“Navidades entre olas. El juego de las sillas”. Por José Manuel Dapena Varela

Abogado

Vaya por delante que me encantan las festividades navideñas: Nochebuena, Navidad, Fin de Año, Año Nuevo, …, ¡Reyes! Algunos de mis más entrañables e imborrables recuerdos van unidos a esas fechas tan familiares. Precisamente, por esa condición familiar, algunos duros momentos también resurgen en estas conmemoraciones: las sillas vacías de quienes ya no están con nosotros.  (Pronto se me humedecen los ojos… Soy así).

Esa imagen de sillas llenas, o de  sillas vacías, quizás exprese simbólicamente de modo nítido la disyuntiva que el 2020 y su inseparable COVID nos ofrecen ante estas Navidades: el juego de las sillas.

Un cartel que leí con ocasión de este #25N planteaba la siguiente pregunta: “¿A qué mujer en tu vida tendrían que matar para que preocupara la violencia de género?”. Parafraseando esa interrogante, a alguno habría que preguntarle: “¿A qué persona tendría que matar el COVID para que te preocupara la pandemia?”

La pandemia nos ha traído expresiones en el lenguaje con raigambres bélicas y marinas: la guerra contra el covid, la batalla frente al virus, …, las olas de contagios, el tsunami de fallecimientos…

En las guerras normalmente ningún soldado piensa que va a ser él la próxima baja. Además, en el frente, uno de los momentos de mayor vulnerabilidad suele ser el instante posterior a una aparente victoria. La bajada de la adrenalina del combate crea las condiciones para que una eventual reacción del adversario pueda resultar fatal.

Para quienes somos de costa, al escuchar estas expresiones marineras en la pandemia impera siempre en nuestro subconsciente el respeto al mar: sabemos de la fuerza de las olas, conocemos los peligros de resacas y mareas. Cuando, de niños, con los compañeros del Colegio Eusebio Da Guarda toreábamos las olas en la Coraza del Orzán, sabíamos de qué rincones alejarnos y en qué horas era mejor no exponerse. Y aun así, siempre hay circunstancias que escapan a nuestro control.

El ser humano es de natural sociable y, seamos más o menos “Grinch”, las ganas de soltar adrenalina y expansionarnos en estas próximas fechas navideñas van de suyo. Tras meses de confinamientos y restricciones, tenemos unas inmensas ganas de vernos, abrazarnos, festejar con amigos y familiares. Lo contrario parece querer poner puertas al mar.

De igual modo, me pongo en la piel de comerciantes, hosteleros, ganaderos, pescadores…, y claro que puedo entender su afán de salvar sus cuentas con los múltiples gastos navideños. El bote salvavidas del naufragio económico.

La clave es el precio que estamos dispuestos a pagar por festejos y balances. Tras meses de sacrificios, puede ser nadar y nadar para morir en la orilla.

El ambiente es complejo y los factores concurrentes variopintos. Para los gestores políticos no resultará fácil tomar decisiones y acertar. Siempre habrá voces discordantes: para unos, las medidas serán populistas;  para otros, ruinógenas; para unos, las decisiones serán incomprensibles o contradictorias; para otros, insuficientes y temerarias.

Hace unos pocos años, dos buenos amigos y magníficos divulgadores científicos, Pablo G. Vivanco y Manuel Viso, Manuel Viso y Pablo G. Vivanco (tanto “V”onta, “V”onta tanto…, jjjj), nos felicitaban las Navidades con un simpático vídeo que plasmaba un lema plenamente existencial: “Una vida es para vivirla”. Vida para vivirla con salud.

Tocan, este año, unas Navidades distintas, con responsabilidad y sentido común (que no suele ser el más común de los sentidos). En otro caso, si finalmente impera el desmadre o la desmesura en la relajación, combinaremos el juego de las sillas con el juego de la ola; porque quien dice oca, dice ola; y de ola en ola, a confinarse porque toca: la irreversibilidad de la tercera ola. El cuento de nunca acabar y toda la esperanza depositada en la/s vacuna/s.

Para mariñeiros, nós.

Id pensando, mientras tanto, en la carta a los Reyes Magos. De ellos, mi preferido: Baltasar. ¡Un crack!

3 comentarios

  • Dionisio de Ana prieto

    No pasa nada, pero echaré en falta las risas entre los primos. Es decir, entre nuestros nietos q este año no podrán juntarse.

  • Paco Sánchez

    Toda la razón le acompaña a José Manuel Dapena, “sentido común” es lo que tenemos que aplicar todos, ahora y siempre.

  • J. Andrés

    Ahora que por fin la esperanza de las vacunas parece tener fecha cierta, tiene para mí más sentido que nunca el que hagamos un esfuerzo extra.

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