La OMS debería liderar y no ser el chivo expiatorio en la lucha mundial contra el coronavirus

Para algunos políticos en Washington, nada es más valioso que sus intereses políticos, ni siquiera la vida humana. Sus recientes ataques, cada vez más intensos, contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) en relación a la pandemia de coronavirus son el ejemplo más reciente

En un intento desesperado de lavarse de sus culpas por el torpe manejo de la pandemia por parte del Gobierno estadounidense, algunos políticos de la Casa Blanca, en particular el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, se han apresurado a acusar a la OMS de retener información crítica cuando inició el brote de coronavirus, estar “centrados en China” y por mal manejo de la respuesta pandémica.

Más descaradamente, Washington también decidió suspender los fondos al organismo de salud de la ONU, incluso sugiriendo que podría crear una agencia alternativa.

La verdad es que la OMS ha estado cumpliendo fielmente sus responsabilidades desde el inicio del brote. Alertó al mundo de la enfermedad desde el 5 de enero, mantuvo a la comunidad internacional debidamente actualizada sobre el progreso de la situación y coordinó un impulso global contra la pandemia.

El organismo mundial ha facilitado el envío de millones de unidades de equipos de protección personal a 105 países y suministros de laboratorio a más de 127 países, y está liderando un esfuerzo global para desarrollar vacunas, diagnósticos y terapias para el virus.

Washington debería ser el último en criticar a la OMS por los llamados problemas de transparencia. Desde el principio, ha recibido información en tiempo real sobre el coronavirus por parte de funcionarios y expertos estadounidenses de la OMS, e incluso a menudo sabía de antemano lo que la agencia planeaba hacer o anunciar, según los medios estadounidenses.

Esos políticos estadounidenses simplemente se han abofeteado en su propia cara al atacar a la OMS por los llamados encubrimientos.

Obviamente, Washington ha tratado de convertir en chivo expiatorio a la OMS para desviar la culpa de su respuesta inepta y caótica a la pandemia, ya que el número de casos positivos por la COVID-19 ha superado el millón, aproximadamente un tercio del total mundial, y más de 60.000 personas han muerto en Estados Unidos.

El intento mal intencionado de la Casa Blanca de culpar a la OMS, así como sus tácticas de presión y coerción, han expuesto una vez más su mentalidad hegemónica de larga data, que busca poner a “Estados Unidos primero”, a pesar de que hacerlo podría perjudicar a los intereses comunes del mundo.

Para Washington, en términos políticos, el dinero significa poder. Como Estados Unidos es quien hace mayores aportes financieros a la institución, creen que el organismo de salud de la ONU solo debe actuar en nombre de sus intereses. Este es un legado tóxico de la notoria política monetaria de Estados Unidos.

Entonces, cuando la OMS advierte sobre la actitud de Washington en su intento de politizar la pandemia, y hace su trabajo de manera objetiva, justa y científica, aquellos políticos estadounidenses se sienten, de alguna manera, traicionados.

El acoso hegemónico estadounidense va en contra de la voluntad de la comunidad mundial, inclusive en contra de muchos estadounidenses. Diversos líderes mundiales pertenecientes al Grupo de los 77, así como de países como China, Alemania, Francia e Italia, han expresado su firme apoyo a la institución.

Por el momento, la lucha contra la pandemia sigue siendo ardua y se desconocen muchos factores sobre este mortal virus, lo que significa que la OMS se ha convertido en la fuente de orientación más indispensable en este momento.

Debilitar a la organización no sería otra cosa que lanzar al piloto del avión en pleno vuelo, como dijo recientemente la ministra de Relaciones Exteriores alemana, Heiko Maas.

Durante más de siete décadas, la OMS ha ayudado a países de todo el mundo a combatir la amenaza de enfermedades mortales como la poliomielitis y la malaria, y ayudó a eliminar la viruela en la década de 1970 a través de muchos años de trabajo conjunto.

Sin embargo, en una época de una pandemia devastadora en que nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo, el peligroso intento de aquellos políticos egocéntricos de Washington, de retratar a esta institución líder en la contención de la pandemia internacional como un chivo expiatorio, solo hará que el virus se cobre más vidas, inclusive las de ciudadanos estadounidenses.

Si continúan por el camino equivocado, quedará registrado en la historia que muchas personas murieron durante la pandemia no solo como consecuencia del virus mortal, sino también por la renuencia de una superpotencia hegemónica a asumir su debida responsabilidad.

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