Pau Gasol afronta su penúltimo reto en la Euroliga antes de ir a Tokio a luchar por el oro

El que para muchos es el segundo mejor deportista masculino de la historia de España (obvia decir que Rafael Nadal es el primero)  afronta este fin de semana el penúltimo reto de una carrera tan larga como gloriosa. Pau Gasol intentará a partir del viernes pelear en Colonia por conseguir uno de los pocos títulos del que carecen sus vitrinas, el de campeón Europa de clubes.

El desafío de la Euroliga ha sido hasta ahora un imposible para Gasol por su trayectoria vital y deportiva. En 2001 se fue a la NBA. Jugó en Memphis, Lakers, Bulls, Spurs y Portland. Allí alcanzó dos anillos junto a Kobe, fue varias veces all star, y se ganó el respeto de una liga superexigente. En unos años su camiseta será colgada y retirada en el Staples Center y entrará en el Hall of Fame  USA, junto a su hermano Bryant y al lado de los Jordan, Jabbar, Bird, Magic… El Olimpo del basket mundial.

Luego está lo otro. Las hazañas de casi todos los veranos durante dos décadas. Con la selección española logró un título mundial, tres medallas olímpicas y preseas de oro, plata y bronce europeas por doquier. Una trayectoria inigualable. Muy pocos baloncestistas del viejo continente tienen tal palmarés, por no decir ninguno.

Pero los titanes siempre quieren más. Nadal va en breve a matarse en París por su 14 Roland Garros. ¿El motivo? No es ni la fama, ni el dinero, ni el ego. Es la pasión. Es lo que mueve a los mitos a seguir sudando, a entrenar con la pata medio coja si es preciso, a vibrar tras una ovación después de un mate o un buen revés. Lo fácil sería disfrutar de la fortuna acumulada merecidamente y de mansiones y yates en Miami, Marbella o Montecarlo…. Pero esta gente es diferente.

Gasol va a por la Euroliga. Son dos partidos. El primero es con el Olimpia de Milán del coach Messina. Muy buen grupo. Sergio Rodríguez es el cerebro. El renacido exbarcelonista Delaney es el ejecutor. Datome pone la lucha y la clase desde el 3 o el 4. Los complementos son muy buenos. Un conjunto temible en suma, pero ligeramente inferior a la gran plantilla barcelonista.

La final puede ser contra el Efes o el CSKA. Es posible que sean los moscovitas.  Del lado turco sus dos anotadores Larkin o Micic (ambos con rumbo a la NBA para el siguiente curso) aguardan. Del lado ruso, el ex baskonista Shengelia, el rocoso pivote serbio Milutinov o el talentoso Clyburn también están con el colmillo afilado. Ellos son los últimos campeones, conviene no olvidarlo.

Si Gasol juega los 15 minutos de calidad a los que nos tiene habituados desde su retorno a la ciudad condal, si Calathes dirige con su tino habitual, si Davies domina el rebote, si Higgins, Abrines y Kuric meten los triples y si el equipo defiende como sabe, esta Final Four debería tener color blaugrana.

Tras eso, solo quedaría el desafío casi imposible. El oro en Tokio con el team español. Salvo lesión, Scariolo va a convocar a Pau sin duda alguna. A priori, y a falta de conocer el equipo USA (habrá deserciones de no menos de 10 de las grandes estrellas americanas, no les quepa duda); los estadounidenses, Serbia y Francia son los grandes rivales. Si al final no se logra el título olímpico, buena sería una medalla de cualquier color. La cuarta para el de Sant Boi.

¿Y luego? Vete a saber. Quizás un alto cargo en organismos olímpicos nacionales o internacionales… o lo que Pau quiera. Él sabrá y decidirá.  Y lo hará con acierto, como siempre.

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