El mar, la mar, el puerto. Por José Manuel Dapena Varela

Abogado

Mar, el mar, la mar. Creo que “mar” es una de las pocas palabras ante las que el corazón de mi admirado Arturo Pérez Reverte no fibrila aunque la lea precedida de los artículos determinantes “el”, “la”, o de ambos. Dicho sea, obviamente, con una sonrisa en el rostro y sin mayor alcance entre líneas.

No pretendo sumergirme ahora en debates sobre lenguaje no sexista inclusivo, ni profundizar en los matices sentimentales de “la mar” y “el mar”. Mi propósito es más humilde y sencillo. Solamente quiero hablar (¡ahí es nada!) de pasado, de presente, de futuro; en A Coruña: con el mar, la mar, el puerto. ¿Puede la Economía prescindir de la Poesía?

Para quienes somos de costa, constituye un privilegio impagable gozar de las ventajas que para el espíritu supone poder asomarse al agua infinita, la Mar Océana: desparramar la vista entre olas y espuma; intuir al amanecer los primeros rayos de sol asomando del agua; ver desaparecer al astro de fuego engullido por el horizonte marino. Hipnótico. Cada día con un matiz nuevo, con un color distinto. Cazar con la mirada instantes mágicos.

El mar trae, el mar lleva. Crece en la pleamar y mengua en la bajamar. La misma masa de agua muestra su fuerza en la tempestad y su sosiego en la calma chicha.

Mis recuerdos de infancia están impregnados de salitre, de la visión de decenas de barcos pesqueros atracados en los muelles; de mercantes descargando, de grúas en movimiento. Tiempos en que para los coruñeses deambular por el puerto era tan habitual como pasear por la calle Real o los Cantones. Aromas de pescado, de redes mojadas, de restos de algas. Gaviotas ruidosas revoloteando para pillar jugosos bocados. Bullicio de lonja. También hubo días para olores a humo, para nubes negras y tacto de chapapote. Nombres de petroleros en nuestra memoria individual y colectiva: el Urquiola, el Mar Egeo, el Prestige. Los humanos no tratamos al mar como se debiera. Ni al mar, ni a su costa.

Estamos ahora en A Coruña ante un momento clave para la historia de la ciudad. Un tiempo que marcará su devenir. Tras lustros de zozobras e incertidumbres sobre su puerto y los terrenos portuarios, con pasados convenios finiquitados, toca reinventar un motor económico y de convivencia. Si la fachada de la Ciudad de Cristal era la Marina, qué postal queremos pintar con los miles de metros cuadrados que se desafectaran próximamente. Toca mojarse. Sin adanismos, con ambición y conciencia.

Retos y reflexiones. Ya no podemos elegir de dónde venimos, pero sí podemos elegir a donde vamos; recordar de dónde venimos para saber hacia dónde queremos ir. Somos hijos de nuestros padres/madres; y padres/madres de nuestros hijos. Sin conciencia del legado intergeneracional las sociedades se difuminan y desaparecen, destruida su esencia. Una ciudad que creció alrededor de un faro (nuestra Torre de Hércules) y de un puerto no puede vivir ni desarrollarse sin sus raíces marinas.

 ¿Puede la Economía prescindir de la Poesía? El tiempo lo dirá.

Se han recuperado los paseos por el puerto. Es un comienzo.

2 comentarios

  • Antón.

    No importa el artículo que precede, como es norma,al nombre: Mar se puede escribir con tan sólo un sentimiento, apreciado Dape. Más difícil es escribir el futuro de nuestra fachada atlántica, la de A Coruña, para algunos de escasa importancia si se compara con el puerto de Langosteira. Mo les importa vender terreno público, si con ello se cubren otros objetivos que no digo que no sean dignos pero sí inferiores en responsabilidad cuando se hipotecar el futuro de una ciudad se trata.
    Ese futuro se comenzó a diseñar, en mala hora, en el propio Ayuntamiento de A Coruña. Y éste ha de ser. necesariamente, el que perfile ahora su realidad si, como se pretende, al puerto local se le extrae -no solo resta- el protagonismo que le corresponde y en el que juega un papel preponderante toda la línea de costa desde O Parrote hasta As Xubias para otorgárselo a Langosteira. en el vecino concello de Arteixo sin la más mínima garantía de futuro. Es lo que pierde A Coruña, por no haber sabido negar a una Autoridad Portuaria que solo ha jugado su baza económica de puerto en depresión ante el afán desmedido de quien veía perder su concepción de Ciudad-Estado, No vale, apreciado amigo, llorar como mujer lo que no se ha sabido defender como hombre, remedando lo que la historia nos cuenta de la entrega a los Católicos reyes de las llaves de Granada. ,
    Las llaves de A Coruña en lo social, lo económico, lo turístico y lo histórico están en el puerto, en SU puerto. El de Langosteira no le corresponde. Tan solo es el resultado de la megalomanía de unos personajes que han jugado en contra de todos y cada uno de esos conceptos que cito para resaltar el valor y el poder de unas llaves.

  • Dionisio de Ana prieto

    La poesía es suficiente por si misma. Vive con solo mirar a su amada: la mar. La economía, no es cosa mía. Ni suya.

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