María Hermosinda Amarelle: 57 años de emigración con el corazón partido

AlejandraPlaza.Fráncfort. María Hermosinda Amarelle López , más conocida por María H, nació en 1946 en A Baña, parroquia de Suevos. Con 17 años se embarcó en el puerto de Vigo rumbo al puerto de Buenos Aires en el Monte Udala, uno de los últimos barcos cargado de emigrantes que buscaban un porvenir mejor en el continente americano. San Telmo, uno de los barrios fundadores de la ciudad de Buenos Aires se convertiría en su nuevo hogar. La emigración al país argentino era bien conocida por los vecinos de Suevos. Por otro lado, la emigración a Europa ya había comenzado en ese momento y todas sus amigas para allá se iban. María H se planteó viajar a Europa y probar suerte en Alemania pero uno de sus hermanos que se encontraba emigrado en Argentina le dijo que si tenía que ir por el mundo que se fuese con la familia. Su madre, Balbina Amarelle López, siempre fue una persona muy abierta e independiente en su forma de vivir y en su manera de ser lo que le permitía a ella y a sus hermanos actuar con bastante libertad ante sus principios e ideales. Era huérfana y, desde los 15 años, crió a sus 5 hermanos y 3 hijos.

“Cuando le dije que me iba, ella me contestó que no quería que me fuera pero que tampoco me iba a prohibir esa opción u oportunidad. Siempre me llamó la atención Argentina por sus colegios. Mi maestro rural, yo solo tengo la primaria, me ayudó muchísimo. Me enseñó una tabla de principios y valores muy importantes para la vida. Me daba muchos libros para leer porque me encantaba. Me hubiese gustado estudiar pero los recursos de mi madre no alcanzaban. Me fui sola al otro lado del Atlántico. Quizás fui un poco inconsciente pero tenía claro que no quería quedarme en el pueblo, en el campo. Los de una casa se casaban con los de otra casa pero los problemas económicos se mantenían en todas ellas” recuerda con cierta tristeza

El 13 de octubre de 1963, durante el cambio de gobierno argentino y tras 16 horribles días en barco debido a sus mareos y malestar constante, Hermosinda daba por finalizada su travesía por el gran charco.

“Afortunadamente, en el mismo barco viajaban dos chicos vecinos míos con rumbo a Uruguay y una chica de Órdenes. Yo era la única joven con destino a Argentina. La mayoría de la gente de mi edad se iba a Brasil y a Uruguay. Me cuidaron mucho. Me traían la comida pues, al encontrarme siempre indispuesta, no bajé al comedor en el trayecto de Vigo a Brasil. Una vez en Brasil, tanto ellos como yo, teníamos a gente conocida esperándonos. Ahí fue mi primera comida en condiciones. Ya en Uruguay, me encontré con muchos vecinos de puerta con puerta, así que, el día que llegué a Montevideo, me fueron a recoger para pasar todo el día con ellos. Incluso, más tarde, cuando ya estaba instalada en Argentina, volvía de vacaciones para reencontrarnos. Me sentía como en mi pueblo. Los gallegos de Montevideo conservaban un sentimiento de fraternidad y juntanza muy fuerte”

En Argentina le esperaba el cobijo de un hermano mayor, de unos primos y unos tíos con los que vivió por un tiempo. Su hermano José le consiguió un trabajo a los tres meses de su llegada con un sastre en un taller de confección de ropa masculina que acababa de abrir. Su jefe le enseñó el oficio rápido y bien lo que le facilitaba realizar horas extras. Ahí trabajó durante 15 años y hasta que su segunda hija nació.

 

“Trabajaba desde las 5:45 hasta las 20:00 horas de la tarde. Mi jefe me brindó una mano enorme hasta tal punto que se convirtió en mi padrino de boda. Cuando cobré mi primera quincena fue uno de los días más felices de mi vida. Me sorprendí de la multiculturalidad de los trabajadores y me enamoró la solidaridad y la calidez de Argentina. Al año de empezar a trabajar tuve que operarme y mis compañeras de trabajo me acompañaron, me cuidaron y mimaron, durmieron conmigo en el hospital…Me integré muy bien. Parecíamos la torre de Babel”

Un año más tarde de su llegada a San Telmo, María H conoció al amor de su vida, un apuesto pontevedrés de la parroquia de Barrantes (Tomiño). Silverio González Pousa emigró a Buenos Aires con sus padres a la corta edad de 3 años. Con él estaría 7 años de noviazgo antes de contraer matrimonio en 1970 y formar una maravillosa familia compuesta por dos hijos y tres nietos.

“Conocí primero a mis suegros Rosalía y Silverio. Ellos vivían en el segundo piso y yo en el tercero. El amor de mi vida trabajaba tanto que apenas lo veía aunque reconocía sus pasos cuando subía las escaleras. Me saltaba el corazón. Un día me invitó al baile de carnaval y desde ese día fuimos novios. Fue el amor de mi vida, para toda la vida, para siempre” narra con nostalgia y cariño

Sus suegros la acercaron a la colectividad y a las actividades del centro cultural y de salud del Centro Gallego donde eran socios y que en ese momento se encontraba celebrando elecciones. El mismo centro que acogió a Castelao el cual falleció en la habitación 52 de sus instalaciones. Cuando María H descubrió la biblioteca la cabeza se le abrió en dos. Comenzó a frecuentarla y un mundo nuevo se puso al alcance de esta emigrante gallega amante de la historia y la docencia.

