Leo Cerrud. Las manos que hacen palidecer a cualquier filtro de Instagram

Medicina estética y nutrición se abrazan en el día a día del Doctor Leo Cerrud, una eminencia restauración, reparación y rejuvenecimiento que, además, apuesta decididamente por los beneficios de la línea de productos Sálvora, a base de algas gallegas

“La belleza es un concepto subjetivo, que debe entenderse desde parámetros científicos, y por eso hay medidas para objetivarla. Todos tenemos ojos, nariz, boca y orejas, la diferencia es la distancia entre ellos, la proporción y la simetría”. Podría ser una aseveración de un escultor del período helenístico o de Michelangelo Buonarroti explicando el equilibrio y los cánones de su David en Firenze. Se trata, empero, de la filosofía de trabajo del doctor Leo Cerrud, en la práctica un escultor en carne y hueso de miles de pacientes que han confiado en sus manos y en una dilatada experiencia de éxitos. Y se puede decir que media un océano entre su target, pero tanto su clínica de Madrid como la de Panamá, a las que dedica equitativamente su tiempo, vienen precedidas de un éxito de crítica y público, como dirían las estrellas de cine (asiduas a su campo).

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Nacional de Panamá, Máster en Medicina Estética por la Universidad Nacional de Alcalá y Especialista en Nutrición por la Universidad Autónoma de Madrid, el fatídico 2020 es para él de su XXX aniversario en la medicina. Y es ahí donde uno levanta la cabeza, le mira a la cara y empieza a echar cuentas mentales. Los datos no parecen concordar y su nacimiento en 1965 en Panamá un fallo burocrático en la tramitación del pasaporte. Nada más lejos de la realidad. El propio doctor es la primera muestra andante de su profesionalidad, sutileza y buen gusto. “Tengo 55, pero parece que tengo 35”, dice, más cercano a la verdad rigurosa que al tono jocoso de su comentario. Y así explica el por qué y la vocación de su trabajo: “Se trata de no hacer monstruos; el corta, cose, construye, transforma, cambia… rejuvenecer sin cirugía y sin periodos de recuperación… todas aquellas personas que se quieran mantener jóvenes sin pasar por el quirófano”.

En el mundo de la primera impresión y, siendo estricto, de la más estricta superficialidad, sigue siendo un clásico enfrentarse a la pregunta del “¿qué te has hecho?”, y el sentimiento de rubor en algunos casos a la hora de reconocer someterse a un tratamiento. Una estigmatización que, según el Doctor Cerrud, se va apagando con el paso de las generaciones. “Es algo que está cambiando, pero el estigma sigue ahí; a la gente en este país no le gusta contar lo que se ha hecho; las pacientes de la generación X, entre 40 y 60 años, pretenden estar sin arrugas y que el resto se piense que no se han hecho nada… es la absurdez de la genética de la abuela”, lamenta. “Los millenials, en cambio, no solamente lo cuentan abiertamente, sino que además suelen traer más clientes; todo tiene que ver con que valoramos lo que se ve, que es lo que está mal hecho, lo que no se nota es lo que está bien hecho”, agrega.

Las redes sociales, las fantasías del papel cuché, la dictadura de la farándula o la superficialidad de un mundo cada vez con menos tiempo para los matices han aumentado notablemente el segmento de público, en lo que a sexo y situación se refiere, pero también han rebajado la edad de media del paciente. Y es que en realidad… ¿no es un filtro de cualquier foto que subimos a Instagram una fantasía eventual sobre estética? Para el doctor Cerrud, se trata nuevamente de un tema de mitos y estigmas. “Mucha gente no se atreve a dar el paso, lo descarta y lo critica; hacemos juicios de valor en base a malos resultados… no te quedas tieso, sino que te quedas relajado… ¡no vas a acabar como Carmen de Mairena, sino como Ana Belén o Letizia Ortiz, que están muy bien hechas! La gente joven lo cuenta todo, pero los mayores nada”, recuerda.

Si el Atlántico marca desde hace décadas la separación entre los dos mundos en los que desarrolla su actividad Cerrud, lo cierto es que ahora también ha aprendido a vivir de él, literalmente, y de sus propiedades. Se ha convertido en abanderado y firma defensor, e inductor para muchos clientes, de la cosmética ecológica con algas de Galicia Sálvora. Según él mismo reconoce, la sorpresa al acercarse estos extractos de algas pardas ha sido mayúscula y extremadamente positiva. “Siempre he sido muy químico, porque me gusta el producto que produce un efecto… no inmediato, pero que da resultado; todas mis líneas eran puramente químicas y no creía mucho en la cosmética natural, pero una generación muy importante de mis pacientes no quería productos adicionales, sino naturales, eco friendly, bio…. Y entonces me acerqué a Sálvora… es maravillosa… todo lo que viene es verde, se aguanta mejor, no tiene efectos no deseados y cuida el planeta”, subraya. “No me ubico nunca en el segmento de las cremas caras, y soy muy crítico con ellas, porque cuando pagas 60 euros por una estás pagando el sueldo de Nicole Kidman, el packaging… me gustan las líneas medias, y en ese segmento está Sálvora, con resultados de primerísimo nivel y unos efectos buenísimos”, prosigue sobre el producto gallego. Y por Sálvora, además, Leo se moja. “Tengo mucha facilidad para que mis clientes confíen en lo que yo recomiendo, porque como diría Spiderman un gran poder conlleva una gran responsabilidad, así que me tengo que cuidar mucho de que lo que lleve a mis clientes sea bueno… y en este caso el efecto es inmediato”, celebra.

Otro mito que se encarga de derribar el doctor es el de las mujeres como principal ‘target’, aunque sí diferencia el objetivo por sexos y edades. “Buscamos cosas diferentes: la mujer lo hace por autoestima, por gustar a los demás y por estar joven y guapa para la sociedad; la razón específica del hombre suele ser ‘me acabo de divorciar y vuelvo al mercado o las tres P, que son pelo, panza y pene”, asevera Cerrud, que asegura que él mismo se ha retocado tres zonas. “A mis pacientes les digo más veces que no que adelante, pero tengo la suerte o la desgracia de venir de vuelta de los pacientes de los de los 90, que venían hechos un monstruo… ¡tenía tanta cautela y tan poco producto!”, suspira. Galicia y su Costa se han encargado de hacerle la vida un poco más fácil a una eminencia mundial en hacernos sentir un poco mejor con nosotros mismos y con la imagen que proyectamos a los demás… al menos antes de abrir la boca.

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