Presidente Feijóo, alcalde Almeida. Por Carlos Marcos

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Entre todos los ruidos, follones, descalificaciones y pronunciamientos guerra civilistas de algún vicepresidente del gobierno que estamos padeciendo los españoles, además de la maldita pandemia, dos instituciones destacan por su gestión frente al virus y obtienen el reconocimiento de los gobernados e incluso de otras instituciones gobernadas por adversarios políticos. Todo un acontecimiento en estos tiempos de incertidumbres y crispación. Se trata de los modelos implantados por el presidente gallego y el alcalde madrileño. Sus ciudadanos han percibido con nitidez que ambos antepusieron la lucha contra el enemigo común a las “liortas” partidarias y con discreción y entrega han trasladado cierta paz y tranquilidad a la ciudadanía. Esta medicina se agradece porque bastante tenemos con lo que tenemos como para cargar más nuestras mochilas con insultos y electoralismos cortoplacistas que solo nos inquietan y nos alejan de la paz social que precisamos como el oxígeno para sobrellevar la situación.

La moderación en política sigue siendo rentable y las encuestas que sobre las elecciones gallegas se han publicado lo recogen con claridad. Solo un mes nos separa de las urnas y Feijoo parece destacado y claro favorito para renovar mandato. Desde la serenidad, el presidente ha demostrado que se puede gestionar la crisis sanitaria con criterios bien distintos a los que el gobierno central nos ha sometido, cierto es que en estos días que faltan para las elecciones una oposición multipartita y sin ningún programa común que presentar a los gallegos, intentarán remover el avispero con cualquier disculpa y con todas a la vez, conscientes de que frente a Feijoo no hay alternativa seria y sabedores de que la población se pregunta : ¿Feijoo o qué? Tengo el convencimiento de que el candidato popular a la reelección no va a caer en la trampa de entrar en las provocaciones y no como estrategia, es su manera de conducirse en política.

Sabe muy bien el presidente que los ciudadanos esperamos y necesitamos talento y sosiego, pulso firme y hoja de ruta clara y definida. Galicia llega a la tercera fase en cabeza del desescalamiento y el bicho, que sigue entre nosotros, parece controlado, les garantizo que la tranquilidad relativa de la que gozan los gallegos nada tiene que ver con las inquietudes que amilanan a madrileños, catalanes o vascos. No estamos exentos de peligros, pero reina en el ambiente la sensación de estar en buenas manos y no parece que el pueblo gallego quiera poner en riesgo este valor, pues, más allá del presidente, la situación de ventaja que tienen los gallegos tiene un protagonista indiscutible que no es otro que el propio pueblo gallego que no quiere hipotecar su futuro en manos de experimentos políticos que ya fracasaron en el pasado.

El propio PP debe tomar buena nota de estos dos políticos que lucen la misma camiseta pues sus formas de hacer política suma más voluntades que aquellas otras que solo buscan confrontación. Desde que Almeida recibió el aplauso del presidente Felipe González, la izquierda mediática lo pone como ejemplo y ha pasado de las mofas a las alabanzas. Escribo estas letras como un ciudadano más, no tengo ninguna afiliación partidaria y no conozco personalmente ni a Almeida ni a Feijoo, pero creo que desde las páginas de nuestros medios también se puede, y se debe, reconocer méritos porque, curiosamente, algunos medios se han revelado como bomberos pirómanos, denunciando la crispación al mismo tiempo que la alimentan con fervor. Es hora de tranquilidad y responsabilidad, de hacernos saber a los ciudadanos que quienes nos gobiernan están para solucionarnos problemas y no para creárnoslos. Feijoo y Almeida saben lo que hay que hacer, pero, sobre todo, saben lo que no hay que hacer. ¡Buen trabajo ¡

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