Analizar la estadística arbitral es curioso, aún con todos los matices que puedan aplicarse, casi todos ellos justificables

En el fútbol gallego, y desde hace años, hay un colegiado asociado a la polémica: Rubén Extremadura Hernández. Cierto es que su época de desenfreno, que tuviera el corolario en aquel Laracha-As Pontes (01/03/2015), se moderó y hoy es uno más dentro del colectivo de la quinta categoría. Este año, otro que no le hizo ascos al frenesí admonitorio, con resultado de expulsiones, fue Rodrigo García Gómez, a quien si se le junta el At. Arnoia, equipo más sancionado de la 3ª RFEF gallega, y el campo de A Queixeira, parece estimularse llevando la mano al bolsillo, alcanzar a Jesús López Fernández y liderar la clasificación del más más tarjetero de la temporada en el grupo (7,44 tarjetas por partido, en ambos casos).

Por hacer símil bélico, su profusión equivaldría a las bombas de racimo. Pero también está el sigiloso, el que se contiene, hasta que estalla con acciones selectivas, un francotirador que no deja amarillas acumuladas. En ese caso hemos de referirnos al vigués David Iglesias Melón. Genética arbitral, con peso y pose, pues es vástago de Fernando, el segundo presidente derrocado por la base en los cien años de historia del arbitraje gallego. David no suele dejar prisioneros en sus juicios. De las 29 veces que la tarjeta ha salido de su pecho, en siete se ha llevado a alguien por delante (24%).

David Iglesias Melón. Foto (c) RFGF

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