Cojo y con gafas, el gudari y su historia encontrada en una caja de cartón. Por Iñaki Anasagasti

José Manuel Bujanda, donostiarra de la calle Campanario, como mi aitona, ha escrito un libro dedicado a su aita. Miembro de una familia de gudaris, (su aita y sus dos hermanos), ha querido homenajear a aquella generación que lo dio todo. Es un libro que cuenta una vida, la de su aita, y al hacerlo narra lo que fue aquella tragedia para una generación a la que le truncó su futuro. Uno de ellos  perdió  la vida en el frente y el resto de los hermanos acabó en la cárcel.

Es la historia de una familia, de unas circunstancias, de una reciedumbre moral, de la victoria de unas ideas en base a su perseverancia, de los miembros de un partido que este año cumple 125, entre otras cosas porque tuvo gentes como los Bujanda.

Conocí mucho a Gerardo, que en tiempos de clandestinidad nos enviaba a Caracas  escritos  de lo que veía y hacían bajo la dictadura y que nos servían de crónica para aquella radio que funcionaba diariamente en onda corta. Posteriormente le conocí como burukide y como diputado.

José Manuel, el hijo escritor, es un jelkide militante, una persona consecuente y que además expresa sus ideas escribiendo en distintos medios. Este es su último trabajo y quizás el más sentido. Ojalá muchos familiares de gudaris y de personas de aquella generación, hoy casi desaparecida, hicieran lo mismo que José Manuel para que de verdad la cadena no se rompa. Un pueblo  sin historia es un pueblo sin identidad y hay que recuperarla  porque esta historia reciente nos la han silenciado y ese es el silencio que hay que romper.

José Manuel nos explica de que va su libro de esta manera:

Es de bien nacidos ser agradecidos. Vayan pues estas primeras líneas a modo de agradecimiento. Eskerrik asko a EGAn, gracias, muchas gracia y de todo corazón, gracias emocionado y muy sincero a EGAN Revista Semestral Literaria de la “Real Sociedad Bascongada de Amigos del Pais” por haber tenido a bien publicar este magnífico ejemplar suplemento del segundo semestral de este año titulado “Ez dago, ez, idatzita” (“No, no está escrito”, se refiere al futuro), libro dedicado a mi aita.

Félix Inocencio Bujanda Sarasola “Inosen”, nacido en el Barrio Donostiarra del Antiguo, nacido el 16 de enero de 1915, el segundo de 6 hijos, tres chicos y tres chicas. Hijo de Fortunato (nacido en Iguzkitza, Nabarra, pero muy de pequeño toda la familia de origen político carlista vino a una Donostia que comenzaba una incipiente industrialización por la zona de Benta Berri: Jabones Lagarto, Cervezas El León, Chocolates Suchard etc) y de Luisa natural de un caserío del barrio Donostiarra de Igueldo, de origen político Liberal).

El aita Inosen se acuerda de los esfuerzos de su padre Fortunato, que abrazó el nacionalismo de la mano del PNV, por evitar en las celebraciones familiares la coincidencia en la misma mesa de su padre, oficial condecorado del ejército carlista y su suegro, de un caserío de Igueldo, furibundo Liberal.Inosen, mi aita, de la mano de su padre Fortunato entró a militar en el PNV desde muy joven junto con sus dos hermanos Benito y Gerardo.

A raíz del llamado “Alzamiento Nacional” del 18 de julio se alistó como gudari en el Batallón Saseta de EAJ, junto con su hermano mayor Benito que llegó a ser Teniente de ametralladoras del Batallón y el hermano más joven de los tres Gerardo. Los tres hermanos pelearon en el campo de batalla por la legalidad republicana vigente, lucharon por la libertad, la democracia y el autogobierno de Euskadi, mientras sus tres hermanas, Luisi, Paki y Txaro corrieron en el extranjero la suerte de las niñas de la guerra.

“Inosen” cuando tenía apenas 11 años sufrió un muy grave accidente, el tranvía que iba del Antiguo al centro de Donostia y que les llevaba a las escuelas municipales de la calle Urbieta le amputó una pierna por encima de la rodilla .Por no pagar el billete y ahorrarse algunos céntimos abordaban al tranvía a la salida del túnel del Antiguo haciendo “montadiña”, pero una mañana de lluvia abundante resbaló debajo del tranvía que le amputó una pierna, los médicos no daban mucho por su vida) a raíz de aquel desgraciado incidente siempre uso diferentes piernas artificiales (conocida en casa, y con su “permiso”, como “hanka zaharra”) lo cual no impidió que” Inosen” se incorporase al Batallón Saseta para ir al frente de Bizkaia siendo testigo directo del bombardeo de Gernika refugiado el Batallón Saseta en los locales y sótano de un convento.

El hermano mayor Benito murió en Peña Lemona el 2 de junio de 1937 peleando cuerpo a cuerpo y lanzando bombas de mano, contra los requetés, muerte de Benito, que para mi aita Inosen y mi tío Gerardo fuè absolutamente trágica y demoledora. Benito fuè recordado por todos su hermanos y hermanas a lo largo de todas sus vidas.

La guerra seguía y así posteriormente mi aita y su hermano más joven Gerardo fueron presos en Santoña, condenados a muerte en primera instancia (por “incitación a la rebelión”) y luego a largas penas de cárcel. Mientras mi tío Gerardo conoció durante años diferentes Batallones de Trabajadores el aita cumplió condena en el Dueso (Cantabria) y luego Puerto de Santamaria (Cádiz). Al salir allá por lo años cuarenta y pico continuó luchando en la llamada “resistencia vasca” con distintos avatares (huídas espectaculares de los requetés y falangistas, descolgándose in extremis, pierna artificial al hombro, por las tuberías de desagüe de la casa, sita en Oñate, donde preparaba junto con otros la primera huelga general a finales de los cuarenta en la zona, huelga (la primera) convocada precisamente por el Gobierno Vasco en el exilio.

