A Coruña ya tiene dos faros que vigilan el mar. Por Raúl Vilanoba Fernández

A Coruña está de enhorabuena, entre otras cosas ya tiene dos faros. Uno es de sobra conocido por todos, iluminó y protegió barcos de todo tipo a lo largo de los siglos. Los Trirremes de julio cesar, los Drakkar vikingos, y hasta vio huir a la contraarmada de Drake. Algunos barcos como el Urquiola o el Mar Egeo quisieron cegar su luz con su mierda negra. Pero ahí sigue impertérrito.

Ahora otro faro acaba de ser encendido en honor de ”Titanius”, le dieron luz el pasado lunes 22 de marzo, con la presencia de la alcaldesa, Inés Rey. Los momentos más emocionantes fueron las palabras y lágrimas de sentimiento de Chicho Torreiro.

Encendieron de momento una chispa, es pequeña, pero que amenaza con tener una luz que también se verá desde muchas leguas y años. Esta chispa se encendió para colocar una placa en homenaje a Roberto Fariña, Tito, o noso “Titanius”. Esta placa se colocó en la Fuente de los Surfistas, atalaya inmejorable para ver el pico del Matadero, donde tan buenas olas cogió o disfrutó Tito a lo largo de los años.

Este evento fue organizado por el club “Lobos de Mar”, con Hugo Chas a la cabeza,  coincidiendo con el setenta y cinco aniversario del nacimiento do “noso” Tito. No se quiso dar publicidad al acto por circunstancias de la pandemia, aunque yo tuve el honor de ser invitado.  Allí pude ver a surfistas legendarios como el propio Chicho Torreiro, o Vicente Irisarri, “shapers” como Fernando Calvo, de la marca de tablas Razo. O fotógrafos de prestigio como Gonzalo Cueto, o Vari Caramés, además de personas muy cercanas a Tito de varias generaciones, que sería imposible nombrarlas a todas.

Esta pequeña luz que fue encendida, ya la están soplando Fernando Buitrón y Rolando para que se vea también desde muy lejos y nos avise de las marejadas del Noroeste, que vengan acompañadas de viento Sur y que puedan entrar.

Ahora ya están los tres, Fernando, Tito y Rolando en la atalaya con “ojo avizor”, para que no se pierda ninguna de estas marejadas.  Sé que nos susurrarán al oído, “cuidado, entran olas”. “No tomes más cervezas, porque mañana hay que madrugar para surfear”.

Este artículo no quiero finalizarlo sin recordar, que en febrero del 2020, un mes antes de esta maldita pandemia, tuve que acompañar a mi mujer al hotel Trip María Pita, a una reunión y llamé a Tito. Quedamos para tomar café en la terraza del Bar Pataca, al lado del hotel.  Estuvimos recordando mil batallas y aventuras, hablando, entre otras cosas, de las tablas con las que surfea nuestro amigo el Painter. Yo sabía que Tito tenía trabajo, pero aun así, compartió conmigo más de dos horas de plácida conversación mirando el mar.  Ese privilegio y ese honor, no consigo quitármelo de la cabeza. Tito, porque además fue la última vez que te vi.

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