Reflexiones de Manuel Tato. La primera salida

Hoy se cumple una semana de la primera salida después del riguroso encierro al que nos esta obligando el virus. hemos reflexionado sobre la vida y sus avatares, sin abrazos y sin esa voz amiga mirándonos a los ojos, que nos consuele como si fuese un bálsamo para aliviar la herida del confinamiento. Un encierro que me ha abierto aun mas los ojos, sirvió para saber quienes eran amig@s y quienes simples conocidos. La vida no está exenta de sorpresas, he roto esquemas, he borrado de mi vida a quien no merece la pena como persona, claro que la otra cara de la moneda, es que he recuperado amistades de antaño, sorpresas agradables que aliviaron las carencias, que otr@s personas no tuvieron la hidalguía, se nace con ella, no la vende El Corte Inglés, de mostrar que un amig@ es un tesoro.

Y así empezó la primera salida “oficial”, la que han bautizado como cero. El sábado pasado, los más madrugadores no querían perderse el primer aire de la mañana y a las seis cuando sonaba la primera campanada horaria, como si fuesen Cenicientas escapando del reloj, comenzaron, unos a pasear y otros hacer deporte, nadie quería perder el momento de reencuentro con el aire fresco de la mañana. Pucho y yo salimos a dar un paseo de un kilómetro, como mandan los cánones establecidos por quienes nos gobiernan. Nos dirigimos al Paseo Marítimo, lugar donde se respira el virazón, esa brisa que sale de la mar y acaricia la cara. Mientras caminaba, mil preguntas se agolpaban en la mente, que pasará después de todo esto? No tengo la varita mágica para predecirlo, pero ya hemos asumido que nada será igual que antes.
Bajé al arenal  de la playa del Matadero,  me senté en una roca, mientras observaba el baile de las pequeñas olas, los surfistas intentaban sin éxito cabalgar a lomos de esos caballos salvajes que son las olas queriendo salir de la mar. Miraba el horizonte donde se besa el cielo y la mar, la  sensación de libertad era inenarrable.
Aglomeraciones en el Paseo y poco sentido común, algun@s parecía que para ellos no pasaba nada y que al “bicho” le habían cortado la cabeza. El coronavirus es el asesino invisible que sega vidas con la guadaña,  sin importar condición, raza o religión. La salud no es una palabra que utilizamos en los brindis, es la vida que parece que muchos intolerantes e incívicos ciudadanos, se la juegan a la ruleta rusa, poniendo en peligro la de las personas que cumplen con todo lo recomendado.
Sentado en la roca, comencé a pensar desordenadamente, mientras Pucho corría por el arenal.  Los sentimientos los tengo ordenados, quien nada quiere, que no de la lata. El sábado pasado para muchas personas comenzó una situación nueva, para mi una vida nueva, con alegría y ganas de disfrutar con mis amig@s de una café, cervezas o una copa por los locales de la noche coruñesa, soy consciente que tardaremos en poder disfrutar en plenitud, pero por lo menos tomo aire y dejo que corra para disfrute de tod@s. Que nadie se confunda, que el aire es fresco, sin contaminación y yo ahora soy aire.

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