Otoño de mascarilla y sonrisas caídas

Como olvidar si se siente, si al acostarte velas por sus sueños, cuando sin querer una canción te recuerda que nunca dijiste un “ya no te quiero“.
Que larga es la distancia, tal cual carretera sin final y que corta es la vida, que feos los enfados y decir lo que no sientes, que dolor más amargo querer decir y no atreverse, que estupidez más estúpida eso que llaman orgullo, que silencio atronador, cuando las ganas estremecen más que un vacío, que alegría saber que aún en su ausencia te empapan los recuerdos y en ellos siempre están los mejores, que absurdo es el destino y caprichoso el azar robando el oxígeno, ante la falta de un abrazo, que de repente nos niega ese soplo de aire fresco, con un todo está bien, estoy aquí.
¿Qué no hicimos bien? ¿Qué parte de lección nos saltamos, aún teniendo los apuntes delante? Que vida más complicada cuando lo fácil lo hacemos difícil.
Tiempos de máscara sin sonrisa y falta de abrazos, mientras suspiras por uno, la distancia hace presencia y la ausencia duele.
Por momentos, un sudor frío recorre angustiosamente cada parte de nuestro pensamiento, la duda muta a una velocidad tan agobiante como la sensación de un otoño triste, te oprime cada sensación de bienestar y resta alegría, ante preguntas sin respuesta, mientras la lluvia aparece, las hojas caen en una estación tan mágica como triste, y de camino a casa, un hombre toca en la calle más céntrica de la ciudad con su violín la dulce melodía… Reloj no marques las horas.

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