Felipe VI, los ex y esos silencios que envenenan

“El hombre es dueño de sus silencios…” comienza diciendo la famosa frase, pero no hablar cuando toca oculta algo inconfesable y si quien calla no sabe elegir el secreto, el paso del tiempo conseguirá envenenarlo por dentro.

Uno. Nunca conoceremos los mayores secretos de la Transición, pues ni siquiera un gobierno “social comunista” se está atreviendo a desvelarlos, pero es evidente que entre las 18:23 del 23 de febrero de 1981 y las 01:14 del día siguiente transcurrieron 411 minutos y si Juan Carlos I hubiera reclamado TVE desde el primer momento para ordenar ante el mundo mundial que depusieran las armas unos golpistas que se estaban jugando el tipo por la monarquía que él mismo representaba, muchos millones de personas se habrían ido a dormir a la hora de cada día y USA, quizás, no habría declarado que se trataba de un problema “interno” de España.

Pero no, aquel rey, tan autodestruido hoy que ha tenido que huir, no podía salir por TV antes de hablar en privado con unos y con otros, todos conocidos y algunos muy amigos, para decir en cada caso lo que no resultara chocante con las intrigas que, contra Adolfo Suárez, había estado divulgando durante los últimos meses sin el menor respeto por las urnas y la democracia.

Dos. El día 31 de julio de 2018, dos meses después de que Rajoy y el PP perdieran el gobierno gracias a la moción de censura presentada por Pedro Sánchez, se supo que un grupo de 181 mandos militares retirados habían firmado un manifiesto en defensa del golpista y dictador Francisco Franco.

Aquel silencio que practicó Felipe VI solo podía tener un significado, el de respeto por los admiradores del mayor asesino de españoles de la historia.

Por tanto, casi dos meses después, el 26 de septiembre de 2018, los mismos medios que habían informado del manifiesto franquista confirmaban que ya eran más de mil el número de sus firmantes. Tal éxito no se habría producido si el rey hubiera dejado clara su posición contraria a esa declaración.

Tres. La semana pasada y con fecha 25 de noviembre, 79 militares de alta graduación retirados, y pertenecientes todos a una misma promoción de la Academia General Militar de Zaragoza, dirigieron una carta a Felipe VI cuyo contenido contra el Gobierno sigue llenando la actualidad una semana después. Redondean la alarma social que han provocado con multitud de expresiones de odio que se intercambian en sus redes sociales, donde incluso han calculado hasta el número de españoles que deberían fusilar: 26 millones no es un número elegido al azar.

Algunas voces han pedido a Felipe VI que coloque públicamente a esos ex militares en su sitio, pero el rey ha decidido guardar, de nuevo, ese silencio que le está envenenando porque, tal como ocurrió hace 40 años, ha protagonizado ya suficientes momentos en los que ha propiciado que su enfrentamiento con el Gobierno saliera a la luz. De los que han trascendido, recordamos su presencia en un funeral religioso por las víctimas de la pandemia al que no le tocaba asistir y su llamada a Carlos Lesmes para decirle que le hubiera gustado estar en Barcelona el 25 de septiembre, pero que Pedro Sánchez no le dejó. No le pareció mal a Felipe VI reaccionar en público y de manera inmediata ante esos otros “problemas” de la democracia.

A Franco no le ponían tan fáciles los atunes que pescaba como Felipe VI les está poniendo a los añorantes de los paredones las excusas para que salgan en su defensa por lo mucho que le está ofendiendo el gobierno. Como durante los tiempos del caldo que cultivaba el golpe de Tejero, pero con fechas y protagonistas nuevos.

Pero no solo son “ex” algunos militares. Tampoco han dicho nada contra este último, digo penúltimo, manifiesto amenazador, los Felipe González y José María Aznar quienes, por otra parte, no dejan pasar ni una sin abrir la boca. Cómo no afirmar que esos dos están envenenados desde y para siempre. Por último, muy calculador estuvo Zapatero con sus palabras hace dos días, y desaparecido el mismo Rajoy que se vio obligado a poner la TV a disposición de Felipe VI, y en contra de su voluntad como presidente del Gobierno, aquel 3 de octubre de 2017. Otra ocasión en la que a este rey si le pareció imprescindible aparecer en persona.

Qué lejos queda también aquella intervención de Casado durante la moción de censura de Vox que consiguió que hasta lo “aplaudieran” desde las mismas páginas que, como las de “El Diario”, han elegido destacar hoy, 4 de diciembre, que “Casado, Vox y las terminales mediáticas de la extrema derecha agitan el ruido de sables que prende en sectores del Ejército”.

Estos momentos de tensión tienen la virtud de colocar a todos en su sitio, y ni un cómodo Rivera por su condición de ex, ni una Arrimadas para quien callarse es lo mismo que morir políticamente, se han atrevido a nada, con lo que una vez más queda demostrado que en España no hay ninguna derecha de ámbito estatal para la que la democracia no sea un asunto más de los negociables.

Y, esta vez, los efectos del veneno que alimenta tanto silencio no se han hecho esperar. “Voz Populi” y “El Diario” informaron ayer que otro grupo de militares, también retirados, están divulgando y firmando una nueva carta contra el Gobierno, esta vez poniendo el acento contra los indultos que se han solicitado para los presos políticos catalanes, y que el Consejo de Ministros está estudiando, tal como la ley le obliga a hacerlo.

Pero alguna vez tenía que ocurrir y puede que sea esta. Contra tanto silencio envenenado de los que pretenden jugar a todas las barajas, un pequeño grupo de “hijos de puta” incluidos entre los “26 millones” amenazados de muerte han reaccionado y están recogiendo firmas para llevar a un militar ante la Justicia.

Durante las primeras 24 horas han conseguido un apoyo cada dos segundos. Es aquí.

Ahora mismo son las 08:45 horas del 4 de diciembre de 2020 y la ministra Robles, en La SER, está diciendo que el JEMAD ha emitido un comunicado de lealtad del Ejército con la Constitución, como si la historia de nuestros golpistas no certificara suficientes declaraciones de lealtades a las legalidades vigentes hasta cinco minutos antes de empezar a fusilar.

¿Se puede saber por qué motivo Pedro Sánchez no ha obligado aún a Felipe VI a salir por TV para que invite a que paren ya de desestabilizar a tantos ex militares como se dirigen a él, y que ha dado la orden de rechazar cualquier nueva carta que le intenten enviar? Todo lo que el rey no diga en público no vale ni un céntimo.

Si no lo hace, más pronto que tarde Sánchez tendrá que elegir entre él o Felipe VI. Ni este rey se merece ser alguien en una democracia, ni España puede soportar el riesgo de que el veneno de sus silencios permita que una nueva intriga sea la última antes de que se hagan realidad, de nuevo, nuestros peores recuerdos.

Última hora. Un día después de que los diputados independentistas catalanes apoyaran los Presupuestos del Gobierno de Sánchez e Iglesias, el Tribunal Supremo ha roto su silencio para revocar el Tercer Grado de los presos políticos, pero una hora y media después de que se conociera esta dura decisión de Marchena, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha decidido recordarle por escrito que Oriol Junqueras tiene inmunidad como eurodiputado desde que fue proclamado.

Conclusión: Tal parece que las amenazas de los ex militares españoles ya no asustan más allá de nuestras fronteras.

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