Esa «cantera» que tampoco puede abandonar el Deportivo. Por Augusto César Lendoiro

Hoy comenzarán las reuniones que determinarán el alcance real del ERE del Deportivo. Cualquiera podría pensar que la fecha la eligió el enemigo, porque es difícil encontrar una peor que la coincidente con el partido inaugural de una liga histórica para el club y clave para el futuro blanquiazul, que, por primera vez en su centenaria vida, afrontará un segundo año en una competición no profesional.
Es un ERE que parece señalar de inicio que en eso de “potenciar la cantera”, que tanto se ha remarcado desde “la propiedad”, no se incluye a los trabajadores que no son futbolistas. Me refiero a esa otra “cantera” que ha jugado un papel decisivo y ha colaborado en hacer disfrutar al deportivismo de la década más apasionante que ha vivido en la historia moderna del fútbol la afición de un club modesto y humilde, al tiempo que orgulloso.
Sin embargo ahora vemos que ni los más de 20 años de Rafa Carpacho -tras dejar su trabajo en Sabón- como Jefe de Prensa (era jefe de sí mismo, porque, aún en Champions, él era “todo” nuestro entrañable Departamento de Comunicación); ni -porque si lo anuncia El Oráculo ponerse a temblar es poco- los más de 35 años que lleva Franganillo como preparador físico, después de tener que abandonar por incompatibilidad de horarios su puesto docente en el INEF coruñés, por lo que era “El Profesor”, para un Arsenio que lo quiso llevar al Madrid y se topó con el rotundo NO de Angel. ¡Cómo no los vamos a querer!
Puede que esos no sean méritos suficientes para ascender, pero si deben serlo para mantenerse en los puestos en los que que llevan 7 ó 12 trienios, unos trienios que, según convenio, les garantizaban un buen salario. Esa fidelidad a la empresa -suena a record los más de 100 años que suman los únicos cuatro trabajadores afectados- es la que los sentencia, porque, no creo que pretendan convencernos, juez incluido, que el ahorro de esas nóminas será la solución a nuestros problemas económicos. El dinero, como siempre, está en el césped, lo demás es calderilla, y no tendría sentido que vayan a ser los asalariados los responsables de que el club se encuentre en una categoría muy alejada de la que le corresponde.
Son los Carpacho y Franganillo los “here-deros” de lamentables despidos de gestores jóvenes y brillantes del Depor y su grupo de empresas en los últimos años, cuyo único lunar negro común era que habían sido fichados por mi. Así se les fue enseñando la puerta de salida -por orden de “desaparición”- a los Alex Raña (Deportienda), José Luís D. Baltar y José A, G. Arthús (Playa Club), Miguel Gamallo (Cantera), Sergio Patiño (Deporclínica), Rafael Martín Acero (Director SARF), Jesus Martinez Loira (Tecnologías), Carmen Alsina (Escuela de Entrenadores), Fernando Vázquez, ese entrenador que, con un equipo formado al 50% en Abegondo y con cuatro millones de euros de presupuesto, nos había devuelto a Primera División … y otros muchos que harían interminable la lista.
Ya en el actual Depor no permanece ninguno de esos ejecutivos de lujo. Eran pocos pero todos MB – Muy Buenos y Muy Baratos- que iniciaron el siglo XXI formando un equipo técnico de champions, que nada tenía que envidiar al nivel del once que se dedicaba a profanar los grandes templos del fútbol europeo. La mejor prueba de ello es que han seguido triunfando, hasta el punto que hoy sería imposible fichar a algunos de ellos, ni incluso multiplicándoles por cinco lo que cobraban hace siete años. No me negarán que han alcanzado un muy buen IPC anual.
Por no quedar de mi época, ya no quedan ni traidores. Abanca, como Roma en su tiempo, decidió no pagarles más… pero se les ha ido la mano. Lo que me supondría no poder dormir -despedir a un trabajador de esa edad e historia en el club- se está convirtiendo en el Deportivo en un deporte de alto riesgo, que condena al paro a personas fieles de 50 ó 60 años y, por tanto, aún a más de 5 ó 15 años de su jubilación. Y eso, amén de muy triste, es muy injusto. Hoy aún se está a tiempo de rectificar, por lo que ruego a Abanca que aplique a la solución de estos casos excepcionales el mayor grado de sensibilidad. Gracias.

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