Veinte años después de otra guerra. Terror y adaptación para la población. Por Jesús Antonio Rodríguez Morilla

Doctor en Derecho por la U.C.M. (Cum Laude) Licenciado en Derecho. Certificado-Diploma de Estudios Avanzados. (Fundamentos de Derecho de la U.E. y problemas actuales en el ámbito del Derecho Público). Licenciado en Ciencias Políticas. Caballero de Mérito por Real Orden Noruega

Llevamos una larga historia de intervencionismos británico y estadounidense en el orden internacional, durante los siglos XIX y XX

El poder omnímodo de EEUU como preservador del orden mundial le confiere un protagonismo casi único a pesar de sus continuas debacles en política exterior como: Vietnam; Corea; Irak; Libia, entre otras, y finalmente Afganistán.

Omitimos, el relativo al siglo XIX, por su inexistencia, ya que se lo pasaron luchado contra la esclavitud, y hasta entonces, el protagonismo correspondía a la poderosa Gran Bretaña.

Fue a raíz de la finalización de la I Guerra Mundial, y el desencantamiento del presidente Wilson por las alianzas secretas entre naciones, lo que motivó su acusación de provocar dicha guerra, junto a su desconfianza futura, el negarse a firmar como miembro en la creada Sociedad de Naciones.

Desde entonces, pudo empezar a gestarse la polémica y posterior frase: AMERICA, FIRST.

El Autor Robert Kagan, es un ferviente defensor de la política exterior estadounidense, lo cual le confiere un singular protagonismo desde su punto de vista “sobre la verdad confusa que envuelve al mundo real”.

Unas creencias de fe ciega en un ultra liberalismo intervencionista asentado, capaz de sostener una política exterior a través de los años, aunque se hable del declive de EEUU.

Este humilde Columnista con cierta experiencia internacional, se plantea al igual que otros ciudadanos en situaciones observadas desde su uso de razón política, ¿cuál ha sido o será el destino real de tantos miles de evacuados hasta la fecha, durante tantos conflictos?

Por ello, cabe preguntarse cuál será el destino final de estos infelices, cuando la memoria evanescente nos invada y nos reste la nitidez actual. De hecho, ya comienza a percibirse.

No es difícil presagiarlo: su adaptación pasará inexorablemente por el sometimiento a la fuerza actualmente ocupante.

Igualmente, junto a lo anterior, la incertidumbre o más bien pesimismo se cernirá sobre los miles de afganos que han, o permanecerán siendo olvidados por gobernantes y políticos a medio plazo, aunque en estos momentos, parece que una solución provisional podría negociarse con los talibanes a través de ayuda económica y humanitaria, a cambio del compromiso de respetar las vidas humanas de los “olvidados”.

Solicito su licencia para que reflexionemos, después del dramatismo, y semanas de caos entre los occidentales, si el “American way of life” que se viene aplicando durante las últimas décadas, es o no, lo menos malo que podemos admitir.

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