Reflexiones de Manuel Tato. Manuel Cores (Chocolate) perdurará siempre en la memoria de quienes lo conocimos

Recientemente se ha grabado en el Monte de San Pedro de A Coruña un programa de “MasterChef Celebrity”  y vino a mi memoria una persona, que ha sido todo en la restauración gallega, no solo por sus cualidades culinarias, sino por su bondad de corazón. Sería imposible contar el número de amigos de Manolo Cores, lo mismo compartía mesa y mantel con un presidente del gobierno, o con un cantante de reconocido prestigio internacional, toreros, artistas, etc., que acudían a su restaurante a saborear las exquisiteces salidas de los fogones de su cocina, como con sus amigos. «Mis amigos son mi tesoro», solía decir con frecuencia.

Tuve la suerte de gozar de su amistad. La génesis de nuestro primer encuentro arranca en el verano del año 2002. Por motivos profesionales, tuve que visitar la zona de Vilagarcía de Arousa, la curiosidad por conocer el restaurante “Chocolate” de Manolo Cores, me llevó hasta el lugar donde se encontraba, en Vilaxoán (Vilagarcía).

Con mucha ilusión e incertidumbre entré y me presenté a Manolo Cores (Chocolate), una sonrisa de oreja a oreja por su parte y yo perplejo ante su amabilidad, me desinhibí.  Nos dimos un fuerte apretón de manos y me invitó a comer en su mesa, la de los amigos, como decía, situada al fondo del local. Un par de vinos de la tierra, Albariño y surgen las anécdotas que yo escuchaba embelesado, cuando hablaba de Julio Iglesias, Adolfo Suárez, Albor, Fraga, Marcelino Oreja, Paco Vazquez, deportistas como Manolo Santana. y otras personas del mundo de la ciencia, cultura,  cine, futbolistas, toreros, personajes que han alabado en todos los lugares los manjares del restaurante “Chocolate” .

A pesar de las grandes amistades que había granjeado a lo largo de su vida profesional, el éxito no se le había subido a la cabeza, era un hombre humilde y gozaba comiendo con los amigos en su rincón preferido, la mesa del fondo del restaurante.

Me preguntó dónde pernoctaba y ofreció habitación en su hotel mientras estuviese en la zona trabajando, mi sorpresa es que a la hora de comer me dijo, «pagarás como menú, pero comerás como un marqués, no te faltará de nada». Así era Manolo Cores, amigo de los amigos.

Empanadas de maíz y de trigo era su especialidad, fideos con almejas, más allá de esos grandes camarones y pescados de la ría, o sus grandes chuletones. Las sobremesas eran espectaculares, contaba mil anécdotas y enseñaba fotografías, guardadas en el cofre del sentimiento, como si fuese su tesoro, que ensañaba con orgullo.  «Manu, si yo hablase ganaría mucho dinero en televisión, pero a mis amigos no los traiciono”. Hablaba de Adolfo Suárez, su gran amigo, todos los veranos acudía a comer con su familia, de Julio Iglesias y su amor en ese momento» La flaca», de Álvaro Cunqueiro, de Pucho Boedo, de cientos de personas y anécdotas allí vividas, de cómo entrenó al mítico boxeador gallego ya desaparecido » Pantera Rodríguez».

Manolo era un referente en las fiestas de Vilaxoan, una persona querida, siempre dispuesto a colaborar y ayudar a todo el mundo. Hablaba sin parar del que fuera presidente del gobierno Adolfo Suarez, estaba triste porque empeoraba su salud, mientras yo atónito miraba y revisaba fotografías de valor, hoy incalculable. Comentó sus viajes a América y como abrió varios “Chocolate” con Julio Iglesias.

Entre las anécdotas una me llamó la atención, protagonizada por Julio Iglesias. Manolo recibe una llamada a altas horas de la madrugada, le diferencia horaria es de ocho horas, era para encargarle almejas, las más grandes, dijo Julio. Viajaron en la cabina de un avión directamente al cumpleaños de Nancy Reagan, esposa del que era presidente de los EE. UU. Ronald  Reagan,  como regalo de Julio Iglesias a la Primera Dama de América. Esa noche Manolo se había levantado con el despertar del alba y recorrió medio muelle para que comprar las mejore almejas, así lo hizo y se las envió a su amigo Julio.

Acostumbraba a sentarse a comer en el Refugio con Paco Vázquez, el que fuera alcalde de A Coruña. Tenían grandes sobremesas, les unía una gran amistad.

Tras la operación que le hicieron a Monolo Cores, su salud se complicó y ante la gravedad me dirigí al Parrote, a la casa de Paco Vázquez para informarle de la situación en la que se encontraba su amigo, el ex alcalde y su señora me recibieron en su casa, perplejos ante la noticia. Como buen amigo fui a visitarlo al hospital Montecelo (Pontevedra), una sonrisa de oreja a oreja iluminó su cara cuando me vió.

Manolo Cores, (Chocolate) hizo la “mili” en A Coruña, se enamoró de su encanto y era un coruñés más. Su afición al Deportivo traspasaba los límites del fútbol, heredado por su sobrino Albi Cores. Nuestras conversaciones giraban en torno al primer equipo coruñés, teníamos grandes charlas de fútbol. Al Celta lo llevaba en su corazón, pegado al RC Deportivo. Los veteranos del Celta se reunían con frecuencia en “Chocolate”, la última vez que hable con él, en referencia a las comidas con exjugadores del Celta, me dijo» Manu, cada vez vamos menos y van muriendo, nos queda menos”

Pronto encendía un pitillo a escondidas y se ponía un whisky ante la regañina de su encantadora mujer Josefa, un diez, como persona y mujer, siempre con carácter pero muy cariñosa.

La noche de un 24 de diciembre los llamé para desearle Felices Fiestas y me enteré por su mujer que la situación había empeorado, Manolo había entrado en coma, le pasé a mi madre y allí tuvieron una larga charla, era el preludio de un adiós a un grande como persona y a un gran profesional y sobre todo, a un gran amigo.  Una semana después acudí a su funeral en su parroquia natal, la Iglesia Parroquial de San Martín de Sobrán, llovía a cántaros, parecía como si las nubes llorasen el adiós de un gran hombre.

“Chocolate”, templo culinario gallego. En 1980 recibió, junto a los restaurantes Mosquito de Vigo y Solla de Poio, una de las primeras estrellas Michelín de la gastronomía gallega -el primero en recibirla fue el Hotel Palas de Vigo, en 1930-.

Luego vendrían sus aventuras en Venezuela, Estados Unidos, El Caribe. Más tarde volvería a centrarse en su restaurante de Arousa, donde gestionó su obra hasta que se jubiló en 2007, con casi 78 años a sus espaldas.

3 comentarios

  • Carlos Arias

    Grandes palabras hacia Choco y un detalle grandísimo que por lo que se ve teníais una gran amistad.

  • Serafín López Cabanas

    Sin duda un hombre de mundo y siempre bien relacionado, preciosa columna y homenaje, enhorabuena.

  • Alfonso Núñez Recarey

    Pocas cosas nos sorprenderían viniendo de tí Manu Tato el hombre de mil y una anécdotas y amistades, merecidas letras y un gran detalle por tu parte.

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