“Juegos de guerra” entre las potencias de EE.UU. y Rusia. Por Jesús Antonio Rodríguez Morilla

Doctor en Derecho por la U.C.M. (Cum Laude) Licenciado en Derecho. Certificado-Diploma de Estudios Avanzados. (Fundamentos de Derecho de la U.E. y problemas actuales en el ámbito del Derecho Público). Licenciado en Ciencias Políticas. Caballero de Mérito por Real Orden Noruega

¿Antídoto aplacar ómnicron junto a crisis en poderes ejecutivos?

Existen momentos en que los efectos pandémicos además de resultar letales para los mortales y sus economías lo son también para algunos sistemas políticos y/o sus líderes.

Evidentemente, no se trata de comparar las vidas humanas con las caídas de los índices de popularidad de dirigentes, pero si creemos que el texto pergeñado por la Organización Mundial de la Salud, calificando a la fatiga pandémica como un cansancio derivado del agotamiento que están creando las prolongadas medidas y restricciones generadas por la pandemia, además de dicha letalidad podría ser utilizado y encuadrar dentro de las estrategias de manipulación pública descritas por el escritor francés Sylvain Timsit en 2002.

Un ejemplo por considerar serían las situaciones políticas sobrevenidas, durante los dos últimos años, en general, y en particular en las dos potencias citadas, ya que no será la primera vez, ni la última, que políticamente se ha deslizado la sensación de que el Coronavirus se encontraba cercano a desaparecer, volviendo a reaparecer casi de forma perenne con nueva tarjeta de visita o cepa.

Recordemos que EE.UU. es el País con más casos confirmados, llevando a sus espaldas una cifra superior a los 70 millones de contagios y camino de los 900.000 fallecidos.

Si a lo anterior añadimos la situación política interna, ciertamente revoltosa de algunos políticos demócratas disconformes con su jefe, como Joe Manchin, contrario por sus costes a la agenda legislativa del presidente.

Si continuamos añadiendo episodios como por ejemplo una encuesta reciente procedente de The Associated Press, observamos que un 56% de los estadounidenses desaprueban la labor de Bidden y apenas un 28%, desearían que el mandatario se presentara a las elecciones del 2024, aunque ya sabemos acerca de la perfidia de los sondeos sometidos los vaivenes de los acontecimientos.

A lo largo de la historia, no puede decirse que EE.UU. haya sido precisamente un portento en política exterior, y a aquellos que aún recuerden a Jimmy Carter, me permito recordarles que Bidden me lo trae a la memoria.

Hace días que me pregunto, sí sé me permite la licencia del tuteo institucional dirigido a ese gran país americano ¿Por qué se abandonó Afganistán a la carrera, dejando atrás lo que ya conocemos, y en estos momentos se aturde a Europa, y el aturdimiento, es el sustantivo que me gustaría que prevaleciera, adhiriéndome

En cuanto a RUSIA, hay que insistir sobre reservas en la procedencia de sus datos pandémicos: al menos, 11 millones de contagios y 320.000 fallecidos.

Su economía no es boyante y resiste gracias a la geopolítica del gas y petróleo.

Sus índices de popularidad permanecen desde hace tiempo enterrados entre los muros del Kremlin, sobre todo, desde el “affaire Alexei Navalny”.

Básicamente por lo anterior y dado que más consideraciones harían sumamente extenso el presente Texto, este modesto columnista no concibe verosímil que estas dos potencias puedan ser capaces de desencadenar un conflicto bélico de esta categoría en la situación em la que se encuentra actualmente el mundo.

Por ello me adhiero a tres de los diez supuestos considerados por el francés Timsit en 2002, como estrategias de manipulación pública:  

 

  • Crear los problemas y también, las soluciones a posteriori.
  • Apelar más a las emociones que a la reflexión.
  • Conocer a las personas mejor de lo que ellas mismas se conocen.

Esperamos, que las aguas vuelvan a los cauces de los Ríos Moscova y Potomac en las respectivas capitales.

Dejo para el final algunas dudas surgidas en algún Medio, respecto a la extrañeza de que nuestro Sr. Sánchez no haya sido llamado por teléfono por el presidente estadounidense.

Debemos asumir, no desengañarnos, no, que España sólo tuvo interés para Estados Unidos en 1959, cuando les convinimos estratégicamente para sus bases. Tampoco fue tan trágica la transacción comercial para un país casi hambriento al borde de la bancarrota…….

Posteriormente, en los últimos años, han continuado con su habitual política de ignorancia.

Por ello, no desesperemos, ya que, dentro de unos meses en la próxima cumbre de la OTAN, nos podremos resarcir estrechando manos.

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