Ramón Espinar, la princesa Leonor y un tal Valtonyc. Por Domingo Sanz

Tienes algo entre neuronas y, de repente, alguien dispara un tweet potente que te rompe el ritmo. Y más si se refiere a una monarquía con un pasado tan poco edificante como la española, y con el Borbón mejor valorado por los del “pacto constitucional” huyendo de la justicia (suiza).

Esta vez ha sido Ramón Espinar quien ha decidido poner título a las opiniones de otros sobre la noticia de que la princesa Leonor ha tenido que quedarse en palacio por el positivo COVID de uno de sus compañeros de clase.

“Hay que leer una cantidad de miseria y de estupideces que pone los pelos de punta. Si la princesa Leonor tiene COVID (que ojalá no), lo único que hay que decir es que se mejore pronto la chavala. Cualquier otra cosa define a quien la dice como un miserable”.

Es lo que ha escrito, recibiendo miles de “me gusta” y muchos comentarios, de entre los que he escogido dos frases. Una dice “Aún así me alegro de que envíes un mensaje de sensatez” y la otro “Ojalá la sensatez estuviera siempre por encima de la ideología”.

Al margen de que usted y yo estemos de acuerdo, o no, con lo escrito por Espinar, es probable que sí coincidamos en que un tweet que incluya, hablando de terceros, calificativos como “miseria”, “estupideces” o “miserable”, además de afirmar que se le han puesto “los pelos de punta”, no puede ser “sensato”.

Sobre el tweet de Espinar, frase por frase, lo primero que le preguntaría es si él, siendo político, respondió a alguna pregunta de periodistas, de esas que llaman condicionales, con una frase distinta a la clásica “no voy a hacer política ficción” o similar, porque, si así fuera, sería de los pocos.

En cambio, cuando es él propio Espinar quien decide hacer de periodista y político al mismo tiempo, no le importa inventarse una frase condicional de libro como la de “Si la princesa Leonor tiene COVID”, para responder indicando a decenas de millones de personas sobre “lo único que hay que decir”.

Llama también la atención que Espinar escriba “lo único que hay que decir” y no, por ejemplo, “lo que hay que decir”, mucho menos autoritario. Lo menos malo sería que Espinar nos tratara a todos como cualquier padre enfadado lo haría con su hijo travieso cuando le dice eso de “¡¡¡lo único que tienes que hacer ahora es estudiar el examen de mañana!!!”.

Pero, descartado que nos quiera como a sus hijos y siendo él, como tantos millones lo somos, el resultado del envenenamiento masivo y continuado con los “valores” que impusieron los asesinos protagonistas del golpe de Estado del 18 de julio, lo que sí me parece lógico es que Espinar no sea capaz de resistir a la tentación de indicarnos “lo único que hay que decir” pues, a fin de cuentas, lo que nos metieron en la cabeza aquellos criminales, a nosotros o a nuestros padres y profesores, sobre el derecho de la gente a hablar o escribir se podría resumir en que “lo único que hay que decir” lo dirían ellos.

Al margen de lo anterior, hay otra perspectiva de este asunto que Espinar no puede ignorar, y menos a la hora de juzgar las palabras de otras personas respecto de Felipe VI o de cualquier miembro de su familia.

Mientras no tome la decisión de renunciar a lo mismo que renunciaron Meghan y Harry en UK, la diferencia entre Leonor y tantas niñas como ella de las que no sabemos nada aunque tengan que permanecer en sus “palacios” por la pandemia, es que ella pretende imponernos su privilegio de vivir de nuestro dinero por el simple hecho de ser la hija de un señor que puede cometer delitos sin que le pase nada, igual que lo que se sospecha que ha estado haciendo su abuelo durante décadas.

Y no parece que Leonor tenga intención de rebelarse. Hace poco más de un mes ni siquiera se le notó vergüenza cuando, en un colegio de Mallorca al que acudía con sus padres en visita oficial, una niña le preguntó eso tan clásico de “¿qué quieres ser de mayor?” y su madre, Letizia, ni dejó contestar a su hija ni consintió la pregunta de la niña, corrigiéndola con un “No será lo que quiera ser, sino lo que tiene que ser” que ofendió a miles.

¿Y cuánto se parece ese “lo que tiene que ser” de Letizia a “lo único que hay que decir”, verdad, Ramón Espinar?

No se merece Leonor más respeto de nosotros que el que ella misma merece a unos padres, los suyos, que despreciando su condición de menor, me da igual si eso es legal o no, se dedican ambos, Felipe VI y Letizia, a enseñarla por todas partes todo lo posible para que nos acostumbremos a su presencia, con tal de perpetuar sus privilegios gracias a la continuidad de una forma de Estado restaurada por quien fue el despreciable español mayor asesino de españoles de la historia de España, DEMAEHE para abreviar.

“Princesa Leonor” es, mucho más que una niña, la marca emergente de una campaña de publicidad masiva dirigida a nuestro consciente y a nuestro inconsciente y, además, pagada con nuestro propio dinero.

El tweet de Espinar era una reacción ante muchos tweets que le parecieron míseros y estúpidos, y sus autores unos miserables. Me apunto a este grupo y reproduzco aquí uno de los que más éxito han tenido en las redes, y solo con nueve palabras. “Han encerrado antes a la nieta que al abuelo”, dice la frase.

Viva la libertad de expresión, amigo Espinar. Que en este país consigamos hablar y escribir, o escuchar y leer, sin ofender ni sentirnos ofendidos es algo que va a costar muchos años. Son los que nos faltan hasta llegar al número de los que han vivido otros países europeos en libertad, mientras aquí sufríamos autoritarismos varios. Y no cuento la vigente monarquía con urnas, aunque ha condenado, entre otros, al rapero Valtonyc por cantar. Gracias a que escogió el exilio hoy, 15 de septiembre, se pronunciará un tribunal de un país europeo que no es España.

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