“La libertad fue lo que me enamoró. Un tío de mi suegro, socio fundador del centro gallego, me dijo…ti, aquí conmigo, falas galego e nunca te olvides de Galicia. Se me abrió un mundo increíble, sin condiciones ni discriminación. Allí tuve la oportunidad de conocer a diferentes celebridades gallegas que vivieron exiliados en Argentina como Alonso Ríos, grandes luchadores de una Galicia Ceibe”

 

María H viajó en varias ocasiones a Galicia. La primera vez, once años después y en compañía de su hermano. En el 1980 volvió acompañada de su familia y su marido quiso quedarse pero ella vio más oportunidades para la educación de sus hijos en Argentina y se volvieron. Regresó en el 82 para asistir a la boda de su hermano pequeño el cual estuvo emigrado en Suiza 20 años. En el 89 lo haría con su marido y unos primos que nunca habían vuelto. En el 96 lo haría con el grupo de baile del centro gallego de Tuy Salceda con el que lleva alrededor de 40 años.

“Cuando viajé con mi esposo y mis hijos a Galicia en el 1980 la divisa nos favorecía. Mi marido era un fanático de Galicia y quería quedarse. Sin embargo, yo veía que en España no podía ofrecerle a mis hijos los estudios como en Argentina y eso me echó para atrás. A pesar de los vaivenes políticos del país, la salud y la educación pública se siguen manteniendo. Yo pude asistir a la escuela pública nocturna y quise que mis hijos también se educaran en el sistema público donde alternaban con todo tipo de oficios sin discriminaciones. Los doctores, los banqueros y la gente pobre como nosotros éramos iguales. La colectividad judía era un referente para mí. Ellos enviaban a sus hijos a la escuela pública”

En el 96 fue el último viaje que pude realizar con mi esposo pues, desgraciadamente, falleció en el 2004 tras enfrentarse a un cáncer cerebral con la mejor de sus sonrisas. En el 2008 viajó de nuevo a Galicia y su madre se fue a vivir con ella a Argentina donde falleció años más tarde. Tanto Silverio como Balbina reposan en el panteón del Centro Gallego.

“Fue muy duro. Inesperado. En un mes se le descubrió el tumor que le llevó a un estado vegetativo durante un año. Era un hombre lleno de vida. Amaba la vida. Amaba sentarse en una silla y disfrutar de una puesta de sol. A mi marido lo tengo siempre en el corazón y sé que las cosas pasan porque tienen que pasar. Le estoy agradecida a la vida por lo que me ha brindado y por los años que hemos compartido juntos. Por la familia que hemos creado. No me siento sola. Lo siento por él, por no poder estar disfrutando de la vida que tanto amaba”

En 57 años de emigración pasan muchas cosas. Unas buenas y otras no tanto.

María H fue subdelegada de personal. Unas 70 personas trabajaron bajo su supervisión. Fue en esa época donde aprendió el movimiento de los sindicatos.

“Cuando vinieron los militares decían que era para parar el comunismo. Yo sabía que eso no era verdad y que no iba a suceder jamás en Argentina porque los propios trabajadores y los pobres no lo quieren”

Cuando falleció su marido, María H  se puso al frente de la ferretería que ambos regentaban. Sigue trabajando porque le gusta socializar y porque encerrarse en casa le restaría años de vida. Su corazón sigue partido, al igual que el de muchos emigrantes, principalmente el de aquellos que, como su suegro, nunca regresaron a Galicia. Con su marido adquirió una cabaña en la Sierra de los Padres, un maravilloso paraje situado en Mar de Plata, a unos 400 Km de la ciudad de Buenos Aires.

“Buenos Aires y sus aledaños son un territorio muy llano. Cuando viajé por primera vez con mi esposo a la Sierra de los Padres le dije que se veía el mismo paisaje que desde la huerta de mi madre. Sigue siendo mi pequeña Galicia en Argentina y voy siempre que puedo y la situación de pandemia me lo permite. Estar allí es resurgir. Es una explosión de sentimientos, emociones y recuerdos que me ayudan a vivir”

María Hermosinda Amarelle es una gallega de corazón y una argentina de adopción. Nadie le ofreció una invitación para abrirse camino en este país pero le abrieron las puertas con solidaridad y gentileza brindándole una oportunidad. Agradecida y feliz con lo que la vida le ha ofrecido. Echa de menos al amor de su vida aunque se siente arropada por sus hijos y sus nietos. Espera y desea que la pandemia se erradique o mejore y  le permita visitar de nuevo sus cimientos en Galicia para luego resguardarse bajo su tejado en Argentina.

Un comentario

  • Pedro

    Ejemplar testimonio de emigracion en esta bendita tierra .trasmisora incansable de costumbres y reconocimiento a su segunda patria
    .es un honor compartir con ella pedacitos de vida.gracias Maria

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