El ámbito personal y el ámbito público. Por Iñigo Landa Larrazabal

La portavoz de EH-Bildu en el Parlamento Vasco, Maddalen Iriarte, asegura que no tienen nada más que decir sobre el caso de Miren Larrion, la dimitida portavoz de EH-Bildu en el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, dado que la investigación policial de la que está siendo objeto por un supuesto caso de usurpación de identidad es un «asunto personal».

De esta forma, Iriarte sigue el argumentario establecido que viene a decir que EH-Bildu ha sido «clara» en torno a este extraño asunto «desde el primer momento» y vuelve al mantra del «ámbito personal» y hasta ahí puedo leer. Punto Fin de la cita. Fin de explicaciones.

Pero ¿Es de «ámbito personal» un asunto que tiene a la población de Vitoria-Gasteiz desconcertada y atónita? ¿La comisión de un par de presuntos delitos por parte de quien ha sido dos veces candidata a la alcaldía (y hasta hace dos días ha sido la cabeza visible de EH-Bildu en el Ayuntamiento gasteiztarra) es un asunto de «ámbito personal«? A mí me da la impresión de que ese «ámbito personal» trasciende al «ámbito público» ya que, la principal representante de la formación en la capital de Araba -presuntamente- sustrajese el DNI y/o la tarjeta bancaria a una compañera de partido (también con cargo público), para la comisión de, al menos, dos presuntos delitos, no me acaba de «sonar» a una esfera de la vida privada de Larrion.

Esa ausencia de explicaciones y ese silencio alimenta todo tipo de dudas y conjeturas. Ciertamente es extraña esa falta de explicaciones por parte de EH-Bildu sobre Miren Larrion y la apertura de una cuenta opaca. En realidad no deja de ser un varapalo importante, un torpedo en la línea de flotación de esa sutil estrategia diseñada para «blanquear» una marca con unos antecedentes que hacen sonrojar a cualquiera.

El mutismo total en el que se ha imbuido EH-Bildu solo alienta sospechas para unos y perplejidad para otros. Solo cabe preguntarse por los motivos que han llevado a una política reconocida, a darse de bruces con la apertura de una cuenta opaca. Y es en el «ámbito personal» donde EH-Bildu quiere situar este embrollo a pesar de que las actuaciones de quienes representan a los partidos políticos en las Instituciones forman parte de una misma moneda con doble cara: el «ámbito personal» y el «ámbito público«.

En cualquier caso, la manifiesta falta de explicaciones de quienes, muchas veces, se han erigido en férreos defensores de la transparencia y las buenas conductas denota, como poco, una dudosa o nula coherencia.

Quizá era el momento de saldar viejas cuitas ya que Larrion no era nueva para las viejas siglas a raíz de la brecha abierta en su día con Arnaldo Otegi con motivo de «osar» criticarle sobre el reducido número de mujeres que integraban (e integran) una Dirección política nacida en el Congreso de refundación de EH-Bildu. Y ese tipo de críticas se apuntan… y no precisamente en una barra de hielo.

Y si este turbio asunto afecta, al menos, a dos personas relevantes de EH-Bildu en Gasteiz y en Araba, el caso excede del «ámbito personal» ya que no es el caso de una persona, sino de un partido. Por ello sería el momento para que EH-Bildu, que con tanta virulencia, insistencia y arrogancia exige a los demás transparencia y ejemplaridad; predicase con el ejemplo o, lo que es lo mismo, se mostrase como una formación política coherente.

No cuela eso de decir que todo este jaleo pertenece al «ámbito personal«, como que no ha pasado nada. Lógicamente, la actuación de Miren Larrion la juzgará un Tribunal pero la actuación de EH-Bildu la juzgará la misma ciudadanía (incluyendo su electorado) que ahora les demanda claridad y unas explicaciones cristalinas.

¿Cuántas veces, ante la dimisión de un adversario, han estado machacando y machacando como el rayo que no cesa, solicitando incluso, la dimisión en cadena de toda la cadena jerárquica superior? Para que me entiendan con un ejemplo reciente: El director de Santa Marina hace algo mal (vacunarse). Dimite. Pero EH-Bildu pide la inmediata dimisión de la consejera de Salud Sagardui, la del Lehendakari Urkullu y, si me apuran, la del mismísimo Sabino Arana. No dejan de ser sus habituales «tics» que pueden deberse a ciertos complejos, fobias o frustraciones.

Pues bien, siguiendo ese esquema (con su esquema) se podría pedir la dimisión de Arnaldo Otegi. En realidad sería del todo absurdo y la aplicación práctica de dar la misma medicina que uno recibe. Así, queda demostrado que, en ocasiones (en muchas), sus peticiones son igualmente absurdas.

Tampoco espero ningún ejercicio de coherencia por su parte pero, donde las dan, las toman.
Toca eso de aplicarse el cuento.

Un comentario

  • Alfonso

    Ahora EH-Bildu, echa la culpa de todo a las filtraciones de seguridad. O sea Gobierno Vasco, siempre tiene la culpa de todo.

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