Flojitos. Por Iñigo Landa Larrazabal

Unos y unas más que otros y otras pero estamos agitando el pañuelo blanco de la rendición para que la COVID se olvide de nosotros. No hay más que darse una vuelta por ahí para comprobar que, aunque seguimos con nuestras rutinas de acumular comida para las celebraciones de no sé qué historia que nos contaban de pequeños, se vislumbra en el panorama una tensión de muchos voltios y un carácter pelín avinagrado.

Basta con que se te pare delante un ser humano para preguntarte la hora pues si todo dios tiene móvil por qué, para que desconfíes de él, eches mano al móvil y la cartera, le muestras el reloj, si es bueno, una centésima de segundo y te alejas con paso acelerado. Estuve observando un rato la cola de entrada a un parking bilbaíno y, al pretender colarse un coche, una plácida dama entrada en años y kilos ha comenzado a tocar la bocina, gritar, mesarse los cabellos (bueno eso no pero queda muy bien) por unos segundos de retraso. Estoy seguro de que si hubiera tenido a mano una escopeta de cañones recortados la masacre estaba asegurada).

Y hablando de los políticos y sus carísimas gilipolleces, ahora el ambiente está más cargado que en una llanura de Kentucky instantes antes de llegar los tornados. La última muestra de demencia la ha dio ayer Macarena Olona, la que dejó la abogacía del estado en la CAV a nivel de la caquita de cerdo, que huele peor.

La agraciada insultante barriobajera intentó rebatir las argumentaciones de la superstar de las izquierdas de las Españas llamándole “fea” y amenazando con que, cuando los fascistas vuelvan a la Moncloa, van a dejar a la Policía que haga lo que les salga de la porra para reprimir a rojos, maricones, feas, feministas y sanitarios vagos en general.

¡Menudo nivel el del parlamento español! Recordemos para consolarnos, o no, que la última vez que los de la Macarena armaron la Marimorena, nuestros mayores estuvieron tres años y pico en guerra, tirados en trincheras de barro y jugándose la vida contra nazis, fascistas, franquistas y demás jauría. Con sus familias en los pueblos y ciudades pasando hambre, quitándose los piojos y mirando al cielo por si les caía una bomba. O esperando que los falangistas, requetés y mercenarios varios no hicieran esa noche una entresaca de rojos socialistas, anarquistas o comunistas o de separatistas. O rezando para que el chivato de al lado no les denunciara para quedarse con sus bienes. Previo fusilamiento claro.

Las enfermedades ya superadas hoy, mataban ancianos niños y adultos: La tuberculosis era mortal a falta de antibióticos y la malnutrición remataba a los débiles. Y todo por el Caudillo de Macarena a quien, ojalá, Satanás le esté torturando hablándole de la España rota en 17 cachos y un comunista en el poder.

Más de tres años así para que hoy estemos todo el puto día con la lamentación en la boca por la mascarilla -nunca mejor dicho-, lloriqueando porque no vamos a poder juntarnos tranquilos treinta y seis familiares para comer las gambas y el cordero o porque han reducido el aforo del cotillón.

¡Qué fastidio, oye!La culpa es de…

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