El fichaje de Pau Gasol afianza el favoritismo del Barcelona para lograr la tercera Euroliga de su historia

La incorporación de Pau Gasol a la plantilla del Barcelona los convierte en los máximos favoritos para lograr, once años después, su tercera Euroliga de baloncesto. La historia culé en el máximo nivel del basket continental está plagada de traumas (mucho más que en el fútbol). Tan sólo en dos ocasiones lograron levantar el máximo título europeo. En 2003 en la propia ciudad condal el hoy entrenador Jasikevicius, Fucka y Bodiroga encabezaron el estreno de los blaugrana como reyes de Europa ante un Benetton Treviso de campanillas, con Garbajosa y Edney en sus filas. En 2010 fueron los Navarro, Rubio o Fran Vázquez los que se llevaron el gato al agua ante el Olimpiacos de Papaloukas y Childress.

Esos dos títulos se antojan poca recompensa para una larga serie de fracasos en esta competición. Todo comenzó a mediados de los años 80. El repetido naufragio culé se llevó por delante parte del gran legado del coach Aito García Reneses y de los Epi, Norris, Solozábal o Sibilio, incapaces de conquistar un título cuando eran el mejor conjunto del continente. Jugadores como Rivers, Dominique Wilkins, Villacampa y sobre todo un pipiolo veinteañero llamado Tony Kukoc y su Jugoplástica reventaron las ambiciones barcelonistas a lo largo de varias Final Four.  Ese balance se hace especialmente escaso si se compara con los 10 galardones de su máximo rival. Los diez campeonatos del Real Madrid, desde los tiempos de Emiliano, Brabender, Corbalán o Sabonis, llegando hasta los más recientes de Rudy, Nocioni o Doncic, siguen escociendo en el alma baloncestística de Can Barca.

En esta campaña todo puede ser diferente.  Tras la reciente final de la Copa del Rey en la que se demostró que a día de hoy los barcelonistas son más equipo que los blancos, la incorporación de Gasol supone poner la guinda a la mejor plantilla europea. El liderazgo de Mirotic, la clase de Higgins y Davies, la solidez de Claver, Oriola o Hanga, la clarividencia del base Calathes o el tiro de Abrines se complementan ahora con la llegada de un mito que puede ser decisivo en finales igualados o en partidos a cara de perro a poco que el estado físico de Gasol le respete.

Las incógnitas del rendimiento del equipo dirigido por el lituano también existen. Queda por ver el rendimiento y los minutos que tendrá el de Sant Boi en el tramo final de la temporada, ya que todo apunta a que a estas alturas y tras dos años de parón no está para muchos trotes. Su rodaje y adaptación en los dos próximos meses serán claves para comprobar el nivel competitivo global del conjunto cuando llegue la hora de la verdad.

Rivales duros no van a faltar en el camino de los catalanes para recuperar el cetro continental. El propio Madrid, ahora encabezado por el inmenso Tavares (el pívot más determinante en Europa), más los veteranos y fiables Llull, Rudy, Thompkins o Carrol supone un adversario nada desdeñable y que puede ganar a cualquiera en cualquier choque. La dinastía ganadora de Pablo Laso no tiene por qué haber llegado necesariamente a su fin pese a la actual pujanza blaugrana.

Hay otros dos o tres cocos en el camino culé hacia el triunfo. Uno es el Efes de Estambul. Los bases Larkin (nacionalizado turco) y el serbio Micic, bien secundados por otros jugadores muy solventes, pueden amargar el día al mejor rival en una noche inspirada con su impresionante capacidad anotadora. El CSKA también impone respeto. La adición del exbaskonista Shengelia a los ya habituales Mike James –una máquina en la anotación- Clyburn o el poderío reboteador del serbio Milutinov hacen a los rusos una escuadra temible. Otro que sueña con todo es el entrenador Messina, campeón del torneo varias veces y que rige a un Olimpia Milán con el Chacho Rodríguez, el reboteador Hines o el superclase italiano Datome. Su hipotético triunfo supondría reverdecer el reinado de un conjunto transalpino en Europa tras lustros de sequía.

Está por ver si el gran Gasol cierra su impresionante carrera de más de dos décadas con el único título, además del de campeón olímpico, que resta en sus vitrinas, el de la Euroliga. Eso y una nueva presea olímpica (sería la cuarta), lo asentarían definitivamente como uno de los dos o tres mejores jugadores de la historia del baloncesto europeo. Y eso no es pecata minuta.

Foto: FCB

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