DESDE LOS CANTONES. La Coruña sigue sin aprobar los nuevos presupuestos municipales. Por Celso Ferreiro Cobas

Las rotondas urbanas, símbolo de la política del Ayuntamiento

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En la Ciudad Vieja de La Coruña, continúan apareciendo vestigios de nuestra historia. Sí en 2007, fueron halladas piezas de cerámica celta, ahora se descubre una estructura prerromana, del Año Primero antes de Cristo, marca de los orígenes de La Coruña y afirmación de la hipótesis, de la llegada de Julio César. En nuestro relicario urbano, se viene realizando la rehabilitación gota a gota que permite establecer la indispensable relación entre lo antiguo y lo moderno. La Ciudad Vieja, repetimos es el relicario que guarda entre sus piedras las de las instituciones políticos-culturales, que fraguaron la moderna personalidad de La Coruña, poso que rezuma en sus calles y plazas y se refleja en sus habitantes y en su estilo de vida, cargado de sentimientos. Lamentamos que no se promocione debidamente el Castillo de San Antón, hoy museo Arqueológico. Posiblemente los radicales vean en sus almenas y murallas insurrecciones puestas en pie. Que repasen las leyendas de Espronceda o se deleiten con “Loreli”, célebre balada de Heine sobre los castillos del Rhin.

ROTONDAS Y POPULISMO

A nuestra Alcaldesa le sobra su alianza con el populismo, cuya rebeldía hipnótica aumenta el escepticismo de quienes tuvimos. Y hoy se ha reproducido el mal- la experiencia de haber vivido en varios países de la América hispana-han cambiado la fraseología inicial, porque ya ocupan el poder los que antes lo ambicionaban. Ahora La Coruña vive sin aprobar los presupuestos anuales, en cuya elaboración omiten al PP, el partido más votado, son como la política circular del núcleo gobernante. En la circulación (de las rotondas) “gana” siempre el más potente con el vehículo más grande. No aconsejamos la circulación por la del “pavo real” en Riazor o la de Mato Grande. Ojalá esta política circular no contagie también al periodismo. Su responsabilidad, en una época tan convulsa, la acción del periodismo debe salir reforzada. Es preciso ser más veraz que original, que no se traicione el significado de las palabras, en su sentido universal. La velocidad de los acontecimientos, exige un lenguaje esclarecedor, que proporcione puntos de orientación ética para una mejor vida de convivencia.

Foto. @silcerino

LA COMIDA, HECHO DIFERENCIAL

Los “mareantes”, durante su mandato municipal, tuvieron la ocurrencia de reglar la venta callejera de castañas asadas y de garrapiñadas, ahuyentando el aroma que coloreaba las rúas de La Coruña. Desconocen la prédica de los poetas “el olor es la generosidad de las cosas impacientes de entregarse”. Las castañas y el Don Juan, han desaparecido de las tradiciones del otoño gallego y nos han traído el “hallowen” americano, su clerofobia y el empeño “desespañolizador”. Los clásicos nos han salvado de la barbarie. Para llevarlo a cabo, antes hay que “descatolizar” y se han puesto a la faena. Camba, pese a su anarquismo, consideraba el genio español, forjado en una afirmación constante del catolicismo. Recordaba que, si pudiese aplicar retroactivamente, la legislación laica, todo perdería su sentido. La comida viene a ser el hecho diferencial en nuestras regiones. A Don Quijote, le bastó un puñado de bellotas para el discurso de la Edad Dorada. A los vascos, les mueve el chacolí, a los catalanes la butifarra de “mongetas”, et. Los frutos de mar son los que alegran las fiestas navideñas. Afortunadamente, en Galicia, la pesca, el marisqueo, existe desde tiempos inmemoriales. En 1946 el precio de las capturas lo fijaban los canónigos compostelanos, ahora se hace desde San Cayetano, para no perder competencia y no es bueno tratar las cosas de la mar, desde tierra adentro, por eso Touriño prometió trasladar a Vigo la Consellería de Pesca para llevarle la contraria a la Curia y a Fraga. Desde la bíblica multiplicación de los panes y de los peces, la literatura se ha ocupado con generosidad de la fauna marina y de sus cualidades. Por ejemplo, sabemos que el “emperador” es el pez de la alegría y ha de ser pescado en pareja, pican en el mismo anzuelo. La hilaridad la proporciona el “besugo” (tiene ojos de besugo), el bacalao o “pequeño tiburón “te conozco bacalao aunque vengas disfrazado”, el pez- sapo, es el codiciado rape y la igualdad de género comienza en la merluza “es un merluzo”. Pescados y mariscos no necesitan la cocina de diseño o de las llamadas “desconstrucciones” culinarias. El reo, según la picaresca, se lo adjudican a los fiscales.

EL GAITEIRO DE EDIMBURGO

Sabido es que las relaciones de La Coruña con el Reino Unido se cruzan en la historia, además de la pesca. La tradición dice que los aborígenes herculinos (tribu brigantina), pura raza celta- constituyeron las primeras expediciones para repoblar Irlanda. De nuestro puerto salió Felipe II para casarse con María Estuardo, reina de Inglaterra, aquí recaló desarbolada la Armada Invencible, y también se rechazó el acoso de Drake, acontecimiento en el que emerge la heroica María Pita, Sir Jhon Moore luchó contra las tropas napoleónicas en Elviña, etc. Hace años una expedición del BNG, comandada por su portavoz señor Vence, se desplazó a Edimburgo conocida por “la ciudad ahumada” por el color de sus piedras en la New Town a los pies del famoso castillo. Llamó la atención de los visitantes, que, en todos los actos solemnes, aparecía con la “kilt” (falda) un gaitero y su infalible “sparren”, bolso delantero, colocado para evitar que cualquier revuelo pudiera destapar “el reparo” al decir de Bioy Casares.

Fraga, al regresar de su embajada en Londres, intentó que los municipes vistieran el traje gallego de gala en los actos solmenes. Ni los ediles más “identitarios” aceptaron la escenificación que proponía el titular de la Xunta. En una región como Galicia, saturada de “enchentas” los políticos debieran recurrir a la funcionalidad de la “kilt” (falda) más ventilada para la digestión.

ANÉCDOTA

Ramón Gómez de la Serna, que vivió una gran temporada en Buenos Aires, al presentarle la carta de comidas en un afamado restaurante, observó que figuraba “osobuco”. Le dijo al “maitre” por favor sírvamelo, pero con otro nombre.

 

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