Crónica gastronómica de Otoño. ¿Centollas en Betanzos de los Caballeros?

Pues sí, las centollas suben del Mar Céltico coruñés a la Ciudad Medieval de los Caballeros Brigantia la Celta, Brigantium del Imperio (nombre romanizado del Castro Celta de Unta, el primer asentamiento humano conocido) y toman posesión de la exquisita cocina del Restaurante Avenida, de Betanzos, La Coruña.

Kamela y Manuel rigen este olimpo gastronómico donde la famosa tortilla de Betanzos es el plato rey. Kamela es de Londres y dirige los fogones, mientras que Manuel, es el artífice de Sala que vela para que nosotros, los comensales, comamos tan a gusto y en familia como en nuestra propia casa.

Novedad del Restaurante Avenida

«Siempre tenemos algo nuevo que ofreceros -comenta Manuel-, por ejemplo, hoy  tenemos un rabo de toro excelente, bacalao con ajada gallega y langostinos, o un pulpo incomparable que, con un Albariño, te puede subir al «Cielo Cocinero».

Pero hoy os he preparado una ensalada con Bonito del Norte fileteado, para acompañar esas cuatro tortillas,

dos de ellas con chorizo de nuestra casa, y otras dos tradicionales de aquí, con huevos y patata de esta zona, de inigualable textura y sabor.

Os tengo calamares de la ría sobre cama de patata frita, para picar.

Y de exquisitez, croquetas de centolla gallega,  ya que están en sazón, en el mejor mes del año para su consumo. La centolla tiene caldo. Continua recitando como si fuese las Avemarías del Rosario los manjares que podemos degustar. Os voy a poner el pan de bollo de miga húmeda alta del horno de aquí.

Y un tempranillo de 16 meses para libar.

El café de pota va bautizado con Néboa (niebla) aguardiente «galaico», y whiskey, y crema de whisky».

Otra vez ha sido anfitrión Julio Romay de Betanzos, haciéndole de caballeros de la tabla redonda el experto maquetista Juan Fernández Guinda; Francisco García Carrillo gerente de PREFHORVISA, que generosamente nos regaló lotería; el lego Antòn Lema, que nos vendió la Lotería de su Club; Caamaño, el «amo» del PVC; Couceiro de seguros, y el cronista gastronómico que firma este texto. Compartimos mesa y mantel mientras afuera el granizo era tan duro y frío como un hachazo glacial. La Casa nos invitó a los cafés y licores, a profusión.

A continuación, nos esperaba el dios Baco en el Lar de Unta. Allá nos llevó Couceiro, el descendiente de la Farmacia Couceiro, la más antigua de Galicia y, presumimos, la decana de todas las farmacias de España. Nos condujo entre milenarias callejuelas a través del milenario casco urbano betanzeiro, caminando sobre losas de piedra, que nos trasladan a la iglesia de caballeros medievales de Santa María de Azogue, con sus sepulturas sobre verracos de valientes cristianos matamoros en pleno Camino Inglés de nuestro señor y Apóstol Santiago.

El barrio de La Fuente de Unta fue tradicionalmente un barrio de agricultores, muestra de ello, es la tipología de los edificios que se encuentran en la calle Fonte de Unta. Los soportales tradicionales servían para resguardarse de la lluvia y los balcones de madera permitían secar el maíz haciendo las funciones de hórreos urbanos. Si habéis visto la serie Vikings os haréis la idea de entrar en la palloza del reyezuelo Ragnar. Es nuestra choza de machos alfa agarrados a bebidas espirituosas y rodeados de grandes perolas de rancho llenas de docenas de gallos de corral listos para deglutir.

El ambiente es propio de una posada de parada de postas de caballos donde lo mismo te sientas con un caballero medieval, que con un vikingo, que con un mosquetero, que con el Montaña de Juego de Tronos, o con el mismo Atila con su coleta y anillos en la oreja como Laureada por haber logrado cruzar el Cabo de Hornos en plena tormenta perfecta, y contarlo.

Comida mágica en el Restaurante Avenida, sobremesa celta-vikingo al calor de la chimenea de leña del Lar de Unta y sobre todo, entre risas, recuerdos juveniles, batallas, y la nostalgia de alguna herida amorosa clavada en el corazón por aquélla dama rubia de trenzas de walkiria, que todos recordamos como un vellocino de oro inconquistable. Aún tenemos en el paladar el sabor, no de sus besos de azúcar, pero sí el de las croquetas de centolla y del licor de 42 grados, que puede ser el combustible de nuestro 4×4 en el próximo rally del París Dakar por la ubérrima orografía del más antiguo reino de Europa, el Suevo de Gallaecia.

Carlos Brea, cronista gastronómico.

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