In Memoriam. Viru, el eterno silbato de Riazor que nunca dejará de sonar

El deportivismo rindió homenaje el pasado domingo, y rendirá de nuevo el próximo, a uno de los rostros más reconocibles de General. Javier Barbeito Santalla era el representante de una forma de vivir, sentir y disfrutar el Depor y el fútbol en comunión social

Quien lleve toda la vida acudiendo ceremonialmente a Riazor notará el próximo domingo frente al Real Unión algo extraño, una suerte de vacío en un fondo algo más calmado y silencioso de lo que ha sido en las últimas décadas. Y es que el deportivismo en general y la antigua General en particular lloran desde hace días la pérdida de Javier Barbeito Santalla ‘Virutas’, el sempiterno silbato que acompañaba el cantar de los Riazor Blues y la imborrable sonrisa que contagiaba a los que le rodeaban, en una peregrinación casi mística allá donde el destino quisiera llevar al Depor.

Es difícil ser más paradigmático de una generación y un sentir que Virutas. Hijo de una vecina de Monte Alto y otro de San Pedro de Visma, presumía orgulloso de ser un clásico de los Marineros. En su pecho, de hecho, se quedarían desde pequeño ‘tatuados’ el rojiblanco del Batallador y el blanquiazul del Deportivo, dos pasiones que jamás chocarían entre ellas y que compartían una misma forma de concebir el por qué rueda el balón: el fútbol como acto social, como celebración entre amigos y como filosofía de vida, que no de pena. Mucho antes de que se hiciera clásico el cántico sobre lo poco que importaba el resultado, Virutas lo había exportado y hecho bandera por toda A Coruña, Galicia, Europa o incluso América, donde pudo sentarse en algunas de las gradas más coloridas del mundo.

La historia de Virutas (del coruñés de toda la vida ‘virulillas’), en Riazor empieza como tantos otros relatos de infancia: de la mano de su padre y como un ritual de conexión emocional que resulta imposible sacudirse. La misma pasión del primer día se podía sentir como conexión física (literalmente) entre la grada y el césped. Y es que el fondo de general empezaba muchas veces con la inconfundible silueta de Javier, una de esas trazo sencillo para cualquier retratista: cuerpo delgado ataviado en la camiseta del Super Depor, o en su defecto del Chacaritas argentino, coleta al viento (en los últimos años sustituido por un pelo canoso y rizo muy cercano, curiosamente, a la melena de Yosi, cantante de Los Suaves). Más complicado se hace encontrar el origen de un símbolo que lo acompañaría de por vida: el silbato, que le hizo acreedor de la parte de vientos de la sinfonía del fondo de Riazor.

«No se sacó la camiseta el Depor en diez años», dicen sus allegados. Se había convertido en una segunda piel, del mismo modo que nadie imagino a Spiderman o Batman con o un traje de faena diferente. Para muchos, Virutas era un elemento atemporal más de los mejores de sus vidas, y su recuerdo no puede ser otro que con esa camiseta imborrable en el álbum de fotos de toda su vida, ya sea acompañado de Bebeto, Fernando Vázquez o cualquiera al que le tocara animar desde el fondo. Jamás salió una mala palabra desde allí al césped. Como dicen los que de verdad aman a un club, éste está por encima de quienes pasen por él, lo hagan mejor o peor.

Ni siquiera la marcha de Virutas hace que los apellidos Barbeito Santalla dejen de rezumar deportivismo por la geografía patria. En el más estricto sentido de la palabra. Semanalmente, su hermano Carlos, desde Ibiza, pronostica en Radio Marca Coruña un triunfo del Depor y el Depor ABANCA por idéntico marcador: 3-0. Virutas, además, ha dejado la misma semilla que en su día sembró su padre, y su pequeño Lucas seguirá los mismos pasos. Definitivamente, hay algo en el ADN con un código blanquiazul.

El pasado domingo, la grada que durante décadas compartió, animó, disfrutó, lloró y, sobre todo, pasó los días a su lado, iba a rendir homenaje a Virutas. El destino quiso que el partido se suspendiera, y Riazor quedase guardando una semana de silencio, como apagada sin el sonido de su clásico silbato. La visita del Real Unión servirá, esta vez sí, como homenaje a su Virutas, pancarta y bandera incluidas, bajo el lema ‘tu silbato nunca va a dejar de sonar, esto es lo bonito’. Y como a él gustaría, con el fútbol como telón de fondo para una reunión festiva entre amigos, de celebración del hecho de ser deportivista, pero solamente con lo bueno que eso conlleva.

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