Os vais a enterar. Por Carlos Marcos

Empresario y Pedagogo

Seguramente usted habrá tenido algún día de su vida en el que le pudiera parecer que los elementos se habían conjurado en su contra. Uno de esos días que llamamos malos y de los que antiguamente se decía que parecía que le había “mirado un tuerto”, expresión popular políticamente incorrecta que hoy en día podría costarle la carrera política a cualquiera. Entonces, cuando todos los males venían contra uno, se toreaba el día, otra expresión maldita desde la corrección política, como uno podía, esperando al día siguiente para olvidar las desgracias del día anterior. A diferencia de estos pensamientos individualistas, creíamos que aquellos males eran cosa de uno  mismo, hoy en día vivimos tiempos en los que los males no afectan a uno solo si no a todos, empezamos a pensar que tanta desgracia no puede sobrevenir del mal “fario” de cada uno y que hay algo o alguien que está moviendo los hilos para complicarnos la vida y, lo que es peor, que no hay nadie que trabaje para acabar con tantos males juntos. Soy uno más de los que así piensa. Es como si desde el gobierno se actuara bajo un perverso pensamiento: el pueblo aguanta lo que le echen y, aguanta tanto que se van a enterar.

Cuando no habíamos salido de la crisis económica anterior, se nos presenta una pandemia, en principio un hecho natural hasta que nadie demuestre lo contrario, que rompe nuestras vidas y nos cubre de negras nubes cargadas de miedos e incertezas que nadie es capaz de gestionar con eficacia. Desde los poderes públicos se nos dijo una cosa y su contraria en varias ocasiones y más allá de paños calientes y eufemismos cursis el gobierno se ha demostrado incapaz de fijar una hoja de ruta clara para luchar contra el bicho enemigo. El resultado no puede ser más desalentador, 80.000 fallecidos el pasado año y la triste suma sigue creciendo aún cuando la vacuna salvadora se está suministrando a cuenta gotas y sobre la que algún gobernante siembra dudas como demuestran las declaraciones del socialista Fernández Vara quien afirmó que en Extremadura había paralizado la vacunación a la espera de ver sus resultados en los mayores que están siendo vacunados.

Esta pandemia trajo de su mano otra crisis económica de gran envergadura que se traduce en paro y cierres de empresas y que mantiene a cerca del 50% de nuestros jóvenes en la inactividad laboral. Para empezar bien el año el gobierno anuncia subidas varias de impuestos que afectan a los combustibles, a los seguros o a los refrescos, entre muchos otros, que atacan directamente al bolsillo de los ciudadanos de a pie. Una espectacular subida de la luz que profundiza en la pobreza energética de muchas familias que se protegen con mantas de las bajas temperaturas. Quizá para probar la efectividad de esta defensa llegó Filomena que nos enterró en nieve y encerró en el aeropuerto de Madrid a miles de viajeros que esperaban una acción del ministerio de fomento que no llegó. Todo esto junto y mucho más es lo que estamos soportando con resignación todos y cada uno de nosotros, quizás convertidos involuntariamente en conejillos de indias de algún iluminado que llegó a la conclusión de que aguantamos todo y más y pensó: os vais a enterar. En el gobierno hay quien piensa que cuanto peor, mejor y mientras crecen, también, las colas del hambre y se acaba nuestra paciencia. Piénselo.

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