A raíz de esa huída se emitió por parte de la policía franquista una requisitoria de búsqueda y captura de un cojo, peligro y con gafas. Requisitoria que provocó que docenas de cojos y con gafas fueran detenidos en Gipuzkoa y concretamente en Donostia, que ingresaron en la tristemente cárcel de Ondarreta. “Inosen” por ello estuvo escondido un año entero en un caserío del monte de Izarraitz (Azpeitia-Azkoitia). “Inosen” colaboró durante años con su hermano Gerardo (“Jon de Igueldo”) en las crónicas escritas clandestinas que trasladaban a Radio Euskadi sita entonces en Venezuela. “Inosen” Jamás se rindió, nunca se alquiló ni realquiló su dignidad de vasco demócrata profundamente nacionalista y abertzale hasta que murió casi centenario hace muy pocos años, seis.

Al fallecer el aita, yo, José Manuel (el hijo mayor) y mis dos hermanos más jóvenes (Arantxa y Juan Ramón) encontramos casi doscientas hojas suyas en una caja de cartón que guardaba en un armario de su habitación y en las que relataba su vida en la calle Matía del barrio del Antiguo, infancia, juventud, alistamiento, guerra civil, muerte de su hermano mayor Benito al que adoraba, traslado de la cárcel del Dueso a Puerto de Santamaria, estancia en la cárcel, salida de ella y posterior resistencia clandestina con huídas in extremis, ocultamientos etc. A esto le añadía en un euskera pulido, trabajado y enriquecido, profundas y muy variadas reflexiones sobre los Mitos, la Utopía, las Mentiras, el Clima, el Liderazgo, el Planeta y sobre todo una serie de reflexiones en torno a una idea que siempre le sobrevolaba transversalmente: “el pasado está escrito pero el futuro no, el futuro no está escrito, está por escribir, es nuestro reto y obligación”, que le da el título al libro en cuestión. Me dediqué personalmente con paciencia, disciplina y tiempo a transcribir y pasar a limpio todos sus folios íntimamente manuscritos, el resultado son 147 páginas que emocionan a sus más próximos.

Mi aita era un hombre culto, dominaba en distinto grado varios idiomas pues tuvo la “suerte” de coincidir en la celda de la prisión de Puerto Santamaría con el sabio Koldo Mitxelena. Mi aita, “Inosen” era profundamente religioso pero nada nada clerical, fue toda su vida un demócrata de una sola pieza, nacionalista vasco sin ambages, abertzale íntegro, comprometido políticamente que gustaba siempre de tender puentes entre diferentes.

Respetaba a todos, menos a los autoritarios y fascistas (“los del 36” solía calificarlos). Euskadi con mayúsculas era su objetivo político, una Euskadi del Zazpiak Bat, soberana (en lo que se entiende hoy en la globalización del año 20021) una Euskadi unificada y conformada en sus diferentes administraciones (y diferentes ritmos), una Euskadi autogobernada de los siete territorios entroncada en una Europa unida pero respetuosa en su múltiple diversidad nacional, cultural y lingüística. Siempre fue un Europeísta convencido, sus referencias personales no admitían jamás duda alguna: José Antonio Aguirre y Manuel de Irujo como genuinos representantes de una generación única, difícilmente irrepetible y siempre ejemplar.

Mi aita llevaba el Euskara en lo más íntimo de su corazón (y en sus labios), idioma ( y amor por ella) que nos lo transmitió a sus hijos desde muy pequeños, nos legó el euskera convencido de su poderío y capacidad de adaptación a los tiempos modernos. Escribió en euskara en tiempos nada fáciles, siempre miró a lo lejos, la esperanza de un futuro mejor fue su guía y sostén. La primera ikurriña clandestina desfiló por mis manos cuando la descubrí atónito escondida entre los libros de la biblioteca del pasillo de casa, palabras como Euskadi, Lehendakari, Eusko Jaurlaritza, Aberri Eguna, Askatasuna etc generaron perplejidad y emoción en el chaval pequeño que era yo al creer advertir en mi aita la emoción contenida y solemnidad con las que pronunciaba con tono extremadamente severo y contenido, incluidas miradas cómplices con nuestra ama, Xixili.

El subtítulo del libro, subtítulo que puede generar extrañeza tiene una muy simple explicación: “Herren arriskutsu eta gafadun baten gogoetak”, es decir “Reflexiones de un cojo, peligroso y con gafas” se entiende al saber que “Cojo, peligroso y con gafas” era parte de su ficha policial “Rojo-separatista, cojo, peligro y con gafas” era la ficha de la siniestra policía franquista de la cual hacía gala en casa ante su mujer Xixili Arizmendi Etxenagusia del Barrio Donostiarra de Añorga) y sus tres hijos/as en momentos de gran complicidad, buen humor y calor familiar.

Quiero creer que allá lejos donde dicen que el espacio y el tiempo se hacen uno, y que le llaman eternidad, la sombra alargada de mi aita pueda observar que aquellas íntimas páginas escritas de su puño y letra han visto la luz en un libro que tiene como portada su foto. Euskal lurra arin bekizula aita. Ez adiorik, herri txikien egun handirarte baizik. Eta, aita, lasai zagoz, katea ez da eten, ezta etengo ere. Agur aita.

Bujanda y Sra.

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