El número de reses autóctonas gallegas se multiplica por 12 en dos décadas

El 8 de febrero de 2001, hace hoy dos décadas, un grupo de ganaderos, sobre todo lucenses y ourensanos, se reunió para formalizar la constitución de una federación que iba a resultar clave en la resurrección de una parte importante de la ganadería vacuna tradicional gallega que entonces estaba en declive y que ahora se halla en plena pujanza. La Federación de Razas Autóctonas de Galicia (Boaga) acogió en aquel momento a un puñado de criadores de reses de las razas cachenas, caldelás, limiás, freiresas y vianesas.

Por entonces, el riesgo de extinción de estas variedades era una realidad palpable. Por ejemplo, apenas persistía una treintena de reproductoras de la raza limiá en toda Galicia. Ahora existen más de 800 de esa variedad. En total, a finales de los años 90 del pasado siglo, en los montes del país pastaban algo más de un millar de vacas de «pura cepa gallega», asentadas en el rural galaico desde tiempos inmemoriales.

En estos veinte años, la cifra de vacas acogidas dentro de las diferentes asociaciones de Boaga se ha multiplicado por 12. En estos momentos hay de 12.630 de estas reses, cuya carne es degustada en los mejores restaurantes de España y que también cuentan con una creciente demanda entre consumidores. Cuando Boaga comenzó su labor de impulso y promoción de este tipo de vacuno, en toda Galicia apenas había 136 ganaderías centradas en estos animales. Hoy son más de 363 las que se dedican al cuidado de estas reses.

Su precio por kilo es algo más caro que el de un ternero o vaca normal por varios motivos. La razón esencial es su gran calidad, definida por un entreverado de grasa, que la hace un manjar exquisito. En su contra, figura el hecho de que son reses con un peso inferior a la de una vaca-tipo.

José Ramón Justo, presidente de la federación, cuya sede se halla en el centro de recuperación de estas reses en Fontefiz (Ourense) recuerda: «Fundamos la federación por una cuestión práctica. Había una necesidad de coordinación de las diferentes asociaciones y así empezamos». ¿El balance de las actuaciones en estas décadas? «Pienso que ha sido muy positivo. Yo estoy encantado. Hemos conseguido dos objetivos esenciales. El primero es evitar la extinción de estas razas, ya que había poquísimas en el 2000. El otro es conseguir desde hace años contar con un logotipo oficial que verifica la calidad de nuestra carne y que es un aval para el producto de cara al comprador».

Según Justo: «Hubo otro hito importante en estos años. La FAO reconoció que la de la caldelá era un ejemplo de gestión en el mantenimiento de la consanguinidad de las cabezas de vacuno».

El mercado de estos ganaderos está centrado en Galicia. «Pretendemos centrar las ventas aquí. El volumen de producción no es lo suficientemente alto como para proveer a grandes superficies comerciales, los ganaderos trabajan sobre todo con clientes finales y también con hostelería».

Como a todos los sectores económicos, la pandemia ha pasado factura a la comercialización de esta carne. «No sabemos hasta qué punto aún, pero es evidente que hubo un bajón en ventas sobre todo en la primera fase, con el confinamiento», asegura Justo.

Los retos para el futuro se centran en lograr más productores: «Hay un problema de relevo generacional, quedamos muy pocos de los que comenzamos en la federación hace 20 años. Esperamos que los términos de la nueva PAC permitan mantener las ayudas a los ganaderos y que cada vez más gente joven empiece a producir carne autóctona».

En  general, se trata de razas rústicas. Se adaptan perfectamente a climas extremos con estíos muy calurosos e inviernos de temperaturas extremadamente bajas. Soportar los 4 o 5 bajo cero que pueden caer en las madrugadas de enero o febrero en los montes de Baltar, A Gudiña, Calvos de Randín u Os Blancos no son problemas graves para estos animales. Son reses muy mansas, que en su día eran sobre todo usadas para tareas agrícolas y no tanto para su consumo como carne delicatessen. Normalmente, el sistema de explotación de estos animales es en extensivo totalmente o semiextensivo, con pastoreo diurno y noche en la explotación.

Pero no son solo vacas, la federación ampara también a otros animales «enxebres e de calidade». En el año 2007 se sumaron otros tres socios a la agrupación, los de la asociación de criadores de raza ovella galega y los de avicultores de la Galiña de Mós. Con posterioridad, en 2010, hubo otra adición, los productores de raza cabra galega. Varios centenares de cabras y ovejas de estas razas se venden cada año en todo el país.

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