Alberto Garzón, titular del Ministerio de Humo y Promesas. Por Iñigo Landa Larrazabal

El titular del la Cartera de Humo y Promesas, Alberto Garzón, sobre la regularización fiscal del Borbón fugado, nos dice en Twitter que: «Llama la atención la de sorpresas que nos llevamos cada mes con los oscuros -y se ve que también ilegales- movimientos financieros realizados desde la institución que debiera ser la más fiscalizada de toda la democracia, por ser la más protegida y privilegiada: la monarquía«.

Enternecedor pero, ¿Ante quién ha jurado el cargo este republicano por horas? Lógicamente, este tipo de políticos de bajo perfil hacen lo que sea para pisar moqueta y para llevarse a casa una pasta considerable por no hacer nada. Y nada es absolutamente nada. De hecho, por su cuenta y mérito no sería ministro y, más que probablemente, ni tendría un escaño de diputado.

Alberto Garzón prometió la eliminación del juego o al menos su marginación a altas horas de la madrugada. Y ni uno ni otro: La publicidad de las casas de apuestas sigue en el prime-time televisivo y la regulación de la radio se ha circunscrito únicamente al mensaje. En eso quedan sus promesas: En humo. Para que lo comprendan mejor de una forma gráfica: En una cadena de televisión privada le hicieron una entrevista que tuvo dos cortes publicitarios. En el primero solo hubo tres anuncios y los tres de casas de apuestas. No se si se lo hicieron adrede pero, no se atrevió a decir ni mú.

Su proyecto de Real Decreto de Comunicaciones Comerciales de las Actividades de Juego ha sido acogido con decepción entre amplias capas de la sociedad que esperaban una prohibición de la publicidad del juego similar a la del tabaco en «Marca España» pero este señor solo piensa en moqueta y coche oficial. Por eso se juntó con los que llamaban «La Casta» al resto: Para medrar.

Pero la suciedad del juego no es la única inmundicia intelectual que se le presume a Garzón, que no dijo ni ‘esta boca es mía’ cuando se destapó que Izquierda Unida había elaborado un argumentario insultante contra su eurodiputado Javier Couso, disconforme con la gestión del líder.

Estoy completamente convencido de que Julio Anguita se avergonzaría de la senda que ha tomado ese trepa y cuatro colegas a los que ha enchufado en su Ministerio para promocionar las verduras de temporada (como la lechuga). Y «El Califa» se avergonzaría porque sabía cuál era el verdadero problema: El sistema oligárquico de partidos que existe en la actualidad y del que, evidentemente, Garzón ya forma parte y parece a estar más a gusto que un arbusto.

 

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