Investigadores de Ciencias del Deporte de las Universidades gallegas publican un artículo científico con pautas para reducir el contagio del Covid-19 en socorristas

El hecho de que en la mayoría de los rescates acuáticos no sea posible mantener una distancia segura, sumado a la exposición a las secreciones respiratorias que estos involucran, convierte a los socorristas en un grupo con una alta exposición a un posible contagio de Covid-19. Reunir una serie de “recomendaciones prácticas” y pautas de acción que permitan a estos profesionales minimizar el riesgo de infección es el objetivo del artículo que el jefe del grupo Remoss de la Facultad de Educación y Deportes de la Universidad de Vigo, Roberto Barcala, llevado a cabo junto con investigadores de las universidades de Santiago de Compostela, A Coruña y Barcelona y expertos en servicios de emergencia de la Sociedad Brasileña de Rescate Acuático. Publicado este lunes por la Revista Española de Salud Pública, publicado por el Ministerio de Salud, es, como explica este profesor, “el primer artículo científico a nivel internacional sobre salud ocupacional y prevención de infecciones por Covid-19 en socorristas”. En él, analizan el grado de riesgo involucrado en los diferentes tipos de rescate acuático y proponen una adaptación del “algoritmo básico de soporte vital” del Consejo Europeo de Resucitación (ERC), enfocándose en la importancia de un ahogamiento, de las “ventilaciones de rescate”, que deben realizarse con un globo reanimador, filtro HEPA y equipo de protección personal completo (PPE).

Junto con Barcala, como autora principal, el artículo está firmado por los investigadores Silvia Aranda, de la Universidad de Barcelona; Cristian Abelairas y Santiago Martínez, del grupo Clinursid en USC; José Palacios, de la Universidad de A Coruña.; David Szpliman, de la Sociedad Brasileña de Rescate Acuático; Fernando López, del Servicio Municipal de Emergencias de Pinto, y Andoni Oleagordia, de la Dirección de Protección Civil y Emergencias de Bilbao. Busca proporcionar a los socorristas “información estructurada” sobre cómo adaptar los procedimientos “en los que el contacto es inevitable”, utilizar EPP y priorizar los métodos de rescate que implican una menor exposición a un posible contagio. Es, como señala Barcala, una serie de “recomendaciones basadas en evidencia, basadas en estudios científicos previos, pero también por consenso de expertos, ya que estamos hablando de una nueva situación”. El artículo, “que ha sido revisado externamente”, dice Barcala, continúa la línea y actualiza el documento anterior.Servicios de rescate: adaptaciones en prevención, rescate y primeros auxilios contra covid-19 , ya que “una de las cosas que estamos viendo con el virus es que los documentos se actualizarán muy rápidamente, a medida que aparezcan nuevas pruebas”.

Cómo revivir en la era covid-19

El ahogamiento, recuerda el artículo, es un “problema de salud pública que es la tercera causa de muerte en todo el mundo por lesiones no intencionales”, y contra estas maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) juega un papel clave. Con el advenimiento de covid-19, las recomendaciones del ERC con respecto a esta maniobra se centran en realizar compresiones torácicas, ya que “la ventilación puede ser muy contagiosa”. Sin embargo, en el caso específico de ahogamiento, “el paro cardíaco es de origen de asfixia”, se produce debido a la falta de oxígeno, lo que hace que “la ventilación sea lo que le salve la vida”, recuerda Barcala. Por lo tanto, el artículo presenta una adaptación del protocolo de reanimación establecido por el ERC en 2015 para el caso específico de ahogamiento, adaptándolo a la realidad de la “era covid-19”.

Específicamente, la propuesta de este grupo de expertos es primero realizar una “evaluación de la respiración a distancia, sin acercarse a la cara de la víctima y ubicarla a barlovento”, luego, después de colocar el PPE, realice cinco ventilaciones de rescate utilizando un bola de reanimación con un filtro antiviral HEPA, antes de comenzar con las compresiones. La maniobra, explican, debe ser realizada por dos socorristas y en ella “es de vital importancia fijar la máscara correctamente” para evitar un mayor riesgo de infección, lo que lleva a Barcala a enfatizar la necesidad de que los profesionales estar previamente capacitado en su manejo. “El cambio fundamental”, agrega Barcala, está en la posición de los reanimadores, el viento de la víctima,

Rescates con mayor o menor riesgo

“No es posible eliminar completamente el riesgo en un entorno de rescate acuático”, señalan los autores de este artículo que, con base en esta idea, evalúan el grado de riesgo involucrado en los diferentes tipos de rescate. “La preferencia será lo que se haga desde afuera del agua o usando botes”, lo que hace posible el uso de PPE, explican. En este sentido, describen como intervenciones de “bajo riesgo” a aquellas, con víctimas conscientes, que pueden llevarse a cabo desde fuera del agua, proporcionándoles “materiales de flotación”, utilizando, por ejemplo, el uso de drones. De “riesgo medio” serían los realizados a bordo de embarcaciones o motos acuáticas, que “deberían ser la opción preferida” cuando sea necesario intervenir en el agua. Por el contrario, “el rescate cuerpo a cuerpo se desaconseja por completo”, ya que implica un mayor contacto, al tiempo que impide el uso de EPP.

Por otro lado, el artículo también aborda aquellas situaciones en las que el uso de PPE sería viable y aquellas en las que los elementos de salvamento “podrían ofrecer protección adicional”. También aborda cómo deberían ser los espacios de atención de estos profesionales, recomendando el uso de torres elevadas y la separación del área común del área de atención.

En la playa, ¿cuál sería la distancia social correcta?

Otra de las recomendaciones que se transfieren a estos profesionales es ampliar la distancia entre las personas más allá de dos metros en las playas llenas de gente, debido a la presencia habitual de viento en las playas. En este punto, el artículo se refiere a un estudio reciente realizado por los investigadores de la Universidad de Nicosia, Talib Dbouk y Dimitris Drikakis, quienes mostraron que con vientos de cuatro kilómetros por hora, las gotas de saliva pueden viajar seis metros en cinco segundos.

Sin embargo, estas simulaciones se llevaron a cabo con condiciones ambientales diferentes a las de una playa en verano, por lo que el grupo Remoss trabaja con investigadores chipriotas para llevar a cabo “una simulación para el área atlántica y mediterránea en verano”, que tiene en cuenta las particularidades involucradas. las arenas, como el hecho de que en esta coexisten personas de pie, sentadas y acostadas. Mientras espera que los resultados de este análisis muestren cuáles serían las distancias ideales en estos espacios, Barcala señala que su aplicación podría involucrar la instalación de mangas de viento en las arenas, lo que permite estimar su velocidad de acuerdo con la cantidad de círculos que se elevan. , para que los bañistas puedan saber en cualquier momento si se necesita una separación mayor o menor.

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