América Latina sortea desafíos sanitarios y económicos tras seis meses del inicio de la pandemia de COVID-19

La enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19) ha causado en tan sólo seis meses un shock en las estructuras económicas y sociales de América Latina y el Caribe, región que aún sortea el desafío de aplanar la curva de contagios y reducir los índices de mortandad provocados por la pandemia

Mientras los países de la región avanzan hacia una “nueva normalidad” de manera gradual, el virus empieza a trasladarse de ciudades con gran carga poblacional a las pequeñas localidades, lo que significa otro reto, pues es donde existe una marcada desigualdad, falta de recursos y se adolece de una adecuada atención hospitalaria.

De acuerdo con una publicación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en las comunidades rurales en situación de pobreza las dificultades son diferentes a las del hacinamiento de las zonas urbano-marginales, porque están lejos de servicios públicos, como centros de salud equipados para atender pacientes con la COVID-19.

Hasta este martes, según el recuento de la Universidad Johns Hopkins, en América Latina y el Caribe van 6.836.257 casos del nuevo coronavirus, 263.492 muertos y 5.102.084 recuperados, siendo Brasil, México, Perú, Colombia y Chile los países más afectados.

Se prevé que unos 142 millones de personas, casi una cuarta parte de la población de la región de América Latina, están en riesgo de contraer la COVID-19, de acuerdo con el Programa.

De acuerdo con la opinión de diversos epidemiólogos, la flexibilización actual de las medidas de aislamiento podría producir un rebrote de la enfermedad y posponer la llegada del pico.

“Ahora que los viajes aéreos no esenciales se están reanudando en toda la región, varios países están reportando picos de casos”, expuso el martes la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa F. Etienne.

Ejemplificó que hace dos semanas Bahamas observó un aumento del 60 por ciento en comparación con la semana anterior, mientras que San Martín, Trinidad y Tobago y las Islas Vírgenes de Estados Unidos reportaron un salto del 25 por ciento.

Académicos, especialistas y las propias autoridades sanitarias coinciden en que la COVID-19 llegó para quedarse por mucho tiempo y, por ello, consideran que se requiere no bajar la guardia hasta que no se cuente con una vacuna efectiva.

Para Etienne, se requiere atender tres emergencias: la sanitaria, la económica y la social, pero con un “enfoque integral para salvar vidas”, y con medidas a nivel nacional y local para lograr, a su vez, “una reapertura” económica y social “responsable”, pues “no solamente se trata de suspender actividades, se requieren otras medidas de salud pública y no olvidar que una economía saludable exige población sana”.

La región, que aunque tuvo tiempo de prepararse a la llegada de la COVID-19, se ha tenido que topar con factores adversos con los que no contaba, como una población con una alta tasa de pacientes con enfermedades crónicas (obesidad, diabetes e hipertensión, entre otras), y un paupérrimo sistema sanitario.

Expertos consideran a la COVID-19 como la peor pandemia registrada en un siglo en países como México, nación que al igual que otras de la región han enfrentado recientemente los peores brotes de dengue, sarampión y una epidemia de fiebre zika.

La población en condiciones de pobreza extrema en América Latina y el Caribe podría llegar a 83,4 millones de personas en 2020 por la crisis provocada por la pandemia, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Para la CEPAL y otros organismos internacionales, la pandemia de la COVID-19 reveló las debilidades y carencias de los sistemas de salud de la región, que no garantizan el acceso universal necesario para hacer frente a la crisis sanitaria.

No obstante, señalan que se puede revertir esos vacíos, fortaleciendo los sistemas de salud a través de la búsqueda de un espacio fiscal, así como un mayor y mejor gasto público, pues los países de la región gastan en promedio el 2,2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en salud.

Otro de los factores que agravan la crisis de propagación de la pandemia en la región es la limitada participación de los ciudadanos y la falta de profundización en información sanitaria.

La economía de la región también está sufriendo la mayor recesión desde que hay registros y al menos este año se prevé que la COVID-19 afectará a varios sectores como el comercio, el turismo, la construcción y la industria.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que el PIB de América Latina y el Caribe sufrirá un retroceso del 9,4 por ciento al cierre del 2020.

La economía de México enfrenta un “alto grado de incertidumbre” debido a que todavía es difícil anticipar la duración del nuevo coronavirus y el impacto que tendrán las medidas adoptadas para contenerlo, estimó este miércoles el central Banco de México.

Varios países de la región publican esta semana cifras del segundo trimestre del año y justamente el mexicano Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer este miércoles las cifras revisadas del PIB mexicano para el periodo abril-junio, el cual tuvo una caída histórica de 18,7 por ciento sobre el mismo periodo de 2019.

Otro caso es el de Colombia, país que para ese mismo periodo registró una caída del 15,7 por ciento, de acuerdo con las autoridades de esa nación, mientras que Perú tuvo una drástica baja del 32,2 por ciento, el peor nivel de la historia en ese país.

La mayoría de los países se vieron obligados a reanudar actividades económicas después de que la curva del coronavirus alcanzara una meseta, e incluso algunos empiezan a reabrir vuelos internacionales frente a la gran presión económica y social.

Este miércoles se cumplen seis meses de que la COVID-19 comenzó a registrarse en la región latinoamericana, siendo Brasil el más afectado al registrar a la fecha 3.717.156 casos y 117.665 decesos.

Además, Brasil se ubica como el segundo país con mayor cantidad de muertos y casos por la COVID-19 a nivel mundial, sólo detrás de Estados Unidos.

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