NO, una bandera no es trapo. Por Iñaki Anasagasti

Seguramente habrán escuchado este comentario de seudo apátridas, seudo intelectuales, seudolistos, que están por encima de estas pequeñeces: ”Para mí una bandera es un trapo”. Para ti. Para mucha gente no. Y si la gente está, incluso dispuesta a morir por ese trapo, lo mínimo que se puede exigir es respeto.
Lo estamos viendo en Afganistán. Tenían su bandera oficial. Con ella iban a las Olimpiadas y ornaba su silla en la ONU. Con ella vivieron y se presentaron ante el mundo. Es tricolor, negra, roja y verde. Pero han llegado los talibanes y han impuesto la suya, blanca y negra con la inscripción de “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”. Y la han impuesto a pesar de que miles de afganos al principio se manifestaban, riesgo incluido, con su tricolor. Veíamos también a un chaval como se la quitaban de la moto. La han impuesto. Fuera la tricolor. De eso sabemos algo por aquí.
La ikurriña fue bandera oficial por acuerdo del democrático gobierno vasco de 1936. Llegaron los militares franquistas y la quitaron y persiguieron. Fraga dijo que había que pasar por encima de su cadáver antes de que la enarbolásemos. Y ahí está libre y airosa. Es lo que deseamos a los afganos.
El dibujo es de El Roto en El País del 24 de febrero de 2007. Es expresivo. Ahora en Afganistán la bandera es de quien la agita. Se multa, encarcela y mata a quien enarbola otra. Pero vendrán tiempos mejores. La tricolor afgana volverá.
Conclusión. La bandera no es un trapo, es un símbolo. Y los símbolos encierran resúmenes de muchas cosas. De vida, de historia, de afectos, de gentes buenas, de un paisaje y de una actitud. Ojalá la veamos de nuevo pronto aunque los imbéciles de turno sigan diciendo que una bandera es tan solo un trapo.

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