Los Romay se convierten en saga de campeones

Daniel López Romay, nieto del maestro, campeón y fundador del Judo Club Coruña, consiguió recientemente la medalla de hora en el Campeonato Gallego Sub 15, todo un orgullo para su abuelo, especializado en forjar olímpicos y campeones de España

El apellido Romay son palabras mayores en el deporte coruñés, ya sea como canterano del Deportivo, olímpico y embajador del baloncesto patrio o como pionero y maestro, en todas las acepciones del término, del Judo en A Coruña y Galicia. Pero lo que no han logrado el ahora futbolista del Pontevedra o el pívot de la Selección y el Real Madrid de los 80 es crear un legado con el sello familiar en el ADN.

Es esa la última gran alegría de Bernardo Romay, fundador del Judo Club Coruña y ahora orgulloso abuelo de Daniel López Romay, campeón recientemente proclamado campeón gallego Sub 15 en categoría de menos de 60 kilos. Resultó, además, un nueva demostración de poderío del club de formación de leyendas olímpicas como Roberto Naveira. En esta ocasión fueron ocho las medallas de oro conseguidas por los discípulos de Romay Sénior, que reivindica el trabajo de equipo y formación: «El secreto son el trabajo y la constancia: tener un club personalizado, con técnicos, preparadores físicos, entrenadores específicos a buen nivel… pudimos preparar el campeonato desde verano y a los chavales les facilitamos los entrenamientos mañana y tarde».

Pero si algo fue especial para Bernardo, acostumbrado a enseñar la que ha sido su auténtica pasión durante décadas en varios colegios de A Coruña, es el hecho de que su nieto mayor se confirme como algo más que una promesa con buenas maneras en sus ratos libres. Si uno busco en las distintas federaciones, se encontrará que Daniel López Romay es una especie de deportista total, con un papel importante en clubes de referencia de la capital herculina: se pone el kimono en el club de su abuelo, se calza las botas de tacos en el Calasanz de fútbol y domina bajo el aro del Esclavas de baloncesto. «Aún encima, es muy buen estudiante, tiene facilidad para los estudios», recalca su abuelo, que desde muy temprana edad ha moldeado su cuerpo y sus hábitos. «Tiene una preparación de judo desde los tres o cuatro añitos, cuando hacíamos físico a través de circuitos y pesas; y desde los once la táctica y técnica del judo, así que se nota una enorme diferencia a esa edad entre quienes entrenan tres horas diarias y quienes no a la hora del contacto, especialmente en estas edades que empieza a aparecer la testosterona», añade.

Ver a un niño vestido con kimono es algo que entra en la normalidad, prácticamente en la tradición de A Coruña. En todos los colegios hay pequeños judokas, pero cuando llegan a edad adulta y miran a atrás en la mayoría de los casos se queda en un recuerdo de niñez, algo para Romay Sénior tiene un claro motivo: «Una carrera empieza en infantiles, donde uno ha construido ya la base de un judoka, pero muchos lo dejan al llegar a Júnior, porque son deportes amateurs que requieren mucho esfuerzo y donde no se gana nada». Y lo dice un forjador de campeones de España, que pierde la cuenta en aproximadamente el medio centener de ellos. «En Galicia tenemos 10.000 licencias, y el 90 por ciento son infantiles. El judo les sirve muchísimo para no tener miedo al contacto; no rehuyen, por ejemplo, la lucha por el balón cuando juegan al fútbol», prosigue.

Para cuando a Daniel López Romay le toque elegir entre el parqué, el césped o el tatami, seguramente un factor clave responderá a las posibilidades de ganarse la vida en cada uno. El horizonte en el judo es, según su abuelo, complicado. «Si eres un buen profesor, claro que puedes ganarte la vida, pero no como competidor», subraya. «Hoy en día hay becas muy buenas, pero la vida de un deportista de combate es muy limitada: Roberto Naveira se retiró con 25 o 26 años, porque los pesos ligeros son muy sacrificados», añade.

Instauradas ya en la sociedad como un elemento de entretenimiento de éxito, las mal llamadas Artes Marciales Mixtas (MMA), resultan para los puristas toda una perversión del concepto, además de un error educativamente hablando. «Eso no son artes marciales», lamenta Romay. «MMA, eso de vale todo, es una salvajada, una brutalidad; hay que ser muy tonto para pagar por darte bofetadas… «, continúa. «Lo primero es respetar y garantizar la integridad física de los practicantes y alumnos«, finaliza a la hora de analizarlo también como un mensaje erróneo a la sociedad.

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