No me canso. Por Iñigo Landa Larrazabal

No me canso de decir que todo empieza por algo, que las peores cosas siempre tienen un origen. No me canso de advertir que la presencia de Vox en la sociedad no va a terminar bien. Ninguna expresión de fascismo es positiva para cualquier sociedad. El Estado dispone de herramientas para ilegalizar a esa formación ultra: La Ley de Partidos que ya utilizaron cuando les convino. Sobre este particular, no hay que perder de vista cuando ilegalizaron a la Izquierda Abertzale dejando a miles de ciudadanos sin poder votar a cualesquiera «marcas electorales» utilizados por ellos. Yo evidentemente, no les he votado (ni les voto) pero soy plenamente consciente que aquélla ilegalización auspiciada bajo el paraguas del «todo es la ETA«), propició un anómalo pacto electoral entre el PP vasco de Basagoiti y la sucursal socialista vasca cuya conclusión fue la designación de Patxi López como Lehendakari.

Siete días antes, en el cierre de campaña en el BEC de Barakaldo, López, que ya estaba metido hasta las cejas en esa operación para desalojar al candidato más votado (el Lehendakari Ibarretxe), afirmó ante centenares de asistentes a ese mitin que él jamás sería Lehendakari con el apoyo del Partido Popular. Una semana después cambió de idea. Yo no le pediré cuentas por ello ya que, de hacerlo, los apropiados deberían ser sus electores… a los que mintió.

Bien, pues de la misma forma que se ilegalizó a una formación política se puede hacer con otra, aunque soy consciente que retroalimenta al PSOE y significaría la total ruptura de «la derechita cobarde» por lo que es una petición que simplemente servirá para decir en un futuro no tan lejano eso de advertidos, ya estaban. No interesa al PP ni al PSOE porque miran más por sus réditos electorales que por el futuro de esa sociedad que tanto dicen defender.

Vox ya se ha quitado la careta: Es una formación ultra que fomenta el fascismo, la xenofobia, el racismo, el gerracivilismo, el odio y otra serie de negativas banderas ideológicas, además de ejercer sin tapujos la defensa de la apología franquista. Lógicamente lo disfrazan como férreos constitucionalistas y defensores de la monarquía pero no es más que una careta que les garantiza su legalización aunque pateen esa Constitución «Marca España» a diario.

No hace falta que exponga qué suele ocurrir cuando dejas crecer al monstruo y ya no puedes controlarlo. Después vendrán las lamentaciones por lo que nunca sobra repetir constantemente la existencia de ese potencial peligro al que hay que tratarle (cordones sanitarios al margen) como un cáncer que ha de ser cortado antes de la metástasis.

Y no se esconden. El famoso cartel en el Metro de Madrid no es más que una expresión racista. Hasta a «la derechita cobarde» de Ayuso le ha parecido excesivo pero no porque no piensen lo mismo, sino porque discrepan en el número de esos «MENAS» y sobre la cantidad que perciben según Vox. Es normal: Reconocerlo sería dar por válida la existencia de una nefasta gestión por parte del Gobierno de Madrid. Pero no se engañen… Sólo es por eso. En el fondo piensan exactamente igual.

Está claro que si un «MENA» trabajase un solo mes ya habría trabajado más que el ultra Abascal en toda su vida. Pero tampoco voy a amplificar los mensajes neo-falangistas de esa banda organizada de nazis.

Por enésima vez, conste la advertencia. Que luego nadie diga que no fue avisado.

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