¡Vacúnese quien pueda! Por Carlos Marcos Blanco

Empresario y Pedagogo

Como la ciudadanía vivimos estos tiempos muy tranquilos y sin sobresaltos estamos dispuestos a aceptar nuevas sensaciones que nos sigan alegrando la vida cada día. Por si alguien no reparó en ello, generar alarmas es lo último que necesitamos para recomponer, en la medida de los posible, nuestra ya muy deteriorada moral. Y lo más incomprensible es que las malas noticias vienen amplificadas desde el mundo de la política. Mientras el pueblo aguanta, con un alto grado de resignación, la tempestad que tenemos encima, algunos políticos se dedican a apagar fuegos con gasolina sin medir el sufrimiento que producen. Todos tenemos asumido que esta pandemia tiene dos soluciones, una activa y otra pasiva. Esta última consiste en un confinamiento domiciliario no deseado por nadie que, al mismo tiempo que evita contagios hunde la economía y es una fábrica de paro y pobreza además de la pérdida de libertades que, como es evidente, no todo el mundo está dispuesto a soportar, Y la primera opción, la activa, pasa por un plan de vacunación masiva que pueda vencer al virus y devolvernos la vida que la aparición de este nos robó. Y cuando estamos en eso y se consiguieron vacunas en un tiempo récord, asistimos a un esperpento propio del medievo. Por una parte, se nos oculta el contenido de los contratos con las farmacéuticas que ponen problemas para la entrega del fármaco y frenan irresponsablemente el plan vacunal.

La todopoderosa Unión Europea se ve sometida a los caprichos o intereses espurios de las empresas que cicatean vacunas en Europa mientras riegan a Israel o Reino Unido bajo las premisas del peor capitalismo, el más insolidario que fija prioridades en función de la cartera de su cliente sin respetar compromisos adquiridos. En su día tendremos que saber quién y cómo negoció esos contratos que permanecen ocultos para salvaguardar no se sabe qué intereses. Y por otra parte la picaresca española que, aunque residual, se ve aumentada por las luchas políticas más obscenas e inoportunas en unos tiempos tan difíciles. Algunos alcaldes y alcaldesas se han colado en el protocolo establecido y se han adjudicado vacunas que no les correspondían pasando a formar parte de “la lista de los listos” que han acreditado su falta de escrúpulos y su egoísmo enfermizo que, por otra parte, los y las inhabilita para ejercer poder en la cosa pública, que dirían los clásicos. Merecen reproche social e incluso escarnio, pero lo cierto es que el sistema los detectó y los denunció y, los que tenían un poco de vergüenza dimitieron y otros ni eso. Siendo esto cierto, lo que no se puede hacer es trasladar a la opinión pública la sensación de que esto es un coladero porque no es verdad y es exactamente lo que hacen algunos políticos oportunistas que se lanzan al cuello de su adversario sin reparar en lo que tiene en casa. Si hacemos una tarta demoscópica sobre los porcentajes de “listos y listas” en función de su color político vemos como, casi la mitad de los que se colaron pertenecen al Psoe y en la otra mitad hay populares, independentistas y otros. Por eso sorprende que los socialistas gallegos pongan el grito en el cielo por la alcaldesa de Boimorto, otra lista, que tras beneficiarse de una dosis que no le correspondía, fue reprendida por su partido y a la que le quedan dos días en su cargo.

Al presidente provincial del Pp coruñés no le tiembla el pulso a la hora de depurar conductas inaceptables, así lo tiene acreditado Diego Calvo a lo largo de su ya dilatada carrera política. Incluso alguna asilvestrada llegó a insinuar la dimisión de Feijoo por este hecho aislado. No me imagino al presidente llamando a una alcaldesa animándola a colarse. Equivocan el mensaje los que jueguen a esta forma basura de hacer política, es el momento de decir que el sistema funciona y que el que la hace la paga eso sí, sea del color que sea. Nunca se podrá evitar la existencia de pillos y pillas, pero no nos vendan que esto es el salvaje Oeste porque eso puede tener consecuencias indeseables.

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