El ruido es de izquierdas. Por Carlos Marcos Blanco

Empresario y pedagogo

Hay que reconocer que la izquierda tiene la capacidad política y mediática para escurrir el bulto ante la realidad y generar temas de debate que despisten al gran público para dirigirlo a controversias inútiles y lo alejen de lo verdaderamente importante. Joseph Goebbels no le llega a la altura del talón.

En un país, el nuestro, con más de 100.000 fallecidos por el Covid, con una desastrosa gestión de la pandemia, sin un plan efectivo de vacunación, con más de cuatro millones de parados y otro millón en ERTE, con miles de empresas cerrando asfixiadas por la coyuntura económica, con colas del hambre por todo el territorio nacional, con un agujero descomunal en las cuentas públicas, un crecimiento oculto del número de suicidios diarios de personas desesperadas, una Cataluña en llamas sin presencia alguna del estado para poner fin a la barbarie callejera y un gobierno mendigando los favores de proetarras, separatistas y de más asilvestrados políticos para mantenerse en el poder, con todo esto y más que ustedes conocen, han conseguido que media España se entretenga con la vacunación poco estética de Elena y Cristina. Es como si todos nuestros problemas reales, nunca mejor dicho, desaparecieran y solo la decisión personal de las dos hermanas fuera el nudo gordiano de todos nuestros sufrimientos.

Digamos las cosas como son, Elena y Cristina viajaron para visitar a su padre, el rey emérito y, una vez allí, se les ofreció la oportunidad de vacunarse, ellas aceptaron según cuentan, para poder visitar a su padre cuando quisieran. Y hasta aquí la verdad de lo ocurrido. No se saltaron ningún protocolo nacional porque no consumieron ninguna vacuna destinada a los españoles, es más, han liberado dos vacunas que sí podrán ser aprovechadas por dos de nuestros conciudadanos. Los que sí se saltaron el protocolo fueron docenas de alcaldes que se colaron y que apenas dos días después nadie los recuerda, muchos de ellos ni dimitieron y pertenecen a partidos del gobierno de España.

Tampoco nos ocupa la niñera de Pablo Iglesias e Irene Montero que con dinero público se dedica a cuidar a sus niños o la ley que impulsan desde Podemos para que un niño o niña menor puedan cambiar de sexo a su libre albedrío con tan solo declarar que es su deseo en ese momento, en nada habrá “mujeres” operándose de próstata, la ciencia y la naturaleza no son obstáculo para las ocurrencias de los podemitas. El acto de las hermanas del rey es opinable, como todo y si hay algún delito adelante con la justicia, la misma que llevó a la cárcel a Urdangarin, pero tanto ruido forzado con este tema puede confundir a unos cuantos y un tiempo, pero no a todos y menos para siempre. En España la verdad ha perdido todo su valor, las redes se encargan de difundir todo tipo de bulos que generan opinión y que llegan a convertirse en tendencia centrando nuestra atención en debates estériles que profundizan en nuestros enfrentamientos y complican absurdamente nuestra convivencia. Parece que todo da igual y, como dijo Albert Einstein, “cuando todo te da igual, es que haces mal las cuentas”.

El camino que llevamos no es correcto y, más pronto que tarde, nos toparemos de nuevo con la cruda realidad. Para entonces, los que nos metieron en este lío habrán desaparecido, quizás ocultos en dictaduras de países latinos que tienen experiencia sobrada en arruinar países y pueblos y a los que parece que algunos pretenden imitar a costa de nuestro dolor y del futuro de nuestros hijos. Algún día sabremos la verdad de quien se ha vacunado saltándose todos los protocolos y hurtando, ahora sí, las vacunas a sus compatriotas. Y yo les pregunto, si ustedes viajan a un país, legalmente, y les ofrecen una vacuna, ¿la aceptarían? Sean sinceros y combatan el ruido, otra vez Einstein nos hace una reflexión que merece la pena.” la mente es como un paracaídas, solo funciona si está abierta”. Abran sus mentes y no se dejen contaminar por el ruido.

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