Reflexiones de Manuel Tato. La anécdota de Pucho

Esta semana recibimos la triste noticia del fallecimiento de Julia López López, viuda del gran cantante coruñés, Pucho Boedo, a la que hoy dedicaré mi columna semanal. Voy a relatar una anécdota que me sucedió hace años, quedando en la memoria para siempre, las casualidades existen y lo sucedido en muestra palmaria de tal aseveración.
Me retraigo al mes de Agosto del año 2011. Estaba paseando a mi cocker, Pucho, en la calle Torreiro, cerca del lugar donde vivo, llamé por su nombre al perro, en ese momento una pareja de jóvenes, el chico miró a Pucho y le comento a su acompañante: “El perro se llama igual que mi abuelo”. Escuché el comentario, estaban cerca de mí, respondiendo que el nombre del perro era mi homenaje personal a un grade de la música llamado Pucho Boedo. Y saltó la sorpresa, o la casuística, creer o no creer. Dijo que el artista era su abuelo. Dos segundos para reaccionar y comenzamos una agradable conversación, le comenté que su abuelo había mantenido una gran amistad con mi familia. Hablamos de lo divino y humano, nos despedimos con esa sensación creyendo que las casualidades existen.
El 23 de ese mismo mes, era martes creo recordar, dentro de las fiestas de María Pita, se celebraba en la plaza de la heroína coruñesa, un homenaje a Pucho Boedo, no cabía un alfiler, la Plaza abarrotada, yo estaba acompañado de mis amigos Ledo y José (El rubio). Nos acomodamos en primera fila, cerca de nosotros estaba el shouman coruñés y cantante, Paco Lodeiro, junto a Miguel Ladrón de Guevara y Sito Sedes, los tres pusieron voz a las canciones en el homenaje de la ciudadanía coruñesa al trovador que tiene dos estatuas en A Coruña.
Emocionante repertorio de la Banda Municipal de Música de A Coruña, inconmensurable el recorrido por las canciones más populares cantadas por Pucho. En primera fila también estaba, Julia, la viuda de Pucho, elegante y con una sonrisa reluciente, a la cual me dirijo, le dije lo guapa que estaba y lo bien que le prestaban los años, se rió, me dio las gracias. Comenzamos a conversar, le digo que cuando voy a visitar la tumba de mis abuelos en el cementerio municipal coruñés de San Amaro, los cuales eran amigos de Pucho Boedo, casualidades de la vida, están enterrados frente a frente. Cuando voy al camposanto, deposito una flor en ambas tumbas, Julia respondió con una sonrisa, diciendo que algo le habían comentado y seguramente que la flor era la mía. Me dio las gracias, respondí que no había tenido la suerte de conocerlo en persona, ni verlo, por mi edad, ya que Pucho Boedo murió siendo yo un niño, de hecho tengo casi toda la discografía del cantante, sobre todo, la de su etapa en Los Tamara, por esa admiración, a mi perro le puse el nombre de Pucho, se lo dije un poco avergonzado, temiendo su reacción contraria, cual es mi sorpresa que me dice!! Pucho? No serás tú el chico que el otro día me dijo mi nieto, abuela conocí una persona en a Coruña que le puso el nombre del abuelo a su perrito como homenaje, y no le creí, aun le dije que era muy bromista. Cuanto me alegro y que casualidad, dijo. Llamé a mis amigos a los cuales anteriormente les había comentado la anécdota, nos reímos, le di dos besos, Julia sonrió, fue algo mágico y casual, fue uno deseos momentos que jamás se olvidan.

Manuel Tato explica en TVG la anécdota del nombre de su perro

La vida es caprichosa y casual, el nieto de Pucho Boedo estaba de vacaciones en A Coruña, la familia vive en Madrid.
Pero faltaba lo más simpático. Pasados s unos meses, el 26 de enero, fecha que se conmemora la muerte del artista, recibo una llamada de mi querida madre diciendo que encienda la televisión y ponga el canal de la TVG, que estaban hablando de Pucho, mi sorpresa fue mayúscula, Raquel la hija de Pucho Boedo contaba en directo la anécdota acontecida entre su hijo, mi perro y yo, con mucha gracia, diciendo al presentador, Gayoso, tú sabes que mi madre y mi hijo coincidieron en A Coruña durante las vacaciones de verano, con un chico que tiene un perro que le había puesto el nombre de Pucho, como homenaje a mi padre? Las carcajadas y aplausos fueron mayúsculos. Pasados los años en la presentación del libro de mi buen amigo el doctor Diego González Rivas, “Imposible es nada”, coincido con dicho presentador y le recuerdo la anécdota, recordada el detalle al pie de la letra y tenía delante a su autor. La vida es una casualidad.

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