La Habana aplica severas restricciones para frenar la pandemia

 La Habana, convertida en el epicentro de la pandemia en Cuba, la ciudad se encuentra bajo estrictas medidas de restricción aplicadas por el gobierno durante dos semanas, para tratar de conjurar un rebrote de los contagios con COVID-19.

La medida más severa es un virtual toque de queda entre las 19:00 horas y las 05:00 del siguiente día, período en el que queda prohibido el tránsito de personas y vehículos de todo tipo, salvo comprobadas emergencias.

Es la primera vez en los últimos 60 años que el gobierno dispone una regulación de ese tipo, justificada en el repunte de los infectados que han pasado de cero a mediados de julio a varias decenas diarias en la segunda quincena de agosto.

En coincidencia con la aplicación del paquete de medidas, el Ministerio de Salud Pública reportó el lunes la muerte de una persona, para elevar el acumulado a 95, y la detección de 33 nuevos enfermos, para sumar 4.065 desde que la enfermedad apareció en el país hace cinco meses y medio.

La capital cubana, donde viven unos dos millones de los 11,2 millones de cubanos y se han reportado infectados en sus 15 municipios, además quedó virtualmente incomunicada del resto del país, al establecerse 12 puntos de control en los accesos a la urbe.

En esos puntos, fuerzas combinadas de la policía y el ejército apoyan a personal sanitario que controla la entrada y salida del territorio de personas autorizadas por el gobierno local.

“A todos los viajeros se les toma la temperatura, se les exige la constancia de haber realizado un test rápido, y además se les pregunta el motivo por el que viajan”, dijo a Xinhua el médico Arlinson Molina.

Desde el punto de control con la vecina provincia de Mayabeque, el galeno asegura que controlar la entrada y salida de la provincia “permitirá tener también un mejor control de los pacientes para evitar la propagación del virus a nivel provincial y, por supuesto, a nivel nacional”.

En calles y avenidas habaneras se evidenció una disminución del tránsito peatonal y vehicular en respuesta al llamado gubernamental de reducir la movilidad en el entramado urbano, con especial énfasis en el transporte y el comercio.

En un intento por evitar las aglomeraciones, se dispuso que las tiendas sólo vendan a los residentes en la zona, se prohibieron las fiestas de todo tipo y se penalizó el consumo de bebidas alcohólicas en lugares públicos.

Los centros estatales que no son de producción continua o priorizados quedaron cerrados o con el mínimo de trabajadores posibles, y se priorizó el trabajo a distancia.

Las escuelas habaneras mantienen cerradas sus puertas, a pesar de la reanudación hoy en el resto del país del año académico 2019-2020, suspendido hace cinco meses a causa de la pandemia.

También se volvieron a cancelar los viajes turísticos que se habían reabierto a mediados de julio.

“Esas medidas son muy buenas, y si la población las cumple pienso que podemos eliminar al nuevo coronavirus”, afirmó Alba Mabel Suárez, una habanera cuyo negocio de alquiler de habitaciones a turistas ha sufrido un duro golpe por la pandemia.

No obstante, Suárez abogó por medidas más drásticas para contrarrestar los contagios y “hacer que el país vuelva a abrirse al turismo internacional”.

Al menos durante los próximos 15 días el gobernador de la provincia, Reinaldo García, está dotado de un instrumento legal que permite a las autoridades aplicar multas severas con altas cuantías a los violadores de las nuevas restricciones.

Quienes sean objeto de esas contravenciones deberán pagar las multas antes de los 10 días naturales o se les duplicará la cuantía, e incluso podrán ser sometidos a un proceso judicial si no pagan pasados 30 días.

En una reciente comparecencia televisiva, el gobernador habanero anunció que si en estas dos semanas la capital cubana no logra transformar la situación, “muchas de estas medidas tendrán que mantenerse e incluso incorporar otras nuevas”.

Tras contener los contagios, La Habana había pasado a la fase uno de la primera etapa de la vuelta a la normalidad decretada por las autoridades, pero el rebrote de la enfermedad canceló esa decisión y la ciudad nuevamente quedó decretada en fase de transmisión autóctona.

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