina con las artes ha sido siempre fluida y prolífica, desde que Emilia Pardo Bazán la bautizara como Marineda a las más recientes composiciones de músicos como Manu Chao, Manuel Carrasco o Amaral, pasando por la popular Ana Kiro loando las virtudes de vivir en ella. También A Coruña suena cada viernes y sábado a Schubert, Chaikovski o Hayden, como epicentro y sede de una de las mejores orquestas sinfónicas de Europa. Pero, desde que hace exactamente un mes una pandemia mundial empezó a echarnos un pulso (que seguro perderá), la ciudad tiene cada día a eso de las ocho y cinco de la tarde sintonía de clásicos cinéfilos, de zarzuela o de todo aquello que salga del ingenio de John Aigi Hurn (Tokyo, 1967), quien con su trompeta convierte la calle Pla y Cancela y la zona de la Costa da Unión en un lugar un poquito mejor y más alegre, una suerte de Royal Albert Hall popular que por un momento hace volar los sentimientos y las emociones más allá de los cercos del confinamiento.

Por las ventanas de los vecinos han entrado en los últimos días el Oboe de Gabriel (La Misión) o las notas de Edelweiss (Sonrisas y Lágrimas), El gato montés (zarzuela de Manuel Penella Moreno) o el ‘Cumpleaños feliz’ para un alumno coruñés, pero que también cruzó el atlántico rumbo a Estados Unidos en homenaje a uno de los maestros que convirtieron a Aigi en el virtuoso que es hoy en día. “Como músico, me siento obligado a hacer algo para la gente que está trabajando; aplaudimos todos los días (incluidos sus tres pequeños) a los médicos, enfermeros… pero el deber de los músicos es animar a la gente, y en mi caso esa ha sido siempre mi intención, desde pequeño, así que cuando termina el homenaje de los vecinos me arranco con algo, cada día algo distinto”, comenta en un perfecto castellano que solamente deja intuir sus raíces americanas. “Mi público en la calle no es tan exigente; la gente a veces cuando va a los conciertos lo hace para criticar, en vez de para disfrutar, pero ahora cuando salgo a la ventana notas que todos están disfrutando, que no hay nadie criticando”, añade. Su discurso suena apasionado, como el de quien le intenta transmitir a un pagano una creencia real y un sentir por la música y su papel en el mundo. Y convierte a cualquiera con una tecla sensible que tocar.

Trompetista solista de la Sinfónica de Galicia, la historia de John Aigi Hurn parece escrita para la adaptación de un gran estudio. Eso sí, de cine clásico, con cortinilla, cinemascope, technicolor y una banda sonora a ritmo de jazz suave: empieza en Japón, en tiempos de Guerra Fría, con un americano destinado a una base. En la barbería de una autóctona, en plena base, nace un flechazo entre un soldado y la hija de la dueña. De esa unión nace John Aigi, que emprenderá unos años después viaje a Estados Unidos. El segundo acto sería la formación de uno de los mejores trompetistas del mundo y su viaje, hace 28 años, rumbo A Coruña para convertirse en ‘founding father’ (padre fundador, como le gusta decir a los americanos) de un proyecto llamado Orquesta Sinfónica de Galicia. Pero a toda gran historia le corresponde su dosis de épica, lírica y sentimiento. Y esa es la parte del guión que se encarga todavía de escribir a diario Aigi, que desde el pasado mes de diciembre se encuentra de baja debido a una dura enfermedad a la que se enfrenta con la valentía y determinación de cualquier héroe del celuloide. “Llevo tres meses encerrado en casa y en su día fue un palo grande para mí”, confiesa. “Tengo muchos dolores, pero cuando empezó el coronavirus vi que es mucho peor que lo que tengo yo; lo mío tengo que soportarlo, pero, como dicen mis compañeros, ‘siempre puede ser peor’, así que no quejas”, agrega. Y, como suele ocurrir, las crisis de todos agudizan el ingenio e iluminan a los diferentes. “Esto me anima a salir de cama, buscar material para tocar, ponerme en forma… ¡no puedo tocar mal! Es algo que he empezado hacer y ahora no puedo parar; hace unos días quería parar porque me sentía mal y tenía dolor, a veces difícil de soportar, pero pienso en los demás y me pongo en pie y toco”, sentencia.

