Adiós a Ennio Morricone, por Luis Cobos

Decimos adiós a un genio de la música de todos los tiempos. Compositor, innovador, clásico, pulcro y rebelde, es uno de los compositores más prestigiosos y prolíficos del mundo

Miembro del Claustro Universitario de las Artes, desde 2001, Ennio Morricone es reconocido por la comunidad creativa mundial como uno de los mejores compositores del siglo veinte y veintiuno.

Tuve el privilegio y la suerte de compartir con él varios días durante su estancia en Madrid, en los que pude conversar y escuchar sus opiniones sobre la música, la imagen, la vida y el trabajo. Su gran pasión era, el trabajo. A la manera de Picasso y otros grandes del arte, Ennio trabajaba todos los días del año varias horas en su apartamento de Roma de la Piazza Venezzia.

Su versatilidad y profundidad emocional en sus composiciones lo convierten en un músico total. Nos ha cautivado y emocionado con temas escalofriantes, retratando el éxito, el fracaso, la vida, la muerte, el amor, el odio, la soledad, la solidaridad… Su música es simplemente sublime. Conocedor de la técnica compositiva y de la orquestación, ha sabido
emocionarnos con grandes formaciones orquestales y también con instrumentos solistas, pequeños grupos, coros, etc. Ha dominado los tamaños expresivos como muy pocos han sabido hacerlo y es un grande entre los grandes. Es un gran observador de las emociones,
y su música detalla y describe, cuando es necesario, situaciones de toda índole, y subraya o acompaña cuando así lo exige la secuencia. Es sin duda un gran ejemplo para cualquier persona que decida hacer de la música su forma de vida y de la creación su trabajo.

Después de componer 450 músicas para películas, de acreditado éxito muchas de ellas, le pregunté por qué no había obtenido ningún Oscar, siendo el creador de músicas como La misión, Érase una vez en Ámérica, Cinema Paradiso, Novecento, Los intocables de Elliot Ness y otras muchas maravillas… Me dijo, “Caro Luigi: Yo no pertenezco al club de Hollywood. Trabajo ocho o diez horas diarias en mi apartamento de Roma, no me dejo ver ni asisto a ciertos actos públicos. Esa es mi forma de vida. Hay mucho diletante que hace relaciones públicas y publicita su trabajo. Yo escribo, compongo, y trato de encontrar, con calidad y decencia, la música adecuada para las imágenes. No escribo música por encargo.
Lo importante es que la música sirva a la película y que pueda existir, como tal, sin la película. Los premios van por otro lado. Sí, creo que La misión debería haber ganado el Oscar”. Hablamos también de su etapa como arreglista y director musical. Al final de una de las conversaciones más largas que tuvimos, me dijo: “Ahora me interesa más componer música absoluta, la música que no va destinada a servir a ningún otro
arte”. También me contó que, en ocasiones, como rebeldía ante las imposiciones de los directores que le proponían copiar e imitar otras músicas, compuso la música antes y el director se tuvo que adaptar a una música ya hecha por él. Todo un ejemplo de dignidad y afirmación del valor de la originalidad y personalidad de la música en el cine.

Durante esos días de su estancia en Madrid, en 2001, en los que estuvo acompañado por María, su esposa, tuve también el privilegio, junto a Manuel Gala, rector de la Universidad, de otorgarle en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, el título de Miembro de Honor del Claustro Universitario de las Artes, junto a George Martín, Bebo Valdés y Sara Montiel. Un cuarteto de lujo.

Hubo un momento muy gracioso en el que algún miembro del claustro, no recuerdo
quien, le felicitó por la música de la película Por un puñado de dólares. Ennio le contestó: “esa es una malísima película y es la peor música que he compuesto para el cine”. Durante aquellos días en Madrid, Ennio fue encantador y muy participativo. Asistió con su esposa a todos los actos que se programaron, rompiendo así su fama de gruñón.

Adiós, querido y admirado Ennio Morricone. Estoy seguro de que, como yo, los músicos
del mundo te rinden un sentido y sincero homenaje. Todos lloramos tu muerte y
enviamos a tu familia nuestro más sentido y sincero pésame. Descansa en paz, querido Ennio. Nos dejas tu música, la dignidad como trabajador y compositor genial, y las maravillosas notas que has esparcido por el mundo para deleite y emoción de todos los que las escuchamos. Tu legado nos hará la vida mejor.

Luis Cobos

Músico y presidente de AIE

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