El 86% de los niños y niñas refugiados sirios no quiere regresar a su país

Un análisis de Save the Children, con entrevistas a más de 1.900 niños y niñas desplazados dentro y fuera de Siria, señala que dos de cada cinco sufren discriminación y no tienen acceso a la educación

Tras 10 años de guerra, la gran mayoría de la infancia siria no puede plantearse un futuro en su país según el nuevo análisis Anywhere but Syria realizado por Save the Children, que incluye entrevistas a más de 1.900 niños y niñas desplazados y a sus familias dentro y fuera de Siria. El 86% de los niños y niñas refugiados sirios entrevistados en Jordania, Líbano, Turquía y Países Bajos no quiere regresar a su país de origen. En cuanto a la infancia desplazada dentro de Siria, uno de cada tres preferiría vivir en otro país.

La infancia siria que tuvo que huir de sus hogares tiene dificultades para sentirse segura en los países de acogida: alrededor de dos de cada cinco niños y niñas encuestados explicó que sufre discriminación y falta de acceso a la educación. Muchos sienten que no tienen voz sobre su futuro.

La semana que viene se cumplen 10 años desde que las protestas en Siria desembocaron en una cruenta guerra que ha matado a cientos de miles de personas, ha desplazado a millones de niños, niñas y a sus familias y ha diezmado la economía y las infraestructuras del país. Una infancia rota, desarraigada, que no conoce lo que es tener un hogar.

«Ya sea dentro o fuera de Siria, la infancia afectada por este conflicto sigue luchando por sentirse como en casa donde están. En estos 10 años de guerra han perdido su infancia, pero el mundo no debe permitir que se les robe su futuro. Este conflicto tan prolongado ha generado miedo y pesimismo sobre la capacidad que tienen para construir sus vidas en un país marcado por la guerra: los niños y niñas necesitan sentirse seguros y generar un sentimiento de pertenencia en las comunidades en las que viven», señala Jeremy Stoner, director regional de Save the Children para Oriente Medio y Europa del Este.

El análisis Anywhere but Syria, el mayor trabajo de investigación de este tipo realizado por Save the Children, concluye que:

– Sólo el 3% de los niños y niñas encuestados en Turquía, el 9% en Jordania y los Países Bajos, y el 29% en el Líbano quieren volver a Siria.

– Preguntados por su mayor deseo para el futuro, el fin de la violencia en Siria (26%) fue lo más mencionado por todos los entrevistados, seguido de la educación (18%).

– El 44% del conjunto de niños y niñas aseguró haber sufrido discriminación en su barrio o en el colegio. En Siria, el porcentaje fue mayor con un 58%.

– Un 42% no está acudiendo al colegio, con porcentajes que varían en función de los países: solo el 31% tenía acceso al aprendizaje en Líbano frente a un 49% en Jordania.

«Después de 10 años, nuestro futuro está marcado por la guerra. Nuestra vida en Siria es difícil, nuestra casa fue destruida y ahora vivimos en una tienda de campaña. Me gustaría vivir en cualquier otro país que no fuera Siria, un lugar seguro donde haya colegio y juguetes. El sonido de los perros me asusta y la tienda no es segura», relata Lara de 7 años. Hace tres años, esta niña se vio obligada a huir de su pueblo natal y tras varios desplazamientos, ahora vive con su familia en un campamento en Idlib.

De todos los niños y niñas que han participado en la investigación, los desplazados dentro de Siria eran los que sentían menos vínculos con sus comunidades. A pesar de estar en su país de origen, eran significativamente más propensos a señalar que habían sufrido discriminación frente a otros niños y niñas en Jordania o Líbano.

Incluso antes del duro impacto económico de la COVID-19, el 80% de la población siria vivía por debajo del umbral de la pobreza. Las cifras más recientes señalan que 6,2 millones de niños y niñas sirios no disponen de alimentos. Dificultades que se extienden también al Líbano -atrapado por una grave crisis económica, la inestabilidad política, los brotes de la COVID-19 y el impacto de la explosión del año pasado en Beirut- donde, según la ONU, nueve de cada diez familias de refugiados sirios viven en la pobreza extrema.

En la encuesta, los niños y niñas también destacaron la importancia de acceder a una buena educación y el profundo impacto que tiene en su bienestar no tener acceso a ella. «Mi sueño es ser médico, pero no puedo seguir con mis estudios. Si vamos al colegio, nos intimidan y nos dicen que no nos quieren allí. Mi sueño es estudiar y ser como mis hermanos. No quiero volver a Siria, tampoco quiero quedarme en el Líbano», cuenta Nada a sus 17 años. De origen sirio, nació con una discapacidad que afecta a su sistema nervioso y actualmente vive en Akkar, en el norte de Líbano.

Por el contrario, las cifras son más esperanzadoras entre la infancia encuestada en los Países Bajos: el 70% veía un futuro positivo y todos tenían acceso a la educación. Los que querían quedarse en los Países Bajos -más de ocho de cada diez- mencionaron como razones el idioma, la educación, las oportunidades económicas y la libertad.

«En medio de una pandemia, es necesario recordar la importancia de la humanidad y la responsabilidad compartida más allá de nuestras fronteras. Si no actuamos ahora, este aniversario puede marcar de manera terrible a una segunda generación de niños y niñas sirios sin oportunidades de tener una infancia digna y un futuro», señala Sonia Khush, directora de emergencias de Save the Children en Siria.

Save the Children hace un llamamiento a todas las partes implicadas para que protejan a la infancia siria de la violencia física y psicológica que ha asolado sus vidas durante los últimos 10 años. Tienen derecho a crecer en un entorno seguro, a no sufrir desplazamientos forzosos o el miedo a un mayor desarraigo, y no pueden seguir discriminados simplemente por su lugar de procedencia.

Foto portada: Save the Children

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