Save the Children alerta de que más de 100.000 niños y niñas se han quedado sin hogar tras la explosión en Beirut

Dos semanas después de la explosión que arrasó Beirut, Save the Children advierte de que miles de familias necesitan ayuda y protección de forma urgente

La organización considera especialmente preocupante que 300.000 personas hayan perdido sus hogares en la capital de Líbano tras el incidente, de las cuales más de 100.000 son niños y niñas. Frente a un empeoramiento de la crisis de la Covid-19 en el país, miles de familias no tendrán una casa en la que refugiarse.

Save the Children solo ha podido confirmar la muerte de tres menores de edad tras el incidente, aunque señala que aún hay un elevado número de niños y niñas desaparecidos y que otros muchos han resultado gravemente heridos. La ONG apunta que lesiones como cortes y hemorragias externas no se están tratando en los hospitales porque casi todas las instituciones de salud de Beirut han alcanzado su capacidad máxima.

La organización recuerda que los hospitales están colapsados por los casos de coronavirus en la región y por los miles de heridos tras la explosión. Muchos centros médicos han sufrido daños estructurales y no están en funcionamiento. Save the Children explica que la explosión ha destruido casi la mitad de la ciudad: al menos 3.000 edificios están dañados, entre ellos 120 colegios que han quedado parcialmente destruidos.

Save the Children también ha analizado las necesidades de la infancia y las familias tras la explosión. La ONG visitó 470 hogares situados en los cuatro kilómetros más cercanos al puerto de Beirut una semana después del suceso. Los datos muestran que, solo en esos hogares, 18 niños habían sido separados temporalmente de sus padres o no estaban acompañados, que una de cada cuatro familias no tiene acceso a la atención médica o que el 32% de las personas entrevistadas expresaron la necesidad de tener acceso a apoyo psicosocial para afrontar esta situación. El análisis también ha revelado que el 17% de las viviendas tiene los techos dañados y que el 26% de las familias encuestadas sufrió daños en el balcón.

“Estaba llorando y llorando, tenía miedo por mi padre”, cuenta Sonia, de 8 años, al equipo de Save the Children. La niña acababa de apagar las velas de su pastel de cumpleaños y le había llevado un trozo a su vecina cuando ocurrió la explosión el 4 de agosto. Hanan, la madre de Sonia, apunta: “Sonia quería bajar las escaleras solo para ver a su padre, para ver si estaba bien”.

“La explosión no hizo ninguna diferencia entre ricos y pobres: todos se vieron afectados. Ahora que el polvo se ha asentado, las desastrosas consecuencias para las familias de Beirut están comenzando a manifestarse. La gente nos está diciendo que su vida diaria ahora se ha convertido en priorizar en qué gastar el poco dinero que tienen: comida, reparaciones o medicamentos para sus hijos», apunta Jad Sakr, director de país de Save the Children en el Líbano.

“Los equipos de Save the Children y otras organizaciones y voluntarios trabajan las 24 horas del día para ayudar a las familias a asegurarse de que no tengan que tomar esas decisiones difíciles. Este es un desastre nacional que necesitará los esfuerzos de todas las partes para lograr la recuperación”, añade.

Para ayudar a quienes lo han perdido todo, Save the Children ha intensificado su respuesta en Beirut. Desde el inicio de la emergencia, la organización ha proporcionado 4.800 comidas calientes y paquetes de alimentos a la infancia y las familias afectadas, ha apoyado a 734 hogares con kits de refugio, ha abierto espacios seguros para la infancia para que los niños y las niñas estén protegidos y ha ayudado a 245 personas adultas, niños y niñas con primeros auxilios psicológicos.

Aunque muchos jóvenes voluntarios, organizaciones sociales y ONG están trabajando para apoyar a las comunidades afectadas, Save the Children explica que la magnitud de la destrucción y las necesidades de la infancia y las familias son tan grandes que se necesita urgentemente más apoyo para garantizar que todas estas personas tengan un lugar seguro para vivir y acceso a servicios médicos y psicológicos.

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