Los nuevos partidos, expectativas truncadas. Por Manuel Maseda

El 15M cambió la forma de hacer política en España. Miles de personas salieron a las calles en medio de la crisis a reclamar reformas sociales en un país en el que cada vez los políticos estaban más lejos de los ciudadanos. Las manifestaciones comenzaron a entonar el ya famoso: “que no, que no, que no nos representan”. Y, en ese contexto, surgieron dos partidos nuevos que venían a trasformar el sistema: Podemos y Cs. Los naranjas ya habían nacido en 2006 en Cataluña para frenar el avance independentista, pero su incorporación a la política nacional será gracias a la crisis política de 2011.Ambos partidos, desde ideologías muy alejadas, compartieron durante los primeros años un mismo discurso que abordaba temas como la necesidad de una reforma electoral o la regeneración política. Albert Rivera y Pablo Iglesias compartieron espacios televisivos durante la campaña electoral de 2015 donde afirmaban la necesidad de ponerse de acuerdo entre ellos para luego convencer a populares y socialistas, pero la realidad fue bien diferente. Desde su existencia, y pese a ser determinantes en la investidura de Rajoy y Sánchez, no han conseguido llevar a cabo ninguna de las reformas políticas importantes en materia de regeneración.

Podemos incluso iba más allá en el discurso público regeneracionista. Sus líderes políticos decían que existía una ley de hierro de la oligarquía de la que nadie estaba libre. Para ello proponían tres medidas: limitación de mandatos por el que solo se puede ostentar un cargo público, limitación salarial a tres veces el salario mínimo y un revocatorio de los mandatos de los cargos. Lo cierto es que, después de la última asamblea realizada por el partido morado poco queda ya de eso: la limitación de mandatos se ha quitado de los estatutos para que los diputados puedan ser ministros y el límite salarial se ha eliminado. Los que venían a cambiar las cosas han terminado por dejar todos esos elementos que les diferenciaban en cuanto han tocado moqueta.

Cs y Podemos se instalaron por todo el territorio nacional bajo dos sistemas bien distintos, pero ambos caracterizados por el hiperliderazgo de sus líderes. Ciudadanos optó por dar una baja autonomía a sus territorios con el fin de intentar mantener una unidad de discurso en toda España. Por su parte, Podemos apostó por confluencias con otros partidos o movimientos en las Comunidades Autónomas intentando aprovecharse de la implantación de esas células de activismo para llegar mucho más rápido a las instituciones.

Los dos partidos intentaron alzar una bandera a la que le llamaron democracia interna para enseñar a la opinión pública que, en ellos, las decisiones las tomaban los afiliados y no los dirigentes políticos. Un sistema novedoso con el que pretendían crear bases amplias de militancia movilizada. Las expectativas que crearon fueron tales que pronto obtuvieron importantes resultados electorales e, incluso, responsabilidades de gobierno en ciudades como Madrid, Barcelona o Cádiz.

El problema fundamental en todo esto es que la democracia interna nunca funcionó bien en ninguno de los dos partidos. Ambos han sido incapaces de separar las sospechas de amaños de sus elecciones internas. En el caso de Cs es de sobra conocido la judicialización de algunas de las elecciones primarias, siendo el más sonado el de Castilla y León. En cuanto a Podemos las sospechas han estado centradas en las garantías que ofrecía la plataforma.

Me atrevería a decir que el gran fallo de estos partidos no está en una mala gestión de las elecciones internas sino del debate interno. Lo que hemos visto a lo largo de los últimos años es que estas formaciones se han convertido en organizaciones donde no existe la posibilidad de cohabitar distintos discursos internos y en los que la dirección exige unidad en torno al líder. Es raro el territorio donde Podemos aún no haya sufrido una crisis que se salde con bajas importantes de gente que no comparte línea ideológica con Pablo Iglesias. Es el caso de Carolina Bescansa y Alexandra Fernández en Galicia, Luis Alegre en Madrid, Nagua Alba en País Vasco o el mismo Errejón a nivel nacional.

Las disputas en Ciudadanos son algo más novedosas, el hecho que las desencadenan es la famosa ejecutiva celebrada el día de San Juan del año pasado donde algunos miembros de la ejecutiva nacional piden abrirse a negociar con el PSOE y no ir a elecciones. A partir de ahí y tras el descalabro electoral de noviembre, se convoca un congreso para elegir el sustituto de Rivera. Si analizamos lo que ocurre después de ese Congreso celebrado hace pocos meses, es un ejemplo de los problemas de pluralidad interna que se ven en estos partidos. La candidatura de Inés Arrimadas salió del Congreso con todos los Consejeros Generales, órgano máximo del partido entre congresos, y con una ejecutiva donde hay pocos cambios con respecto a la última de Albert Rivera. Los que no han repetido ni tienen silla en los órganos de dirección del partido son los que se enfrentaron al modelo propuesto. Por encima de todo, los estatutos remarcan el principio de poca autonomía a los territorios por lo que Inés Arrimadas mantiene el control total del partido no solo a nivel nacional sino también en los territorios.

En suma, los partidos nuevos han traído cosas buenas a nuestro sistema. No nos engañemos, gracias a los nuevos partidos se han conseguido fijar ciertos temas en la agenda política que sin su presencia seguramente hubiese sido imposibles. No obstante, debido a las altas expectativas que se formaron se ha elevado el listón con respecto a estos partidos de cómo deben actuar y, desde mi punto de vista, estos partidos no han sido quien de mantener esas expectativas.

Manuel Maseda

Estudiante de cuarto curso de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, recientemente he comenzado el grado de Comunicación en la Universidad Internacional de la Rioja.

Su etapa universitaria está marcada por el debate, desde que entró en la universidad ha participado en numerosos torneos que lo han llevado a ser uno de los representantes españoles en el Campeonato del Mundo de Debate en Chile 2018 o a cosechar cuatro subcampeonatos nacionales. En los últimos años, ha estado juzgando torneos de debate invitado por diferentes universidades. Ha tenido el honor de juzgar el Campeonato del Mundo de Debate en Perú 2019 y el Campeonato Nacional Hispanohablante de Debate y Oratoria de Estados Unidos organizado por Cornell University hace unos pocos meses en Ítaca, entre otros. Así mismo, forma en debate y oratoria en asociaciones de debate e instituciones educativas

 

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