DESDE LOS CANTONES. La rehabilitación de la Ciudad Vieja. El olvido del Castillo de San Antón. Por Celso Ferreiro

La rehabilitación de la Ciudad Vieja se realiza con cuentagotas, mientras el contorno urbano continúa entenebrecido, sólo cosmética en la calle del Rosario. El trabajo es más arduo y requiere investigación histórica previa, para conciliar la riqueza monumental de la zona con el confort del ciudadano.  El alumbrado deberá estar a tono con los monumentos civiles e iglesias, cuyas piedras guardan la historia de las instituciones político-culturales, que fraguaron la singularidad de nuestra ciudad. El Castillo de San Antón, como museo arqueológico, no parece contar con los cuzcos de la Cultura municipal. Tal vez, su carácter de antigua fortaleza y prisión les parezca ver en sus almenas insurrectos puestos en pie. De cara al mar, vuelven los titulares sobre la fachada marítima y la posible aplicación del Plan de la Universidad de la Coruña: el del famoso arquitecto catalán Busquts queda arrumbado. Baudelaire decía que en la modernización de las grandes urbes “lo único seguro es la transformación tanto de los saberes, como de los técnicos encargados de generar continuamente lo nuevo” Recordamos a los que se ocupan de la restauración de la Ciudad Vieja que no miren con ira las piedras en las que, seguramente, tropezarán con frecuencia.

OTROSIDIGO

Hace más de una decena de años que debiera, haber comenzado los trabajos de la fachada marítima de La Coruña, que constituirá una de las grandes operaciones inmobiliarias de nuestra urbe. Desde entonces La Marina está huérfana del mobiliario público y los Cantones piden un repaso, poniéndole además zapatos de tacón al Obelisco. Ante la “gran operación”, recordamos que el objeto del urbanismo no debe ser una gratificación inmediata,

ANÉCDOTA

El protocolo es una constante en la vida actual pero, por estos pagos, se encuentra muy alejado del respeto que sienten por esta norma los británicos. Ello no es óbice para que la Reina Isabel II no haya soportado estoicamente intemperancias y gestos fuera de lugar. Uno de los más sonoros ocurrió durante la visita del presidente portugués Eanes. Iban el general portugués y la Reina Isabel II en la carroza real, cuando uno de los equinos soltó un perfumado céfiro, que conturbó al mandatario luso. “Lo siento dijo la Reina. “No se preocupe señora. Creí que había sido el caballo”.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.