Blanqueando, que es gerundio. Por Iñigo Landa Larrazabal

Uno ya es lo suficientemente mayorcito como para poder ir al Archivo de la Diputación Foral de Bizkaia y, tras «echar un vistazo» a la hemeroteca, llegar a la conclusión de que El Correo Español dispone en la actualidad, y de forma, a todas luces injusta, de un mal otorgado título de «Ilustre de Bilbao«.

¿Ilustre de mi Villa? Evidentemente, se deberían analizar qué títulos se otorgan en nombre de toda la ciudadanía, y si lo merecen, en este caso, atendiendo a mentiras como lo pudieran ser su pretendido y ficticio «Centenario», su arraigo o su trayectoria histórica. Y ello porque, no hace tanto tiempo que, en un alarde de manifiesta falsedad, El Correo Español nos dijo celebrar su «Centenario». De cien años, nada. Pero nada de nada. En realidad, en aquél entonces, cumplían 73 años. Que yo sepa, El Correo Español cumplirá 100 años el día 6 de julio de 2037. Es decir, todo aquel boato de la famosa exposición de portadas gigantes en la vía pública (en la mismísima Gran Vía) no fue otra cosa más que una pantomima patrocinada por el mismísimo Ayuntamiento de Bilbao.

Previamente a aquel paripé, tuvieron el «rostro» de ir donde el alcalde Azkuna (G.B.) a pedirle nada menos que la Medalla de Oro de la Villa con la excusa del citado falso «Centenario» y salieron con un segundo premio: Sin medalla, pero con un título de «Ilustre» bajo el brazo.

De sobra es conocida la historia fundacional de El Correo Español. Sabemos que, para que ellos publicaran, se debieron requisar rotativas de otros Medios legales y, entonces, en funcionamiento como el Euzkadi, el deportivo Excelsior y El Pueblo Vasco. También sabemos cómo se convirtieron en voceros de un genocida sublevado y fascista y como, desde sus páginas, hacían gala de fusilamientos o llamaban a la delación de vecinos «rojos y separatistas«. También, durante la Segunda Guerra Mundial, desde sus páginas se hizo una clara apología del nazismo y del exterminio en campos de concentración. En Berlín, en la actualidad, un Diario similar no dispondría de ningún reconocimiento y seguramente tampoco estaría en los quioscos pero, ¿Por qué en Bilbao dispone de un reconocimiento otorgado sin el consentimiento expreso de la Ciudadanía?

Pues nada… Si no quieres taza, taza y media: El Correo Español inauguró ayer sus nuevas oficinas en el edificio Sota de la Gran Vía de Bilbao, la misma Gran Vía dónde hicieron aquella expo-paripé en la que “escondieron” debidamente (sin el menor de los rubores ni sonrojos) aquellas portadas y titulares que nunca debieron publicarse. Y, como el medievo, ha venido a inaugurarlas el rey español y su séquito, algo hasta «normal» habida cuenta que es un Medio de prensa escrita que blanquea la monarquía española de la misma manera que blanquea su propio pasado.

La vida sigue aunque tengas que dar un rodeo. Porque ese tipo de visitas (que se programan con el mayor sigilo), al margen de no ser bienvenidas por la inmensa mayoría de la población, por un lado, entorpecen el libre tránsito de personas y vehículos y, por otro, ponen de manifiesto que es del todo imposible concentrarse para expresar y denunciar lo que libremente se quiera.

Está claro que al monarca español no le gusta que le hagan vibrar el tímpano. Y a sus acompañantes locales, tampoco.

 

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