Entrevista a Álex Couto, autor de ‘Cartas a un amor sin memoria’

¿Puede decirnos qué le impulsó a escribir y publicar una novela tan intensa como ‘Cartas a un amor sin memoria’?

Todos y cada uno de nosotros tenemos una identidad formada que nace de nuestras relaciones familiares y la manera que tenemos de socializar en nuestras familias. Pero algunas personas han tenido la desgracia de vivir situaciones en las que su memoria ha sido robada, sus señas de identidad han sido sustraídas y su pasado ha condicionado su presente y su futuro.

En ‘Cartas a un amor sin memoria’ nos hacemos eco de las sensaciones que experimenta alguien que vive algo semejante. Cómo todo tu mundo se revuelve ante una percepción de tu vida que te ha sido robada, que ha sido manipulada por actos derivados de una realidad social que a ti te cobra unos réditos que no corresponden.

No todos somos lo que parecemos y nuestros secretos, a veces salpican de manera contundente a inocentes que han dependido de nosotros. Esa fragilidad es un valor familiar que es patrimonio de nuestros hijos, de nuestra familia y debemos cuidar de no mancillarla.

A lo largo de la historia han existido momentos concretos en los que este frágil equilibrio que condiciona totalmente la vida de personas inocentes, ha sido alterado de manera cruel. El sentimiento de saber realmente quién eres, el valor de la importancia de tu familia, de tus raíces, han sido hechos lo suficientemente fuertes para impulsarme a escribir ‘Cartas a un amor sin memoria’.

¿Qué ha sentido y pensado cuando terminó de escribir el texto?

Ha sido una experiencia apasionante. Vivenciar sentimientos e interiorizar sensaciones de otros y llevarlos a extremos emocionales tan radicales ha sido un ejercicio de reflexión extraordinario y una responsabilidad conmigo mismo y hacia el lector, a medida que la historia avanzaba. La verdad no existe, la percepción de la certeza es tan frágil, que un suspiro puede hacerla desaparecer y convertir tu realidad en otra cosa. Pensar que tenemos en nuestras manos algo tan valioso y delicado a la vez me hizo reflexionar sobre lo que nosotros suponemos para nuestros hijos, para las personas que en un momento dado dependen de nosotros. El cariño y la bondad es algo consustancial al ser humano que convive con la crueldad y con la mentira de una manera tremendamente natural. Nuestra memoria puede ser para algunos una obra de arte, privilegiada por el hecho de haber convivido con personas que han sido determinantes en nuestro desarrollo vital, asimismo puede ser un castigo perpetuo cuando los responsables de nutrirla de hechos veraces, han convertido nuestra convivencia en un camino tortuoso y lleno de espinas.

Somos responsables de todo, de lo bueno y de lo malo. Y, sobre todo, del impacto que generamos en nuestros cercanos.

Francisco Duarte. Háganos un breve retrato de este interesante personaje.

Don Francisco es un claro ejemplo de la dualidad del bien y del mal en una persona. Un personaje capaz de llevar a máximos la palabra compromiso, convirtiendo en un deber un acto tan íntimo como es el amor y el querer a alguien con quien te une toda una vida y a la vez, ser capaz de vivir con naturalidad la razón de la crueldad generalmente aceptada a partir de un prisma definido por la costumbre de una época. Y, sobre todo, representa la capacidad de llevar con naturalidad situaciones impensables.

Don Francisco nos muestra de diferentes formas las capas de las que estamos hechos los seres humanos, donde mostramos nuestro gusto por la vida, la capacidad de empatizar con el dolor propio y ajeno, la importancia de dotar a nuestro tiempo vital de sentido y cómo, a pesar de las circunstancias, podemos esconder valores y comportamientos totalmente alejados de los patrones que representamos.

Francisco Duarte es esto y mucho más, haciendo de la bondad y la maldad algo cotidiano y justificable por las circunstancias.

Hay un pasaje del libro que me dejó pensando: «Nadaban a favor de la corriente y se beneficiaban de lo que ello implicaba. Cada uno a su manera no tenía la sensación de obrar de forma inadecuada. Y ahí me planteo nuevamente la duda, ahí es donde mi conciencia presenta una fisura nueva. ¿Podemos valorar el ayer evaluándolo con los ojos de hoy?». ¿Podría comentarnos algo sobre esta idea?

Claro. Silvia, la nieta de Don Francisco analiza la realidad de la vida de sus familiares a partir de datos escritos y contextualizados en base a una realidad muy específica, el prisma del privilegiado que tras una contienda se encuentra del lado ganador y su moral va unida a la de quienes marcan el camino, los vencedores. Desde la perspectiva del ganador, del privilegiado que se encuentra en el lugar aventajado, las consecuencias de sus hechos vienen maquilladas por la conciencia de verdad con que revisten sus actos. Cuando ella analiza la vida de sus abuelos y lo que ellos causaron con sus actos y opiniones, se plantea la duda moral de si está siendo justa valorando hechos de ayer con ojos de hoy, el presentismo tan latente en nuestra sociedad actualmente, siendo los juzgados, sus propios familiares, personas que han representado para ella un referente. ¿Tiene ella la suficiente autoridad moral para juzgar a alguien en circunstancias tan específicas de la manera que lo hace? Ella misma se lo pregunta porque la incomodidad de la vivencia de hurgar en la vida de sus antepasados la hace sentirse mal.

¿Cuál es el mensaje principal de ‘Cartas a un amor sin memoria’?

Hay muchos mensajes, unos muy directos y otros no tanto. Decía Ortega y Gasett en su obra Meditaciones del Quijote, “Yo soy yo y mis circunstancias”. ¿Podemos afirmar esto con certeza? Las circunstancias pueden ser cartas marcadas para algunos y una bendición para otros. En Cartas a un amor si memoria hablamos de la responsabilidad de nuestros actos y de las consecuencias directas e indirectas en nuestras vidas pero principalmente, en las vidas de nuestros seres más cercanos. Hablamos sobre la verdad, la apariencia y el dolor. Hablamos de la referencia que tienen en nosotros las personas con las que vivimos los momentos más trascendentes de nuestra vida. Somos lo que hacemos para ser lo que somos, eso nos lo han dicho sabios y eruditos, pero también somos lo que otros cultivan en nosotros, (sea verdad o sea mentira).

¿Quién es Álex Couto cuando no escribe?

Pues en el ámbito personal soy una persona con gustos sencillos. Me gusta la lectura, el cine y perderme paseando. Tengo la enorme fortuna de vivir en un sitio tranquilo, con mi gente cercana y el enorme placer de hacer de una afición, mi profesión. Y además, me encanta escribir.

En el ámbito profesional soy inquieto y me gusta tocar diferentes palos, desde la enseñanza a la divulgación, la gestión de equipos y sobre todo el trabajo de llevar a un equipo a niveles de exigencia que le permita ser competente para ser competitivo. El fútbol me apasiona, no como aficionado, sino como competidor y a ello dedico mi tiempo de trabajo, en la faceta en la que me contraten en cada momento, que, por suerte, es diversa y amplia.

¿Podría hablarnos de sus próximos proyectos?

He terminado una novela y ahora mismo estamos en fase de revisión y últimas correcciones. Se trata de una novela negra que espero pueda salir al público a finales de este año, si todo va bien.

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