La travesía gasteiztarra de un venezolano olímpico. Por Iñaki Anasagasti

Un común denominador de los atletas olímpicos es su necesidad de emigrar para lograr las condiciones idóneas para prepararse. En Venezuela no hay garantías para entrenar al mejor nivel, por lo que muchos deportistas han tenido que perseguir su sueño olímpico en otras tierras.
Este fue el caso del velerista Andrés Lage, que multiplicó sus esfuerzos para conseguir una clasificación a los Juegos Olímpicos contra todo pronóstico, considerando cómo inició su ciclo olímpico.
El sueño de Lage inició en la Flotilla de Vela Club Puerto Azul, el club venezolano en el que dio sus primeros pasos. Entendió que para progresar, tenía que desarrollarse en otro país y en 2015 viajó a Madrid con Tokio 2020 como meta a largo plazo.
Arribó a Vitoria-Gasteiz, capital de la Comunidad Autónoma Vasca, con acceso a costas ideales para practicar, pero sin recursos. Ni siquiera contaba con un barco para entrenar.
Su escasez de recursos le llevó a dejar de lado la vela momentáneamente y centrarse en buscar trabajo. No uno, ni dos, sino hasta tres empleos simultáneos llegó a mantener para vivir en Gasteiz y ahorrar en aras de materializar su sueño.
En las mañanas trabajaba en una tienda de artículos deportivos, en las noches en un restaurante de comida rápida, y los fines de semana los dedicaba a dar clases de vela, su única conexión con el deporte que practicaba.
Durante dos años enteros permaneció en esa situación, mientras que el reloj olímpico seguía haciendo ‘”tic tac” y su camino se veía cada vez más difícil.
Después de sus esfuerzos consolidados durante ese período, en 2017 logró dedicarse exclusivamente a la vela. Consiguió un trabajo en la Escuela Navarra de Vela como monitor, y los fines de semana trabajaba como entrenador en Vitoria.
No obstante, su rutina no le dejaba ni un respiro para hacer entrenamientos específicos para sus competencias, así que debía asistir sin preparación.
«No tenía ni tiempo para entrenar, solo para competir. Era frustrante ver que no podía dedicarle más tiempo, porque si tenía tiempo para entrenar, no tenía para trabajar y si no trabajaba, no podía ir a competencias», relató en una entrevista para la web de Tokio 2020.
Con sus ahorros, pidió crédito para comprar y adaptar una furgoneta. En ella instaló una litera que utilizó para dormir cuando iba a competencias. Le adaptó un remolque y allí cobraba por transportar las embarcaciones de competidores de otros países. Así costeaba la gasolina para los viajes largos, la comida y los costos de inscripción. Además, ahorraba en gastos de estancia..
En 2019 tomó la decisión de centrarse definitivamente en su ruta a los Juegos Olímpicos y arriesgarlo todo. Abandonó sus trabajos y viajó a Valencia, para prepararse.
Sus esfuerzos rindieron frutos, pues logró su clasificación a los Juegos Olímpicos en la Copa del Mundo de Vela en Génova. Allí consiguió marcar el mejor registro de un venezolano en esta disciplina.
Finalmente, en 2020 obtuvo barco propio y aguardó al inicio de los Juegos Olímpicos con las dificultades que la pandemia supuso. En Tokio 2020 continuó su historia de lucha, pues a diferencia de otros deportes que acaban con una sola jornada, Vela culmina después de 10 carreras.
Lage cerró su participación en el penúltimo lugar, ubicándose en la 18º plaza de los 19 competidores con 153 puntos. Con barco propio y ya asentado en España, podría pensar en superarse a sí mismo en París 2024. Ganas, dedicación y esfuerzo no le faltan. Una pena que se haya tenido que ir a Valencia.

2 comentarios

  • Nieves Barreda

    Grande Andrés, orgullosos tus compañeros de la vela del Club Puerto Azul de tus éxitos.

  • Gloria

    Felicidadessss eres un campeón de vela y de la vida ,un ejemplo de superación y valentía . Que Dios te bendiga y provea de lo necesario para seguir con tus sueños .Te queremossssss y estamos orgullosos de ti todos los venezolanos y en especial los que tuvimos el privilegio de disfrutar de Puerto Azul.

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