Fátima Djarra Sani, víctima de la mutilación genital e integrante de Médicos del Mundo. “No podemos permitir que la práctica de la ablación del clítoris siga existiendo”

Con solo cuatro años Fátima Djarra padeció una mutilación genital. Fue en su país de origen, Guinea Bissau. Casi medio siglo después, esta activista contra esta horripilante práctica, vinculada a falsos mitos culturales, vive en Pamplona y se ha convertido en una de las principales altavoces en España contra este tipo de aberración contra la mujer. A ella han sido sometidas más de 200 millones de féminas en el mundo, sobre todo en África, Asia y Oriente Medio, según estimaciones oficiales.

En 2008, Fátima se incorporó a la organización Médicos del Mundo. Desarrolla hace tiempo una actividad de concienciación en todo el estado español en proyectos de salud sexual y de prevención de la mutilación genital femenina. La ablación en su infancia no torció su voluntad, sino que la convirtió en la edad adulta en una ferviente luchadora contra este infame delito.

Hace años escribió un libro titulado: “Indomable, de la mutilación a la vida“, en el que narra su peripecia vital. ¿Qué hacer desde aquí para prevenir la mutilación? En España ya hay varias autonomías como Navarra o Cataluña donde se han tomado medidas ejemplares para evitar posibles casos en el extranjero. Algunas niñas africanas que viajan a su país de origen deben ser revisadas por un médico antes y después del viaje. En caso de una negativa de los progenitores, el facultativo informa al servicio de protección de menores y este último traslada la información a la Fiscalía. Entre las posibles consecuencias está la retirada inmediata del pasaporte para que ese viaje no se produzca. Con todo, según Fátima, queda mucho por hacer.

¿Cómo recuerda aquella experiencia de niña?

Era muy pequeña y tengo recuerdos muy vagos. Hubo una fiesta, con mujeres bailando, y por supuesto, rememoro el dolor que me produjo. Luego, con más edad, te das cuenta de lo que realmente ha sucedido.

¿Cómo se puede prevenir y en su caso sancionar a los países que consienten las ablaciones?

Ante todo hay que decir que son etnias y no países como tales, las que favorecen estas prácticas. Se llevan a cabo en entornos rurales. En España hay un protocolo en algunas autonomías, como en Navarra, que previene que niñas que viajen a países de África o Asia puedan sufrir estas mutilaciones. La concienciación y la prevención son esenciales. Las personas residentes en España que favorezcan o consientan que se puedan llevar a cabo ablaciones de una menor en el extranjero pueden enfrentarse a penas de entre 6 a 12 años de prisión.

¿A qué edades se llevan a cabo?

-Depende de la etnia y de la zona donde se realiza. En algunas se comete en la etapa de lactancia. En otros casos entre los 4 y los 7 años. En otras ya con mujeres de 20 o más años.

¿Desde cuándo existe esta aberración?

-Desde tiempos inmemoriales. Hay varias teorías al respecto, pero hay que dejar claro que ni el Corán, ni la Biblia ni ninguna religión incita a la mutilación genital de la mujer. La base de todo es el patriarcado desde hace milenios. La obsesión de determinadas etnias en controlar a la mujer y su sexualidad como una forma de dominio hacia las féminas.

¿Qué sentimiento religioso o cultural valida una agresión de este tipo a niñas pequeñas?

-Insisto en que no hay un contenido específicamente religioso vinculado a la ablación. Se trata de que en determinadas áreas la sociedad acepta como normal esta práctica. El hecho de que en zonas de, por ejemplo, Senegal, se realice, no quiere decir que el estado senegalés las apoye. Hay una prohibición expresa del Parlamento Africano de 2016 que condena estas mutilaciones; pero en la práctica los estados no ponen el presupuesto necesario para campañas de concienciación, prevención y, en su caso, castigo de estas mutilaciones.

¿Cuántas niñas están en situación de riesgo cada año?

-Hay estudios que evalúan en 200 millones las ablaciones realizadas y algunas estimaciones evalúan que en 2030 puede haber hasta 300 millones. Eso supone que se cometen unos 3 millones de ablaciones en el mundo cada año. De todas formas, son cálculos muy difíciles de realizar, en la práctica pueden ser más.

¿Es útil la realización de charlas y talleres de concienciación a la ciudadanía?

-Sin duda. En 2008 no había prácticamente asociaciones de mujeres africanas en España que abordaran esta cuestión y que mentalicen a la sociedad. Hoy en día ya somos bastantes. Se ha evolucionado mucho en este país contra la ablación, pero no podemos consentir que esta práctica siga existiendo. Las charlas, conferencias y talleres hacen un efecto multiplicador en esa concienciación general. Toda la ayuda que se nos pueda dar es bienvenida.

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