Venancio Salcines. “Mi ilusión es pagar al alumnado por estudiar en CESUGA”

Venancio Salcines está decidido a convertir al Centro de Estudios Superiores Universitarios de Galicia en un referente del sector privado a nivel nacional; su primer golpe maestro será la llegada del Grado de Enfermería, de la mano de un acuerdo con el Grupo Quirón.

Hace poco más de un año que Venancio Salcines (A Coruña, 1965) asumió la dirección general del Centro de Estudios Superiores Universitarios de Galicia, pero desde entonces la institución no ha dejado de reclamar su protagonismo en el mapa formativo y de dar pasos al frente para ser cada vez más protagonista y garante de oportunidades. En el horizonte más próximo está la llegada del grado de Enfermería, fruto de una alianza con el Grupo Quirón y la Universidad San Jorge (Zaragoza). En la lontananza, el convertirse en un centro privado de referencia, pionero en Galicia y mirándole a la cara a los referentes nacionales. Es el ambicioso sino de un hombre que parece hacer malabares con el tiempo y que aplica el mismo credo en la presidencia de la Escuela de Finanzas EF Business School o la misma dedicación a la Fundación o la empresa familiar (de tres cuartos de siglo de vida) a las que da nombre.

Cumplido un año como director general de CESUGA, ¿Cuál era, vista en perspectiva, la situación que se encontró y qué retos se plantea de cara al futuro?

Cuando decidimos invertir en CESUGA se había llegado a un final de etapa por parte de los fundadores; muchos estaban jubilados o en fase de jubilación. Lo que nosotros buscamos realmente es un proyecto universitario de alta calidad en Galicia, y creímos que nos acercábamos a ese objetivo de una calidad muy alta, de tal modo que la ciudadanía gallega pueda sentirse muy orgullosa.

¿Hacia dónde debe crecer el proyecto?

Nos encontramos con una tradición académica muy asentada, unas instalaciones muy aceptables y un proyecto resultado de 25 años de trabajo y cientos de estudiantes. Nuestra meta es que en el 2021 podamos presentarle a la Xunta de Galicia un expediente para llegar a ser universidad privada. Es un camino largo, de entre dos y tres años, y esperamos hacer ese recorrido en 2023 o 2024. Aunque somos un proyecto universitario en A Coruña, y a pesar de la competencia de la pública, competimos con las universidades privadas de Madrid y Barcelona. Cada año salen de Galicia entre ocho y diez mil estudiantes… para buscar una formación que aquí no encuentran. Vamos a intentar darles propuestas de alta calidad universitaria, centrada en el mundo de la empresa: conseguir aquí lo que pensaban que no podían. Y creemos que lo vamos a conseguir.

Vivimos un momento de debate social sobre la convivencia entre lo público y lo privado en lo que a educación se refiere…

Eso ocurre más en unas autonomías que en otras. La competencia es muy positiva y hablamos de modelos de cogobernanza; los fondos privados pertenecen a los accionistas y tanto lo privado puede aprender de lo público como al revés. El aprendizaje está asegurado en la universidad privada. De otra forma, con lo monopolístico, se hace muy complicado.

Usted mismo ha tenido una experiencia de décadas en el otro sector, como profesor en la Universidade de A Coruña…

Es compleja. Tiene un nivel de calidad alto y de igualdad importante: la universidad es parecida en A Coruña, Vigo o Sevilla, y eso es un gran avance de la sociedad española, pero esa obsesión por la igualdad de sistemas de gobernanza hace muy complicado otro tipo de educación, como una integración muy potente con el sistema empresarial. Yo creo en un sistema dual, en maridaje con la empresa, y eso con 20.000 estudiantes es muy complicado.

El sistema de universidad estatal o pública, a pesar del coste de las matrículas, ¿no es un garante de igualdad de oportunidades?

Es nuestro caso, la política de becas es muy agresiva. Tenemos un porcentaje muy alto de alumnos becados al cien por cien. Aquellos con una media brillante no tendrán que pagar nada, o lo que es lo mismo: el alumno brillante puede estudiar gratis o que le paguemos. Para mí, sería una ilusión pagar al alumnado por estudiar en Cesuga. Recientemente, sobre el veinte por ciento de las matrículas de primer curso se las hemos dado a estudiantes de Cuarto de ESO o Primero de Bachillerato con una media por encima de nueve.

Después de haber sido parte del sistema desde dentro (en el privado a nivel empresarial y en el público como profesor), ¿cómo cree que puede ganar en calidad la enseñanza superior pública?

Lo público tiene la característica de premiar la igualdad, y si premias la igualdad castigas el mérito. Es una decisión a tomar, como en el caso de investigadores brillantes que ganan lo mismo que otros que son un desastre. Para crecer se debe premiar de modo más evidente el mérito, máxime cuando es una cátedra de conocimiento. Entre el salario del profesor más brillante y el trabajador menos cualificado no hay un múltiplo de tres.

Suena a filosofía y modelo americano…

Posiblemente, más un modelo británico que americano, aunque la influencia es de todo el mundo anglosajón, y Bolonia va también en esa línea, pero no se aplica porque es complicado. La gerencia quiere que Bolonia sea una realidad, con evaluación continua y un proceso continuado de aprendizaje. La vida no son exámenes cada dos meses, sino diarios. Se trata de cada día, o cada poco tiempo, superar pequeños retos.

Parece que pinta un futuro de oro para la ciencia y negro para las humanidades…

Las grandes estrellas de la educación van a ser las ciencias, la salud y las ingenierías, pero la parte de comunicación la llevamos más hacia el marketing y el marketing digital, así que en esa rama, la publicidad y las relaciones públicas pueden ser las que vayan a tener más fuerza. Hay un nuevo paradigma a la hor­­a de vender, expresarse…. Hay un mundo de nuevas herramientas.

¿Por qué se nos han escapado por las rendijas de la crisis el talento y la I+D+i?

Tenemos el primer foco de investigación, que es la universidad, pero está destinado a la carrera académica, sin otra meta que mejorar al investigador. El destino debería ser la sociedad o la administración. Somos un país con niveles de investigación no demasiado altos, y todavía más bajos en el sector empresarial. Muchos se tienen que ir por no encontrar el partner necesario, y la poquita cantidad de trabajo que hay es para criterios puramente académicos.

Como empresario, ¿con qué lección se queda de la crisis sanitaria?

Lo veo con el prisma de economista. Lo mejor es la alegría que produce saber que esta crisis tiene su final a la vuelta de la esquina, no como en 2009, que no tenía fin o no se encontraba. Era un continuo camino por el desierto. Eso sí, los que hemos vivido la anterior, nos hemos encontrado con una crisis dura, pero la hostelería, el ocio nocturno o el mundo de la noche están recibiendo un castigo histórico. Jamás han vivido algo como esto, y no se explica. Es duro, porque los hosteleros están pagando los defectos del comportamiento de la sociedad, y eso que han cambiado sus hábitos de comportamiento. Hemos tenido que llegar al grado de o nos cierran o no somos capaces de asimilar dónde estamos. Son los grandes perjudicados, por lo indisciplinados que somos. Deberíamos ser una sociedad mucho más respetuosa.

Una frase muy recurrente durante la etapa más dura de la pandemia decía que saldríamos “mejores”, ¿de qué forma lo seremos?

Nos quedaremos con la importancia de lo digital y los cambios de hábitos hacia unos que creo que van a quedarse. También con los nuevos procesos de compra y formación. Volveremos en gran medida a lo anterior, pero con un poso mayor en el uso de lo digital.

 

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