La concordia no es posible. Por Carlos Marcos Blanco

Empresario y Pedagogo

Y ya lo siento, no solo por lo que significa en si misma sino porque contradigo el aserto que aparece en la lápida de Adolfo Suárez en la Catedral de Ávila donde reposan sus restos mortales. Y no sé por cuanto tiempo reposarán allí porque más pronto que tarde aparecerá algún iluminado que proponga retirarlos a la negra sombra de esa mal llamada memoria histórica, un invento de Zapatero que recuperó el odio para la vida de todos los españoles. Resulta repugnante la cobardía de aquellos que luchan contra los fantasmas del pasado y callan contra las injusticias de sátrapas vivos que someten a sus pueblos a la tiranía y a la pobreza.

Sirva recordar el pucherazo de Nicaragua, los desmanes de Venezuela, la corrupción argentina o la dictadura familiar de Cuba para escuchar el silencio de los autodenominados “progresistas” y es que, cuando las tropelías llevan la firma de la izquierda, la progresía calla e incluso aplaude. Sin duda, la derecha fue mucho más generosa y, de hecho, es muy difícil encontrar en la hemeroteca reproches guerra civilistas contra la izquierda y no será porque no haya motivos, que los hay, sino porque la derecha asumió la filosofía del reencuentro, de la transición española como punto y aparte de una época superada y que, capitaneada por el Rey y por Adolfo Suárez fue capaz de recuperar el abrazo entre las dos Españas para construir juntos la democracia que disfrutamos desde hace 45 años y que ha supuesto el tiempo de paz más prolongado de nuestra historia. Socialistas y comunistas de aquella época, entendieron que aquel abrazo era la mejor solución para poder progresar y que las renuncias de ambos bandos eran condición indispensable para obtener el resultado deseado: una democracia longeva que, abrigada por un texto constitucional incluyente, integrara para siempre a todo el pueblo español en un sistema democrático.

Todos aquellos esfuerzos merecieron la pena y a las pruebas me remito. Pero esa paz duradera no satisfizo a la nueva camada de izquierdistas que ven más provecho en la disputa y el enfrentamiento que en la concordia y, por ello, vivimos los tiempos que vivimos en los que el comodín de Franco es utilizado por los “progresistas” cada vez que España se cubre de nubarrones. Si hay crisis económica, recurren a Franco, si hay crisis territorial, recurren a Franco, si hay una crisis sanitaria, desentierran a Franco. En definitiva, no se sacan de la cabeza a Franco de ninguna de las maneras y por eso Franco está de actualidad permanentemente, aunque lleve 46 años fallecido. Pero, ¿Cómo es posible que tantos años después la izquierda no se canse de invocar al General? Pues, a mi juicio, porque la izquierda se encuentra más cómoda en el enfrentamiento que en la paz, aunque con ello lleven al odio entre españoles. Desde las vísceras creen que conseguirán un voto más, a un alto precio sin duda y si hacen falta más votos pues se blanquea al brazo político de ETA o se convierte a los secesionistas catalanes en referentes de la política española. La concordia no es posible porque a la izquierda no le interesa.

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