¿Estás dispuesto a matar? Por Carlos Marcos Blanco

Empresario y Pedagogo

Harto ya de tantos mensajes contradictorios, de falta de dirección en la gestión política de la pandemia, de eufemismos cursis y de la zanahoria gubernamental de la vacuna como la “purga de Benito”, ha llegado la hora de hablar claro y decir negro sobre blanco lo que nuestro ministro Illa y su monaguillo Simón no se atreven a decir por si les cuesta votos. Tras la invitación del ministro catalán de celebrar estas fiestas con familia y “allegados” hemos de decir ¡no! Lamentablemente no por que este año distinto y catastrófico no toca celebrar grandes cenas de familia ni mucho menos con “allegados”. Toca cenar con los convivientes habituales y si son cuatro mejor que cinco. Incorporar a nuestra mesa a personas queridas en estas circunstancias es asumir un riesgo absurdo que podría costar la vida de nuestros familiares y amigos y ya de paso también la nuestra. ¿Alguien, en su sano juicio, puede querer poner en peligro la vida de sus abuelos, padres o hermanos? Es que estamos hablando de eso precisamente de celebrar una cena más o la última de algún familiar.

A los que me estén llamando exagerado les recuerdo que van más de 70.000 muertos y que, aún hoy, mueren cada día 300, 400 o 500 personas por el Covid y nadie nos asegura que, cometiendo imprudencias, nosotros mismos podamos engordar esos dígitos brutales. Recuerdo cada año a muchos amigos que me dicen: “yo este año cenaría un par de huevos fritos con jamón y me metería en la cama a las 12.00”, pues bien, este es el año para cumplir este deseo. No quiero que nadie pueda pensar que soy el Grinch, ni mucho menos, celebro las navidades con ilusión y con el deseo de ver a la familia unida y disfrutando de unas fiestas tan entrañables, pero, este año, no quiero que la siguiente reunión familiar sea en un tanatorio. Gracias a Dios y a la tecnología, tenemos muchas facilidades para poder vernos y hablarnos sin necesidad de asumir riesgos y, aunque de forma diferente, mostrarnos ese cariño que nos tenemos y, en honor al cual, renunciamos a ponernos en situación de riesgo.

El otro debate, político desgraciadamente, son las cabalgatas de Reyes. Todos los alcaldes buscan sucedáneos para hacer todo lo contrario de lo que se debe hacer. Este año la cabalgata ha de ser por televisión y si me apuran, enlatada, todos los años es igual y los niños ni notarían la diferencia. Incluso las televisiones que montan grandes despliegues para cubrir cualquier desgracia, podrían hacer programas especiales para los niños que alimentaran sus ilusiones sin ningún peligro, ¿Dónde está el problema? Y finalmente, la zanahoria vacunal. Entre que se vacune a la población con garantías y el fármaco cunda efecto, pasará un tiempo durante el cual, seguirán muriendo personas por culpa del maldito virus. Quizá los responsables gubernamentales estén celebrando el éxito de la vacuna con carácter previo, con más ansia que ciencia. No caigamos en estas trampas. Todo depende de nosotros, de ti y de mi y lo que nos tenemos que preguntar es si estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de ayudar al virus a matar o no.

Desde luego yo no estoy dispuesto a matar a nadie y tampoco a facilitar que alguien me mate a mí. Por eso, este año, cena en casa, sentida y tranquila y esperando la navidad de 2021 para desquitarme de este año horrible. ¡Felices navidades!

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