La Sinfónica de Galicia

Los 28 años que John Aigi Hurn lleva en A Coruña coinciden con los de existencia de uno de los proyectos culturales más redondos de la historia de Galicia, y que ha llevado el nombre del país por todo el mundo con respeto y admiración. Como varios de sus compatriotas, hizo el camino inverso al de aquellos ‘padres fundadores’ a través del Atlántico para sembrar la semilla de algo que ha crecido de tal manera que la mimetización e identificación entre A Coruña/Galicia y su Orquesta es cada vez mayor. “Somos gente de todos los países, pero ahora hay muchísimos españoles, cuando al principio solamente se contaban uno o dos; no había mucha tradición de sinfónicas, sino más bien de bandas; somos una familia, de A Coruña y para los coruñeses y gallegos; nos sentimos muy orgullosos de ser amigos de todos, en una ciudad pequeña pero igualmente grande”, recuerda el trompetista, que argumenta más allá del ‘sentir los colores’ el papel principal de la Sinfónica de Galicia en el panorama estatal. “No es porque yo toque en ella, pero sin duda es la mejor formación de España; somos un grupo pequeño, mientras que en otras, como Madrid, Barcelona o Bilbao, tienen dobles solistas, dobles jefes… y es mucho más trabajo. Por ejemplo, los violines sufren, porque nunca pueden descansar, mientras que nosotros tocamos siempre juntos y nos conocemos más… ¡somos como el Eibar! Poco presupuesto, una ciudad pequeñita pero a veces sorprende el nivel que podemos dar”, prosigue.

Pero la crisis o, mejor dicho, el desafío actual, no son ajenos a una Sinfónica, su programa y su proyecto, como toda actividad no esencial paralizadas para la gran batalla. Según John Aigi, de esta experiencia debe nacer una nueva sensibilidad que, seguramente, afectará también al futuro a medio y largo plazo de su ‘equipo’. “Seguramente la programación del año que viene sea más directa al corazón, con más sentimiento y menos comercial, porque la música es una emoción”, advierte. “No se trata de blanco o negro, sino que la gente viene para sentir, pensar en lo bonito y lo triste, el ayer y el mañana… es nuestro deber tocar esas emociones; usamos nuestras experiencias en la vida para sacar lo mejor de la partitura y convertir ese blanco y negro en algo emocional, en música”, añade el músico, que cree que el parón no afectará al rendimiento de sus compañeros. “Siempre estamos activos, si dejas de tocar uno o dos meses es muy difícil recuperar”, dice.

Decía Cecil B. DeMille que una película debía empezar con un terremoto e ir creciendo. Al guión que sigue escribiendo John Aigi le falta un climax en el que todos, en cambio, nos atrevemos a firmar un final a la carta: convertido en súper héroe derrota de un plumazo al virus (en esa batalla estamos todos) y a la enfermedad que le mantiene de baja desde diciembre. Él le pone fecha a los títulos de crédito y al ‘happy end’: el concierto de María Pita que ceremonialmente ofrece la Sinfónica durante las fiestas de la ciudad… ¿y qué mejor bajada de telón?

John Aigi Hurn comenzó sus estudios de trompeta a los diez años empleando el método de música Suzuki. Después emigró a Estados Unidos, donde estudió con Charles Butler, de la Orquesta Sinfónica de Israel. Posteriormente, obtuvo una beca en la Escuela de Música Eastman de Nueva York, donde estudió con Charlie Geyer, de la Orquesta Sinfónica de Chicago. Tuvo la oportunidad de tocar Wynton Marsalis en la grabación del disco ‘Carnaval’. En 1989 ingresó en la Orquesta Filarmónica de Hong Kong, donde además de tocar desarrolló un gran trabajo como docente en la Academy of Performing Arts de Hong Kong. Colaboró con Orquestas como la Filarmónica de Hamburgo, Ópera de Seattle, Sinfónica de Barcelona y Catalunya, Ópera de Hannover, Bach Launenburg y Filarmónica de Malasia, entre otras. Fundó el grupo de cámara Coruña Brass y actualmente es trompetista solista en la Orquesta Sinfónica de Galicia, donde compagina su trabajo como profesor de trompeta y música de cámara en la ONSG, JONDE y en la JONC, además de impartir cursos por toda España, Portugal y Estados Unidos. Fuente: Hércules Brass.

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